Inicio > MOIR > Publicaciones > Resistencia Civil > Internacional > La vigencia histórica del marxismo

La vigencia histórica del marxismo

    EL MARXISMO AUTÉNTICO ES ANTICOLONIALISTA

    Si en algún punto habremos de poner la palanca de nuestra propaganda para remover toda la bazofia del revisionismo contemporáneo, ese será el de la cuestión nacional. El estilista de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 y de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte también dilucidó la contradicción y la identidad existentes entre la índole internacionalista de la brega del proletariado y los contornos nacionales que ésta tendrá que poseer necesariamente.

    LA REGRESIÓN DE LA UNIÓN SOVIÉTICA Y SUS REPERCUSIONES

    Ahora, y para hacernos a una idea global de las vicisitudes del marxismo, describamos la última y más trascendente reubicación de las fichas en el tablero internacional, la cuarta en la tabla cronológica de las modificaciones notables, que afecta, acaso como ninguna otra, a la lucha del proletariado. De la segunda conflagración queda un panorama destinado a desvertebrarse muy pronto: además de la URSS, que acaba revitalizada no obstante sus inenarrables sacrificios, se liberan Polonia, Hungría, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Albania, Yugoslavia y Alemania Democrática, en Europa; y China, el Norte de Corea y el Norte de Viet Nam, en Asia, articulándose lo que se bautizó el "campo socialista". En cuanto al club de los imperialismos, Estados Unidos emerge preponderante, indisputado y solvente, hasta el punto de que, ante el colapso de las otras potencias, se permite el lujo de financiar la reparación de la Europa humeante y asolada. En lo atinente a los pueblos avasallados, aunque muchos consiguen la república, la independencia política y otras de las libertades formales burguesas, continúan aherrojados bajo la rapiña económica de las metrópolis, primordialmente la norteamericana, o sea, generalízase el neocolonialismo como la modalidad preferida del desvalijamiento internacional. A las dos décadas comienzan a insinuarse unos vuelcos de una monta y de una incidencia inesperadas, que hoy, al cumplirse el centenario de la desaparición corporal de Marx, se divisan con toda nitidez y plenitud.

    CAMBIOS EN LA DISTRIBUCIÓN MUNDIAL DE FUERZAS

    Atrás dejamos establecido que a Marx y a su amigo Engels les tocó actuar en un momento en que, aun cuando el proletariado ya intentaba sus duelos contra sus contrincantes, no habían culminado las revoluciones burguesas y a aquél le aguardaba todavía un largo proceso de paciente preparación; su hora no sonaba aún y sus opugnadores llevaban la batuta y estampaban la firma a los acontecimientos. En eso yacía el rasgo sobresaliente de la situación histórica. Las fuerzas a nivel internacional se realinderaban según la entidad y el peso de los distintos países y de sus correlativos sectores dominantes, entre los que descollaban la Santa Rusia como el fortín de la reacción europea y la cerrada mancomunación de los intereses burgueses, contra la clase asalariada, que no hacían factible el triunfo obrero en una nación, sin un estallido general, el cual nunca se dio. Tales circunstancias condicionaban las perspectivas y el batallar revolucionarios. Abundan las referencias de ambos estrategas al respecto, subrayando los peligros del despotismo ruso, exhortando a golpear en el sitio y en el instante en que éste estuviera impedido para proceder, sin concederle gratuitas o innecesarias ganancias, y llamando a la unidad de los trabajadores del globo. "¡Proletarios de todos los países, uníos!", como que era su consigna. La democracia de entonces liberaba a las naciones grandes de la Europa Occidental y se oponía acérrimamente al zarismo, que en procura de sus torvos propósitos, derrumbaba por doquier los manes del progreso, e impedía las aspiraciones nacionales de los pueblos pequeños y atrasados. En su itinerario obligado, la causa obrera internacional estaba compelida a brindar su concurso a las burguesías más osadas, alertando sobre el engaño de los movimientos que, como el paneslavismo, no eran más que mascarones de proa del oscurantismo ruso, y precisándose a sí misma que la instalación de la república y la obtención de los derechos democráticos le proporcionaría, nada más, pero tampoco nada menos, que el terreno ideal para su gesta libertaria, la cual exige la abolición completa de la explotación capitalista.

