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A la memoria de Pedro Pablo Rojas Layton

Gustavo Adolfo Quesada Vanegas, Bogotá, septiembre 21 de 2015

Decimos adiós a Pedro Pablo Rojas. Lo primero que hay que decir es que él insistió en varias ocasiones que la bandera del MOIR debía presidir sus honras fúnebres. Los ritos de la muerte y los símbolos de identidad que escogemos para acompañarla, son el más claro indicativo de quiénes somos, de cómo nos comprendimos en la vida, de qué fue lo esencial para nosotros, no importando que por los avatares de la política y de la vida en ocasiones aplacemos estas definiciones y nos hagamos transitoriamente a un lado, para retomarlas con más fuerza en el futuro.

Pedro Pablo, fue un poeta y pintor, quizá demasiado discreto con su obra, periodista que desde la radio entraba todos los domingos a los hogares de los maestros y de los intelectuales llevando un mensaje de rebeldía y de arte, dirigente sindical del magisterio, fue ante todo un hombre de partido. Incorporado a la política desde los 70 del siglo XX, transitando como muchos los diversos caminos que aparecían como alternativas ante la juventud, haciendo política solo o más tarde con los Comités Democráticos Populares y Revolucionarios, no tardó en visualizar, al lado de un amplio grupo de jóvenes que habían optado por el maoísmo, que Francisco Mosquera, el más lúcido hombre de esta coyuntura y sin duda de muchas generaciones de colombianos, desde los 60 venía indicando con precisión y tesón cuáles eran los caminos de la revolución en Colombia. Fue consecuente con la comprensión del mensaje y a partir de 1978 fue uno más de los “fogoneros de la revolución” entre la juventud, en los barrios, en las publicaciones y más adelante en el magisterio ya fuera en las aulas de clase o en las complejas luchas sindicales.

Un hombre de partido es aquel que conscientemente decide asumir un programa, para nuestro caso revolucionario, el del MOIR, y adecúa todas sus otras dimensiones y perspectivas, a las necesidades organizativas y políticas del programa y el partido. Y eso fue Pedro Pablo: un hombre de partido. Últimamente desde Cedetrabajo y la revista Deslinde desplegó su creatividad en ensayos lúcidos de los cuales solo mencionamos uno que pone de manifiesto su talante crítico y que recomendamos a todos para su lectura: “Intelectuales que apoyan a Santos: ¿Cuándo vuelven de Siracusa? (Deslinde N0 56, pp. 48-50). Para un hombre de partido, un camarada es su alter ego, alguien que lo acompaña, que no lo deja desfallecer, que lo ayuda a permanecer en el camino, que le da su cobertura, y le tiende su mano. La camaradería es una forma de amistad más alta, tal vez la más depurada de las amistades: la amistad entre combatientes, entre quienes se mueven por la misma causa. Cuando muere un camarada algo nuestro muere con él, pero también algo nace. Un modelo de vida engendra necesariamente a quienes van a continuar la brega. Por eso rendimos tributo a la memoria de nuestros muertos. Son nuestros puntos de apoyo, nuestros modelos, nuestra fuente permanente de aprendizaje. Parodiando un poema de los ochenta repetimos en honor de Pedro Pablo: “Mas mi partido, ¡alegraos amigos camaradas!, tendrá cien retoños para cada muerte.”

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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