El bajonazo en las encuestas tiene corriendo al Presidente; sus asesores le inventaron una “vuelta a Colombia”, para que trate así de recomponer sus aspiraciones reeleccionistas.
El Meta y la Orinoquia poco tienen que agradecerle a esta administración. No nos olvidaremos con facilidad del raponazo a las regalías, golpe matrero a la inversión social y la infraestructura, agravado por el deterioro socio-ambiental causado. “Se llevan la pulpa y nos dejan el hueso”.
El Plan de desarrollo de Santos es amplia trocha para los “nuevos llaneros”, para quienes se diseñó un marco legal que legaliza el despojo de las tierras de la nueva frontera agrícola de nuestra altillanura. En un país caracterizado por la inequidad, se le “echa más leña a la hoguera”, prohijando la concentración de la tierra en unas pocas manos, lo cual seguramente no es ajeno a los sacrificios que en materia de violencia soportamos los colombianos de manera ya endémica.
Con la “doble calzada” a Bogotá, repagada a punta de peajes y regalías, se pretende, a pesar del raponazo, que se honren los compromisos; sobre cinismo, ese es un ejemplo paradigmático. Hace aprobar la llamada regla fiscal, que traducido al castellano significa pagarle a la banca internacional en el espíritu de “deber antes que vida”, así al grueso de la población se “la lleve el diablo” en materia de derechos sociales.
La aprobación del TLC, en medio de la enfermedad holandesa de la revaluación del peso, es un crimen contra la producción urbana y rural- lo dice un premio nobel de economía que tiene por qué decirlo- . Cacaoteros y cafeteros ya saben lo que significa bajar sus precios de cinco mil pesos a tres mil el kilo y de novecientos mil pesos la carga a menos de seiscientos mil, respectivamente. Ojalá no nos resulte Santos cobrando los precios altos del arroz, debidos más a los males ajenos que a los aciertos propios.
Pagamos la gasolina más cara del mundo, siendo exportadores de petróleo, no solo por la colonial política que implica la cacareada locomotora minero-energética, sino por el oligárquico componente que obliga a subsidiar a los magnates del azúcar y la palma, entroncados además con el capital financiero, rémora asfixiante que se traga lo que le pongan por delante.
Lo anterior nos indigna antes que alegrarnos por la anunciada visita de un presidente a estas tierras. Claro no faltarán los lameculos en primera fila aplaudiendo.
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