Ante las opiniones expresadas en el Editorial del sábado 12 de junio, quisiera hacer los siguientes comentarios:
El ordenamiento legal colombiano permite abstenerse de votar, sin que ello signifique caer en la ilegalidad o en una acción contraria a la democracia, y mucho menos significa que ello sea negarse a participar. Es, simplemente, negarse a escoger, por el camino de no votar, a quien haya de dirigir los destinos de la nación. Y es una solución sensata, que muchos asumiremos el próximo 20 de junio, al comprobar que no hay por quién votar. También se puede aplicar, la misma solución, votando en blanco, anulando el voto o no marcando la tarjeta electoral. Cualquiera de las anteriores opciones puede ser escogida por los ciudadanos. Y ello no implica una posición ilegal o ajena a la lucha política, ni una actitud antidemocrática, como lo sugiere el hecho de que nos conminen a retirar el término Democrático del nombre de nuestro partido.
Al contrario, la ley, al permitir la abstención, -en Colombia no es obligatorio votar- facilita que cuando los ciudadanos no encuentren por quien votar entre los candidatos, se abstengan. ¿Por qué habrían de votar si quienes fungen de candidatos no los satisfacen con sus propuestas o, es más, son claramente contrarios a las ideas o propuestas de esos ciudadanos? ¿Por qué habrían de votar si no comparten los programas que los candidatos exponen y con los cuáles aspiran a gobernar? Es eso, precisamente, lo que llevó al Comité Ejecutivo Nacional del Polo Democrático Alternativo a proponerle a los colombianos, no votar por ninguno de los dos candidatos presidenciales.
Es posible también que miles de colombianos no voten, porque no tengan ningún interés o, si se quiere, porque no dispongan de mayor comprensión sobre los asuntos del Estado, o porque, simplemente, piensen que lo mismo da votar o no votar, si en el fondo nada ha de cambiar, al menos para ellos.
En nuestro caso, el del Polo Democrático Alternativo, la razón de la abstención es sencilla, no hay por quién votar, porque en el fondo, guardadas las elementales diferencias que los separan, los dos candidatos, representan el continuismo de la seguridad democrática de Uribe, de la confianza inversionista y de la llamada cohesión social. Ambos están comprometidos con la entrega del país al capital norteamericano, con la presencia de tropas militares en el sagrado territorio nacional y con los tratados de libre comercio. Ambos comparten que la economía siga siendo una economía al servicio del “libre mercado” y reiteran que lo que debe ser derecho de los colombianos, como la salud y la educación, no lo sean. En esas condiciones ¿por qué habríamos de votar por ellos? Afortunadamente existe la posibilidad democrática de abstenerse, de no marcar, de anular o de votar en blanco. Cualquiera sea la opción que escojan nuestros seguidores, al final se resume en no votar por ninguno de los dos candidatos de la oligarquía y el imperio.
Cordial saludo
Oscar Gutiérrez Reyes
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Tecnopol
- 2010-06-18 15:05:38
ramonf deje de crear falsas dicotomias las alternativas non son neoliberalismo o el modelo económico cubano, hay otras vías que incluso dentro del mismo capitalismo pueden ayudar a desarrollara al pais. |
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ramonf
- 2010-06-18 12:42:22
Si no entramos al libro comercio, entonces tendremos un país economicamente parecido a CUBA, y creo que a todos los Colombianos, sin incluir a los del POLO rechazamos esto.
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