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1,2,3, LA PANDILLA, OTRA VEZ

Cuento de Jaime Moreno García, Bogotá, mayo 19 de 2009

Sí, cuando inicié la carrera en la universidad, me encarreté con los negocios; como buen paisa me solazaba con la platica. Vendía de todo. Le sacaba un gustico especial al metálico. Nuestra vida transcurrió en el Valle de Aburrá. ¿El Ubérrimo? Esa finquita fue la niña bonita de mi padre. La hacienda representó la filosofía de mi viejo para buscar la prosperidad, la abundancia y la riqueza. Y ese amor infinito por los caballos. De él aprendí que los caballos ocupan el primer lugar en nuestras vidas. Incluso por encima de los humanos. Son hermosos, dóciles, obedientes, inteligentes y por sobretodo serviciales. Ojalá la población del páis fuera de equinos o por lo menos miti-miti. Administrar una finca con caballos es una verdadera delicia. Yo soy buen chalán, buen domador, les tensiono la rienda, los espueleo y los domo a mi manera. Pero... espere, no se adelante a lo que voy a contarle. La hacienda era pequeña, pero la fuimos agrandando hasta terminar en una finquita de casi dos mil hectáreas. Para nosotros, al principio, fue una desgracia, porque los bandidos de La Far nos creían terratenientes y nos agredieron con sus delitos varias veces. No crea, yo también hice parte de pandillas juveniles en el colegio y hasta en la U. Pero era otro estilo, otra forma de actuar, más como rebeldía contra las imposiciones del colegio y de la familia. Los muchachos del barrio armamos una pandilla, para defendernos de los fascinerosos que bajaban de las comunas. A la nuestra le pusimos un nombre enredado que tomamos de las iniciales de los nombres y apellidos de quienes se metieron a ella. La bautizamos "Lasauc", que eran las iniciales de Luis, Alvaro, Santiago, Arias, Uribe y Castaño. Ese tropel nació fuerte y así nos mantuvimos hasta terminar nuestras carreras. Hoy seguimos casi todos, unos en mi gobierno, otros como empresarios prósperos y la mayoría en la cárcel, porque en este país como dijo mi paisano Cochise, se muere más gente de envidia que de cáncer. El proyecto de tomarnos el poder nació después de la muerte de mi viejito y del gobierno "caguanero". ¿Qué es eso? El gobierno de un godito que le entregó a la otra pandilla casi medio país, dizque para hacer la paz. Pero nuestra pandilla ha creído que la paz solo puede hacerse a plomo, hasta que logremos arrodillar a los bandidos terroristas que contradicen nuestro pensamiento y nuestros objetivos. Primero nos apoderamos de la ciudad, después del departamento y al final del país entero. "Lasauc" creció y se regó como polvora por todo el país. Empezamos a recibir solicitudes de los ricos, de los empresarios, de los militares, de muchos inversionistas extranjeros. La pandilla progresó tanto que nos convertimos en un verdadero ejército. Y empezamos a ofrecerle seguridad a los finqueros, a los banqueros, a la iglesia y todos aportaban grandes capitales. Lo malo es que quienes más utilizaron nuestros servicios fueros los narcos y terminaron tomándose el proyecto. No hemos podido quitarnos ese piano de encima y por eso mis compañeros de lucha padecen los encarcelamientos. Yo sé que esa marca "Lasauc" es difícil hasta de pronunciar y más a los paisas a quienes se nos dificulta pronunciar la C. La gente la llamá simplemente "Lasaú". Castaño que era el estandarte de la sigla, se molestó porque dijo que al no obligar a la gente a pronunciar la "c" lo sacábamos del proyecto, pero le explicamos cuál había sido el motivo y como también era paisa, de por allá de Urabá, entendió y dijo que al fin y al cabo el nombre era lo de menos, que lo importante era que el grupo defendiera su territorio, sus familias y sus bienes y así funcionó. Ya con el tiempo y en el gobierno, el pueblo se refiere a nosotros como "Laú". Como le decía, en los inicios fue pura recocha. Nos identificábamos en los vestidos, los zapatos, el peinado, pero yo les advertí que a mi me dejarán quietico con el peinado de seminarista, pues mi padre nos acostumbró a peluquearnos cada quince días, estuvieramos mechudos o nó. Y tampoco quise utilizar los uniformes militares, no obstante que eran de los genuinos que nos suministraba el ejército. En los albores de nuestra existencia de parceros, la pandillita ejecutó acciones de jovencitos adolescentes, pilluelos, bromistas, conquistadores de las muchachitas de otros barrios. Pero, para mostrar el poderío de