    LAS ENSEÑANZAS SOBRE LA TÁCTICA

    Marx, el más glorioso apologista de la Comuna de París, mediante una certera apreciación de las trayectorias de las revoluciones, redondea la táctica a la que han de atenerse los obreros a fin de organizar y preparar sus contingentes y vencer en las contiendas por su emancipación de clase. Aunque no renuncia a las posibilidades de un derrocamiento pacífico de la minoría opresora en condiciones muy excepcionales, aconseja emplear la violencia para destruir la vieja máquina estatal e instaurar y mantener la nueva. No obstante, el blandir los instrumentos propiamente insurreccionales depende igualmente de factores económicos y políticos que en un momento preciso precipitan los levantamientos, y no de los deseos y caprichos de la vanguardia. Hay días subversivos y revolucionarios que equivalen y concentran años y decenios de ricos y rápidos sucesos, al igual que hay decenios tan pobres y lentos en que apenas si transcurren días de historia. De esta sencilla pero penetrante observación el activista de la revolución de 1848 concluye las pautas para distinguir la modalidad de pelea que preferirán los paladines proletarios en las distintas eventualidades. La mudanza de las cosas ocurre por intermedio de pausadas evoluciones seguidas de saltos bruscos, y ambas secuencias conllevan su importancia y se complementan recíprocamente. Durante los períodos apacibles se debe elevar la conciencia, acrecer la fuerza y ejercitar la capacidad combativa de los trabajadores, para que cuando lleguen las coyunturas de insurgencia no se les escapen por falta de la madurez y de la pericia necesarias. Pero como las masas no se educan más que con las lecciones de la experiencia práctica, el aprendizaje habrán de acometerlo interviniendo en los enfrentamientos de clase. La acción política es el medio y las reivindicaciones democráticas arrancadas al enemigo las espadas que convertirán a los noveles en expertos gladiadores. Por eso el fundador de la Internacional, fuera de que fustiga con denuedo a Bakunin y demás anarquistas por inducir a las mayorías apaleadas al total abstencionismo, degradándolas moralmente, embruteciéndolas aún más, entregándolas cual mansos rebaños a la demagógica influencia de los portavoces del capitalismo, reprueba firmemente toda, aventura que eche a pique en un instante lo cosechado con pacientes esfuerzos, les otorgue fáciles ventajas a los expoliadores y converja en la liquidación del movimiento. Y Marx no fue el teórico que se imaginan muchos, enclaustrado la existencia entera en su biblioteca y sustraído del acaecer cotidiano. Le tocó, a la inversa, inflamar en no pocas ocasiones el ánimo bizarro de los obreros en campaña, o incluso acudir solidariamente en socorro de alguna jornada perdida, como cuando, después de haber prevenido al proletariado francés respecto a un alzamiento extemporáneo, y una vez desatado, se levantó en su respaldo, considerándolo un mal menor frente a una capitulación sin combate, y escribiendo la más hermosa página sobre el primer ejemplo vivo en el mundo de un gobierno, aunque efímero, de los asalariados, la Comuna de París.

    UNA GUIA PARA LA ACCION

    Editorial escrito por Francisco Mosquera y publicado en Tribuna Roja N' 45 de marzo de 1983. Al cumplirse el 14 de marzo cien años de la muerte en Londres de Carlos Marx, el Partido decidió valerse de la conmemoración para estudiar y difundir los hallazgos del genial alemán, cuyo sistema de pensamiento, designado honoríficamente con su nombre, alumbra la lucha emancipadora del proletariado. Con tal motivo se constituyó una comisión para que coordinara las múltiples actividades con que celebramos la efemérides. Entre las orientaciones impartidas por el Comité Ejecutivo Central se destacó la de no limitar la campaña educativa a los textos de Marx y Engels, sino ampliarla y sustentarla con los acopios posteriores de sus principales discípulos, Lenin, Stalin y Mao. Recomendación pertinente, pues se trata es de remarcar la trascendencia del marxismo. ¿Y de qué modo mejor que el de empezar por reconocer los reportes sobre los magnos transformadores sociales que debieron sus éxitos al rigor con que interpretaron las instrucciones de aquéllos y a la lealtad con que los defendieron?

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
Siga a Jorge Enrique Robledo en Twitter
  • Imágenes
  • Videos
  • Audios
  • Todas
  • Todos
  • Todos

  • Suscríbase a la lista del PDA-MOIR

    Comunidades del MOIR

    POR LA SOBERANIA, EL TRABAJO Y LA PRODUCCION ¡RESISTENCIA CIVIL!
    Sede Nacional : Carrera 24 No. 27-25 Bogotá Colombia - Teléfono: (57 1) 245 7126.

    Seguir la vida del sitio