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A un año de la reapertura de "SES-Hospital de Caldas"

Manizales, 10 de noviembre de 2008

Hace poco más de un año se reabrió, con “bombos y platillos”, videos y discurso del demagogo de turno, Luís Felipe Rivas, el Hospital de Caldas, pero ya no como un hospital público, estatal y al servicio de todos los caldenses, sino como Servicios Especiales de Salud SES-Hospital de Caldas, es decir, con un cambio sustancial en su propiedad, dirección financiera, gestión económica, conducción académica y formas de funcionamiento y contratación de personal. Un “nuevo hospital” que tan solo conserva una parte de su nombre, pero que en esencia es totalmente diferente al viejo Hospital de Caldas- ESE. Hacer un poco de historia nos ha de servir para demostrar que el proceso de cambio, fue una mala decisión. En lugar de avanzar hacia la prestación universal de los servicios de salud, se logró su privatización.

Comencemos por señalar que en el momento del cierre, en junio de 2004, en medio de la euforia colectiva por el triunfo del Once Caldas, quienes mal gobernaban al departamento y la ciudad, Emilio Echeverri y Néstor Eugenio Ramírez, alegaron que: el cierre obedecía, de un lado, a la crisis financiera de la institución y, del otro, a que legalmente la prestación de servicios de salud de segundo y tercer nivel de complejidad era responsabilidad de los departamentos. Y al mismo tiempo, difundieron que la Alcaldía, la Gobernación y el Gobierno Nacional aportarían los recursos suficientes para atender las acreencias laborales y que, una vez cubierta esta obligación, se procedería a reestructurar la red hospitalaria y reabrir el hospital ya “saneado”. Que mientras tanto, se aplicaría un “plan de contingencia” por parte de la Dirección Territorial de Salud.

Pasados estos años, ¿qué es lo que tenemos? De un lado, más clínicas privadas prestando servicios de salud de tercer y cuarto nivel y del otro, los mismos hospitales, que antes eran estatales, el de Caldas-SES y el del liquidado Seguro Social, cumpliendo la misma función. O sea que siguieron prestando servicios de niveles superiores, pero ya no por cuenta del Estado sino de empresas mixtas o privadas. No había tal de que el “cierre obedecía a que los servicios de alta y mediana complejidad los tenía que prestar el departamento”. De lo que se trataba era de cerrar el Hospital de Caldas-ESE, acometer la construcción de nuevos edificios, la dotación de equipos y salas quirúrgicas avanzadas, liquidar el personal, y proseguir con los mismos e incluso nuevos servicios hospitalarios, pero ya no en manos de la alcaldía, sino de un prestador privado: SES.

En cuanto al saneamiento financiero, la verdad es que les pagaron, aunque a regañadientes, las acreencias laborales a los trabajadores, se abonó a algunos de los proveedores, se les descontó de los impuestos las “pérdidas al capital financiero”, pero las obligaciones pensionales siguen “vivitas y coleando” y sin saber quién las habrá de asumir en el futuro, porque la verdad es que el contrato realizado entre el Hospital de Caldas-ESE y SES, no garantiza ni siquiera el pago del canon de arrendamiento mensual de las instalaciones del Hospital.

Y en cuanto al “plan de contingencia”, sería mejor no tener que recordarle a los caldenses lo famoso que se hiciera Caldas en el país por el “Paseo de la Muerte”, esa oprobiosa política por medio de la cual decenas de coterráneos fueron a morir, por falta de atención, a ciudades como Honda, Cali, La Virginia, Pereira o Medellín.

El alcalde, el gobernador y el presidente Uribe, en el caso del cierre del Hospital de Caldas-ESE, actuaron de acuerdo con lo ordenado por el Banco Interamericano de Desarrollo BID, un banco del Gobierno de los Estados Unidos que, como bien lo señalará en su momento el Senador Jorge Robledo, avaló toda esta operación de “liquidación y en últimas de cierre de hospitales con un empréstito por 72 millones de dólares” y con una “contrapartida de 20 millones de dólares del gobierno nacional”. Un crédito del BID, “que apunta a liquidar la red pública hospitalaria” con el argumento de que “la crisis de salud en Colombia se explica porque la red está sobredimensionada y porque los trabajadores del sector ganan mucho”. Una política diseñada no para “estimular que los colombianos tengan más acceso a la salud sino para complicarles el acceso, no para que contemos con un personal respaldado como debiera ser, sino por el contrario debilitado”. Una política que nos impusieron desde Washington. Pero los asuntos no terminan ahí.

Arribar a la situación en que nos encontramos tiene múltiples causas. Pero la principal es el proceso de privatización que se inició con la Ley 10 de 1990, se afirmó en la Constitución de 1991 y tomó cuerpo con la Ley 100 de 1993 y con decenas de decretos reglamentarios. En el caso del Hospital de Caldas-ESE después de invertir más de 20 mil millones de pesos en la construcción de las nuevas instalaciones y la dotación de las mismas, el alcalde decidió suscribir un contrato para entregar a Servicios Especiales de Salud, SES, un híbrido jurídico de origen privado, la administración tanto económica como académica del hospital. Un análisis del contrato suscrito nos lleva a las conclusiones.

