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Actores y actrices deben tener derechos laborales: Jorge Enrique Robledo

Audiencia pública, “Mentiras conocidas, verdades por conocer”, Auditorio Luis Guillermo Vélez, 21 de agosto de 2014.

No es cierta la leyenda rosa que difunden las revistas de farándula, porque las condiciones laborales de actrices y actores son realmente inicuas. La protesta de los actores es justa y democrática. Ya existe la Asociación Colombiana de Actores, ACÁ. El TLC con Estados Unidos ataca el derecho al trabajo de los actores colombianos. La salida radica en mantener en todo tiempo la movilización democrática.

Empiezo por darles un saludo muy especial en mi nombre y en el del Polo Democrático Alternativo y registrar mi complacencia por estar con quienes, como ustedes, tanta alegría le han producido con su trabajo a este país y tantos afectos han creado entre los colombianos que les reconocemos sus esfuerzos como un aporte muy valioso al progreso de Colombia. Resaltar que estemos aquí congresistas de distintos partidos, con quienes podemos tener diferencias sobre otros temas, pero que hoy estamos unidos en la defensa de los propósitos que ustedes se vienen fijando.

Tres puntos quisiera mencionar muy brevemente. El primero, a mi juicio una gran ganancia de este esfuerzo hecho por la Asociación Colombiana de Actores, ACÁ, y es que se está poniendo en su sitio la leyenda rosa de que la vida de los artistas es de felicidad y que todo está perfecto. La verdad no se conoce, entre otras cosas porque las revistas de farándula, que son en buena medida las que le comunican a la gente estos asuntos, se centran apenas en unos cuantos casos particulares presentados de una cierta manera, y uno no puede negar que a algunos les va muy bien e incluso les puede ir de maravillas, pero no son los únicos que conforman el sector del arte y la cultura. Entonces que ustedes, con este esfuerzo que han venido haciendo y con la pequeña colaboración nuestra, sean capaces de demostrar que la leyenda rosa no es cierta, que hay unas condiciones laborales realmente inicuas, que el futuro del actor y de la actriz es tremendamente incierto, que cuestiones tan elementales como el derecho a la salud o a una pensión digna son posibilidades bien remotas para la casi totalidad de ustedes, ya el solo hecho de denunciarlo, es importante. Que cada uno de nosotros entienda mejor en qué país estamos sin duda es la base para cualquier trasformación democrática que nos propongamos.

Lo segundo en lo que quiero detenerme apunta a que nos ayudemos entre todos a convencer al resto de la sociedad que lo que se está haciendo aquí no solo es justo porque busca mejorar la vida de las personas, sino que es también un ejercicio democrático. Hay en Colombia una gran deformación. Mucha gente piensa que lo democrático solo tiene que ver con votar y que quien gana una elección queda con el derecho a hacer lo que se le antoje, como en la famosa historia de la pirinola. Y resulta que lo democrático está bastante lejos de ser solamente eso. (Hay, incluso, quienes piensan que lo democrático es poder intoxicar a los electores con mermelada). Pero lo democrático tiene que ver con el derecho a poderse expresar, a poderse organizar, a poderse movilizar, a poder reclamar, a poder protestar.

No es democrático un país que pierda estos derechos, así estén consagrados en todas las Constituciones, porque una cosa es que esté escrito y otra que se pueda ejercer. Un país que no lo entienda ignora lo que es lo democrático. Y quisiera resaltar este aspecto, porque suele ser tapado por los poderes establecidos. En la esencia de lo democrático está reconocer que los trabajadores deben gozar de derechos especiales, distintos a los del Código Civil y a los del Código de Comercio. Son los derechos del trabajo y por eso existen el Código Laboral y la justicia laboral. No es lo mismo ser patrón que ser trabajador. En casi todos los casos, la relación entre el trabajador y el patrón es tanto tan desigual que finalmente la patronal acaba imponiendo lo que se le dé la gana. Y en sectores como el de ustedes, cada vez más monopolizados y con el poder cada vez más concentrado, pues es más cierto todavía. Cuando cualquiera de ustedes, actor, guionista, director, se relaciona con su patrón, lo que hay es una desigualdad tremenda.