nuestra incipiente bandita juvenil, nos engalanábamos con cadenas, con cinturones anchos llenos de broches y nos distinguíamos por la indumentaria de color negro. Esa indumentaria nos la propuso monseñor Builes que deseaba que a toda hora nos vistiéramos de negro, tal vez para que le guardáramos luto a tanto muerto que producía la violencia que a él le llenaba de santa satisfacción, porque por lo general los muertos no eran de su bandería, sino de sus contradictores, los ateos, los descreídos bolcheviques. Nos poníamos balacas o pañueletas en la cabeza y usábamos toda clase de indumentaria como las de los chicos malos de las calles de Nueva York. ¿Recuerda West Side Story? Ah, bueno, más o menos así. Hicímos maldades, algunas inofensivas, pero algunas otras un poco graves: rompíamos ventanales, golpeábamos a los novios de las chicas a las que cualquier miembro de "Lasaú" aspiraba a conquistar, entrábamos a las tiendas y pedíamos aguardiente, con la intención de tumbar al tendero y cuando este nos decía: ¡Oigan muchachos, ¿quien responde por la cuenta?! Su madrecita, le decíamos y volábamos a escondernos y si el osado persistía en el cobro, lo encendíamos a cadena y alguno de mis compinches hasta le chuzaba las piernas con los compaces de geometría que usábamos en el colegio. Nos moríamos de la risa. En la universidad nos metimos en todo. Hasta en la izquierda. Allá conocimos al primo de Escobar, el patrón. Nos rogó que lo metieramos a la bandita. ¿El hermano del preso? Ese se metió a buscar acuerdos con la otra pandilla, la enemiga y fracasó. Ahora lo tengo de ministro... En la justicia. Si, con un hermano preso, pero eso a mi no me importa, si al fin y al cabo más del 70 por ciento de mi gobierno tiene cuentas pendientes con la justicia. El primo hermano del patrón nos hacía charlas de su filosofía, de la de su primo y de cómo hacer mucho dinero sin trabajar. Al comienzo me opuse a ese pensamiento, porque si algo tengo yo en la vida es esta maldita adicción a trabajar, trabajar y trabajar. Los fundadores y los adherentes siguieron conmigo y en los dos gobiernos han hecho parte de mi staff. ¿Estafadores? No sea maledicente. En inglés significa colaboradores, auxiliares de un proyecto. En la U éramos tres de la bandita: Yo (el burro adelante), mi primo y mi hermano y ambos me han guardado la espalda siempre. Mi hermano, como adusto feligrés del catolicismo, le ha gustado mucho la teoría de los doce apóstoles y ha luchado por imponerla, así sea a la fuerza, primero con los peones de su finca y después con los adherentes al proyecto. En cambio, a mi primo le gustan mucho, pero mucho es mucho, los negocios de tierras. Dicen que cuando era bebé comía tierra y así se quedó hasta llegar a adulto y se ha comido toda la tierra que los de mi bandita le quitaron al que le veían cara de ser amigo de La Far. Lo han metido entre los palos por ponerse a comprar tierras baratas a los "paras", de esas que les confiscaron a los desplazados. ¿"Lafar"? Es y ha sido la pandilla enemiga de nuestro proyecto. Es decir, nuestro dolor de cabeza. Es como si fueran un forúnculo en la punta del pipí. Estos bandidos se dedicaron a perseguir a mi familia y a mis amigos y han logrado darnos de baja a varios parceros que defienden nuestros ideales y los del patrón. Siempre los califiqué de bandidos terroristas. Si, se llaman Farc, pero como a mis paisanos y a mí nos cuesta demasiado trabajo pronunciar la c, la x y la g, como ya le dije, preferimos mencionarlos meramente como "Lafar". Dicen que son marxistas y leninistas, pero en la U les decíamos que marxistas, porque habían nacido en marzo y leninistas porque seguían la música de Lennon. Y nos trenzábamos a cadena, chuzo y trompada limpia. Nunca pude con ellos y por eso cometieron los peores crímenes contra mi familia. Es que "lafar" se dedicó a secuestrar, extorsionar, vacunar y matar sin discriminación, dizque para financiar una supuesta revolución para que el país se convirtiera al socialismo. ¡Pura mierda de esos terroristas! En cambio, los mios se dedicaron a otras actividades que dejaban mucho dinero. Y cuando "lafar" se enteraron de que los mios ganaban más, a los bandidos les dio por meterse al negocio y cuando la competencia es desleal, la guerra no se hace esperar. ¿La muerte de mi padre? Mi viejito, por aquello de su queridura hacia los caballos, por su afición a los equinos, era muy amigo de los caballistas del Ocho. ¿Los del ocho? Fueron muy famosos