El convenio

Lo primero que hay que aclarar es que el Hospital que se reabrió no es el Hospital de Caldas ESE sino SES-Hospital de Caldas. Y es importante aclararlo porque mediante un convenio interadministrativo, celebrado entre Servicios Especiales de Salud SES (Entidad privada sin “animo de lucro” y el Hospital de Caldas-ESE y con base en una propuesta de SES, el municipio de Manizales, propietario del Hospital, le entregó a SES la administración y operación de todos los servicios asistenciales de salud de mediana y alta complejidad y demás actividades que por competencia le corresponden al Hospital de Caldas, todos los servicios de carácter administrativo que sean conexos, la prestación de servicios ambulatorios y el manejo de la internación de pacientes. También le entregó la concesión de la explotación de las instalaciones y los equipos de propiedad del Hospital de Caldas ESE a cambio de una remuneración.

Y además, una vez entregados todos los bienes muebles e inmuebles y el manejo económico del hospital, para la ejecución del convenio, el Hospital de Caldas-ESE se comprometió a garantizar -en todo caso, y ante la ausencia de recursos para la operación- el capital de trabajo necesario para el funcionamiento de SES-Hospital de Caldas Es decir, el Hospital, en este caso el municipio de Manizales, se obliga a suministrar los recursos para el funcionamiento de SES-Hospital de Caldas, si éste no da con que pagar sus gastos de funcionamiento.

SES, por lo demás, se reserva los derechos a establecer, con plena libertad y autonomía, las condiciones de administración del Hospital, autonomía que incluye la libertad en la admisión de pacientes, la fijación y el cobro de tarifas, el manejo y orientación de la política de contratación laboral, la suscripción de convenios médico-educativas con universidades públicas y privadas y el arrendamiento a terceros de los bienes tanto muebles como inmuebles que le fueron entregados en concesión.

Y a cambio SES, de los ingresos brutos de SES-Hospital de Caldas, tomará el 91.5% como contraprestación por la administración y operación de los servicios. El 2% de los mismos ingresos serán administrados por SES y tendrán como destino el fondo de reposición de equipos biomédicos y el 6.5% será para el Hospital de Caldas-ESE.

Sin embargo, lo anterior no se ha cumplido. Porque los ingresos reales de SES no permiten superar el mínimo pactado en el parágrafo segundo de la cláusula sexta del convenio, que señala que: SES garantizará al Hospital de Caldas ESE, a partir del 1 de septiembre de 2007 y mensualmente, por lo menos 323 SMLMV (148 millones 903 mil pesos), si no supera con el 6.5% de los ingresos brutos la cifra anotada. Y ni así SES ha cumplido. Según declaraciones del gerente del Hospital de Caldas ESE, SES adeuda seis meses al Hospital de Caldas.

Y la situación es más grave aun porque el nuevo hospital no solo no da, con que sostenerse, sino que tiene pérdidas acumuladas en el primer año por más de un mil 300 millones de pesos. Según la gerente de SES el hospital tiene ingresos mensuales por un mil 900 millones de pesos y egresos por dos mil 300 millones al mes. Un déficit promedio de 400 millones al mes. Y eso sin contar que está recibiendo subsidios del municipio de Manizales a través de Infimanizales. Se sabe por un informe presentado por Infimanizales al Concejo que este instituto le transfiere recursos a SES por 130 millones de pesos mensuales. Y todo lo anterior se hace después de que los gobiernos nacional y departamental y la alcaldía de Manizales, se confabularon para cerrar el viejo hospital, debido “a la crisis financiera de la institución”. No valieron las inversiones que hicieron por más de 20 mil millones de pesos.

El SES-Hospital de Caldas no sólo no da las utilidades proyectadas sino que, además, no alcanza a cubrir sus obligaciones. Recibe subsidios del Estado pero no atiende a quien no tenga con que pagarle el servicio. Por más esfuerzos que hagan los promotores de la privatización para ocultar la realidad, la verdad es que con todo y las reestructuraciones, el despido de personal, la contratación a través de cooperativas, el cobro de todos los servicios, el arriendo de sus instalaciones, la tercerización de muchos de los servicios que presta, la inversión en nuevas áreas de atención y el esquema de entrega a los privados para que lo administren y operen, el fracaso de la privatización de la Empresa Social del Estado, ESE, Hospital de Caldas, es evidente.

Y no podía ser de otra manera. En el negocio en que convirtieron la salud, las utilidades jugosas las hacen el capital financiero, las EPS y ARS. En este sistema, las entidades que prestan los servicios médicos y quirúrgicos, están presas de los monopolios financieros y sujetas a los negocios. Las necesidades de la red pública hospitalaria, -al menos en este caso- así esté entregada en concesión, no cuentan. Y las de los enfermos menos.

Sólo eliminando el sistema definido en la Ley 100 de 1993 es decir, acabando con la presencia del capital financiero privado en la salud, se podrá crear un nuevo esquema de salud que privilegie la financiación estatal de los hospitales, el carácter y la administración estatal de los mismos, y con ella, la atención a los enfermos, independiente de que tengan o no con que pagar. El tiempo y los hechos, que son tozudos, le dan la razón a quienes nos opusimos a la Ley 100.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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