Y por esta realidad, las sociedades civilizadas, el mundo democrático, han venido consagrando como derechos ciudadanos ciertos derechos particulares para los trabajadores. El primero, el de organizarse. Parece necio decirlo, pero en Colombia a veces es más fácil armar una banda de asaltantes de bancos que fundar un sindicato. Y en ese sentido, me permito felicitarlos, porque ya tenemos la Asociación Colombiana de Actores, ACÁ, y es un paso muy importante. El segundo derecho, y este sí que es bien importante, es el de presentarle al patrón, no un contrato individual, sino propuestas generales, colectivas, lo que en la jerga del sindicalismo se conoce como pliego de peticiones o contratación colectiva. Parece exótico en el mundo de la cultura, pero no lo es. El sindicato de actores norteamericanos es ejemplar y lleva por lo menos un siglo actuando de una manera que en algo equipara la fuerza del capital y la fuerza del trabajo. Y está por supuesto el derecho a firmar contratos colectivos que no solo cubran a un individuo, sino a todo un sector y en sus distintas modalidades.

No menos democrático es el derecho a movilizarse y a luchar beligerantemente con toda dignidad. Porque está sabido que si el trabajo no logra movilizarse allí donde las fuerzas son tan desiguales, jamás será escuchado. Uno preferiría que fuera diferente, pero resulta que el mundo no lo inventamos nosotros ni empezamos a escribir sobre hojas en blanco, sino que son realidades que están allí y que debemos enfrentar. Y la movilización es la clave, les quiero llamar la atención, sin eso no hay nada. Creo que uno de los logros más bonitos que ustedes han materializado con este esfuerzo es volverlo una lucha colectiva. Aquí lo que hay es una movilización, y si logramos mantenerla en esta lógica de la movilización y el reclamo inteligente, combinando la lucha democrática con la actitud sensata, todo eso es lo que seguramente nos va a llevar al triunfo.

Hago votos entonces porque los patronos que controlan este sector entiendan que lo que ustedes están haciendo aquí es lo sensato, lo democrático, lo civilizado y que deben ellos asumir una actitud inteligente y entender que si bien tienen el derecho a defender sus intereses, la otra parte de la ecuación, sin la cual no hay industria de la cultura ni del cine ni de la televisión, también tiene derecho a organizarse y a exigir en su beneficio.

Concluyo muy brevemente comentando que en el caso de ustedes está hoy amenazado el propio derecho a la actividad profesional, en dos palabras, el derecho al trabajo. Lo que viene sucediendo con la globalización y los tratados de libre comercio obedece al propósito universal de Estados Unidos y de las grandes potencias de sustituir el trabajo nacional por el trabajo extranjero, es decir, por el de ellos. Y esto sí que es bien cierto cuando se trata de la industria del cine, la televisión y el espectáculo, donde por ejemplo Estados Unidos tiene un músculo absolutamente descomunal, tan desproporcionado que la Unión Europea está empezando a negociar un TLC con Estados Unidos, y lo primero que impuso el gobierno de Francia fue decir: no entra nuestra industria cultural en la negociación, queda excluida, de eso ni hablamos, señores gringos, ustedes no nos van a borrar del mapa la industria cultural francesa con las falacias del libre comercio y ese tipo de especulaciones que lo que hacen es ocultar tratos leoninos.

Como ya en Colombia viene sucediendo. El TLC con Estados Unidos no quedó negociado mal solo en los asuntos del agro y de la industria. También en los de ustedes. Y ahí estamos en medio de esa lucha por tema tan crucial como el de la cuota de pantalla. En el TLC se negoció mal la cuota de pantalla. Hoy en la televisión de los fines de semana lo gringo solo puede ser el 50% de la producción, y el TLC negoció 70%. Y la Ley Lleras 2.0 intentó ratificar ese 70% a favor de los gringos. Afortunadamente, la demandamos y ganamos la demanda en la Corte Constitucional, pero ya volvieron a presentar el proyecto. No se atrevieron a tramitarlo antes porque estábamos en días de elecciones, pero la amenaza está ahí viva. De ser aprobado, ustedes perderían automáticamente el 20% de su derecho a trabajar que tenga origen en la actividad del fin de semana. No es un asunto de poca monta.

Se abre además el camino para que el día de mañana, una adenda del TLC vuelva a aumentar la participación gringa. Esa es la política. Y si se termina imponiendo, ustedes van a perder unas oportunidades enormes. Pienso que debería ser tema que ustedes acogieran. Porque si esta batalla se pierde, al final se pierden todas, porque todo va a ser reemplazado por enlatados. Solo habrá unos escasos productos nacionales.

Por último insistirles en que cuenten con nosotros. Estoy seguro de que hablo en nombre de todos mis colegas, en nombre del Polo Democrático Alternativo. El país los quiere a ustedes, los admira, los respeta. No es una lucha fácil. Lo difícil apenas empieza. Pero estoy seguro de que va a ser posible que estos propósitos se pueden conseguir. Insistiría en que la salida radica en unirse, organizarse y mantener todo el tiempo la movilización democrática.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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