entre los que prefieren una tumba en mi patria adorada a un carcelazo en los panópticos de los gringos. Con ayuda del filósofo pariente del gran jefe y asesor de nuestra bandita, se entregaron y pagaron poquita cárcel y salieron a seguir en sus andanzas. ¿El Ocho? Sí, así se llamaba su hacienda y sus restaurantes. Pero los muchachos de esa familia, a pesar de que los caballos y las fincas les producían demasiadas ganancias, por insinuación del quinto hombre más rico de la humanidad, primo de mi filósofo, terminaron metidos en ese negocito que finalmente fue su destrucción. ¿Destrucción definitiva? No, algunos de mis parceros continuaron el negocio, más disimulados, menos ostentosos, pero creo que sumadas sus riquezas ya deben estar si no en el segundo lugar, si, talvez, en el tercero de los multimillonarios. Pero es gente de buenos sentimientos y nos han ayudado a financiar este proyecto. A mi padre lo invitaron un día a que conociera un laboratorio inmenso, por allá en la selva, a ver si lo entuasiasmaban a invertir en ese producto que siempre ha sido "pulpíto". Pero el viejo era muy miedoso y le dio culillo, no obstante que el complejo productor de la "merca" se llamaba "El Edén tranquilo", él se puso nervioso. Pero lo metieron en eso y allá llegó en el helicóptero de uno de esos que después financió mi campaña para gobernador, para senado y para este proyecto presidencial que ya va para largo y que yo ni sé cuándo terminará, porque me esta dando miedo salirme de esta vaina, no va y sea, que el juez Garzón de España o algún huevo loco de esas cortes internacionales se las quiera tirar de chistoso y me apliquen el rasero que utilizaron para perseguir a ese gran hombre que fue Pinochet. Y "lafar" se enteró de ese viaje de mi viejito y lo secuestraron y me lo mataron. Imagínese usted. Matar a mi padre, a mi ejemplo, a mi lider, a la razón de mi ser, a mi viejito, quien siempre apoyó todas mis ilusiones y todos mis proyectos. Cómo se hubiera relamido con mi exito presidencial. Él siempre quiso que yo llegara a lo que llamaba El Solio de Bolivar, a la Dirección de Mi patria, como el decía. No los perdonaré jamás. En la lucha de pandillas no hay reconciliación, no hay acuerdos humanitarios, ni nada por el estilo. O se someten a lo que les propongo o plomo es lo que les voy a dar, hasta extinguirlos, así me toque reformar eternamente la constitución política de mi patria adorada. Pero hasta que no acabe al último de esos bandidos, seguiré buscando que mis compatriotas apoyen mi reelección. ¿Liberal? Claro, liberal manchesteriano decía el profesor Gaviria, el de la oposición a mi proyecto. Ese profe es como de una ideología extranjerizante. ¿Por qué se sorprende que sea liberal? ¿No lo parezco? ¿Por qué lo dice? ¿De verdad, no parezco liberal? Muchos en este país también hacen alarde de serlo y no lo parecen. ¿O usted cree que los Turbay, los López o los Samper, lo son? Bueno, amigo, la verdad-verdad, es que me metí al partido liberal por mero joder. Porque a mí esos liberales "rabacholos" como les dicen, son ateos, no creen en un ser superior, esos me dan urticaria. Yo he sido muy devoto de la religión porque así me lo inculcó mi padre que pasaba por frente a una iglesia o a una imágen y se persignaba. Es que los liberales joden mucho con el embeleco de la libertad, de la democracia, de la igualdad y del tal Estado Social de Derecho. Esas jodas me producen salpullido. En el liberalismo me fue bien: me nombraron gobernador, Director de la aeronáutica, salí concejal, diputado y hasta senador. En la gobernación me alié con muchos personajes y estructuré la venganza de la muerte de mi padre. Fascinerosos de todos los pelambres me propusieron que armáramos un plan para defendernos y se me ocurrió crear unas cooperativas. Y allí se metieron todos y empezó la destrucción de la otra pandilla. Claro, a veces, en estos proyectos, hay que barrer la maleza de los lados y se cometieron toda clase de abusos contra la gente, que a lo mejor murieron y nunca se enteraron cuál fue el motivo de su desaparecimiento. Pero todo vale para cobrar una deuda de honor. ¿Pedro Juan? El Pedro Juán era un guerrero de verdad. Yo le decía que el debió reencarnar de algún legionario de las cruzadas o de algún determinador de la inquisición y ni siquiera se reía, porque ni sentido del humor tenía, como yo, que a veces trato de reirme por mera hipocrecía. Si, el Pedro Juán se accidentó. Así se llaman estas calamidades. El viejo sabía mucho de mis andanzas y de los nuestros y cuando se convierten en piedras en los zapatos de quienes llevamos adelante un proyecto, los accidentes son inesperados. ¿Los trabajadores? Yo quiero a los mios, a los demás me cuesta trabajo. Como senador les dí su merecido, por ser proclives a la otra pandilla. ¡Claro! Les quité tanto beneficio laboral que solo le servía a la holgazanería y cuanta joda le arrancaron los sindicalistas a mis amigos los empresarios, porque esos abalorios, como les decía el presidente López, impedían la inversión extranjera. Dicen que no me quieren, pero a mí que me importa. Con que me quiera el ejército, la policía, los paramilitares, la mechuda, tazmania, Job, JOG, Castaño, cuchillo, el italiano, el baez, el cuarenta, el doble cero, monoleche, y todos los alias, me siento contento. Ah, claro, el poder de la pandilla es tan efectivo que hice nombrar fiscal a un tipito melifluo que fue viceministro, procurador a un monseñor en cierne, que ha hecho guardia conmigo en los caballeros del Santo Sepulcro los primeros viernes. Ese es un bendito que absuelve todo lo que me perjudique y tenga que ver conmigo. Y las Cortes, menos la suprema, son cortesanas y en mucho o poco me han ayudado aceptando que la Constitución Política se reforme o modifique para mi solito. Yo sé que esas continuaran aprobando mis proyectos. Ya les di participación a todos los corruptos y a los indelicados y están felices con el poder que tienen. El procurador absolvió a mis dos ministros que por culiprontos y dejar huellas, los encartaron con la tal Yidis, una viejita que mientras le compramos el votico para mi segunda reelección le decíamos doctora. Hoy le decimos "la Yidis", porque para nosotros no es más que una aprendiz de meretriz. El filósofo es mi asesor, el que estructura las tesis, a veces alrevesadas, malintencionadas. Cuando ganamos la primera elección, entró al palacio y grito. "¡La pandilla se puso en pie y ha echado a andar!" Dijo que esa frase era una mezcla del pensamiento chino y el cubano. Él siempre ha confundido las ideologías que dominan el mundo. Pero yo lo dejo que haga y deshaga, porque el hombre vive medio fracasado por lo de su primo muerto. Es que el maricón que gobernaba, lo mandó cazar como a un marrano zaíno, utilizando inclusive a nuestros amigos los militares. Sí, yo soy conciente que al primo de mi filósofo se le fue la mano en maldades. Cuando la primera reelección, mi asesor, grito: "¡No hay primera, sin segunda. El que es caballero repite!" Para la tercera, me lo imagino escribiendo en una columnita que le dieron los gacetilleros de nuestro proyecto: 1,2,3, la pandilla, otra vez. ¿La tercera? ¿Usted de dónde es? Ah, ¿no es de aquí? Porque no estudia primero la historia de su país y me deja quietica la democracia de mi patria. ¿Se molestó? Me importa un culo. La verdad es que cuando se meten en mis intimidades, me transformo en pantera. Por eso el que nos dio gran apoyo para la tercera y que estaba en negocios con mis polluelos para un canal de televisión, lo mandé agarrar por allá en Panamá y ahí lo tengo comiendo en la artesa de los marranos. La tercera, por la que usted pregunta, está plenamente financiada. Como no lo iba a estar, si el del robo a un departamento que es parte de mi querida tierra paisa, le metió alma, vida y corazón. No hay segunda sin tercera y además con el resto de la pandilla, el de los falsos positivos, el presidente del senado que financió su elección con préstamos de una pandillita que logró hurtarse los dineros de los pensionados y todos los que reemplazaron al 60% de los parapolíticos presos, ellos me llevarán el palio para la tercera. Mis hijitos aprendieron como se hace plata, y he tratado de alejarlos lo más que puedo de esta vaina, pero ellos insisten. Creo que el doctor Lambona los tiene aleccionados y terminaron involucrados en un escándalo de enriquecimiento ilícito, pero a mí la moral y la ética, me la paso por el sistema nervioso. Esas tesis moralistas no pegaron en mi corazón ni en el de mi familia. A todos los que están presos por parapolítica, antes de que los encartaran en las investigaciones, les dije: Voten la reelección, antes de que los metan a la cárcel. A ver, grite conmigo: 1,2,3, la pandilla, otra vez.

Anónimo - 2009-05-19 18:07:48

Eso es historia de Colombia contemporanea. Cualquier párecido con la realidad no es mera coincidencia.

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