Con este título se acaba de publicar en español el último libro del historiador inglés, recientemente fallecido, Tony Judt. Crítico agudo de la sociedad de nuestro tiempo, Judt un socialdemócrata de tendencia izquierdista, que desarrolló buena parte de su labor pedagógica en un país, los Estados Unidos, donde cualquier veleidad en esa dirección es atacada con furia y acerbía por los poderosos sectores de la ultraderecha, tiene el valor de poner el dedo en las llagas purulentas de un sistema que se descompone a pasos acelerados. Sobre todo hace énfasis en los nefastos resultados sociales que han dejado la aplicación de los postulados neoliberales a las sociedades contemporáneas.
Leámoslo: “Hay algo profundamente erróneo en la forma que vivimos hoy. Durante treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda de beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo. Sabemos que cuestan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen.”
“El estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea no es inherente a la condición humana. Gran parte de lo que hoy nos parece ‘natural’ data de la década de 1980: la obsesión por la creación de riqueza, el culto a la privatización y el sector privado, las crecientes diferencias entre ricos y pobres. Y, sobre todo, la retórica que los acompaña: una admiración acrítica por los mercados no regulados, el desprecio por el sector público, la ilusión del crecimiento infinito.”
“No podemos seguir viviendo así. El pequeño crac de 2008 fue un recordatorio de que el capitalismo no regulado es el peor enemigo de sí mismo: más pronto o más tarde está abocado a ser presa de sus propios excesos y a volver a acudir al Estado para que lo rescate.”
Aunque hace una crítica certera de las causas que engendran la crisis que hoy agobia al sistema capitalista, Judt guarda la esperanza de que con adecuados mecanismos de control de parte del Estado sobre sus excesos –y aquí hace énfasis en la función de lo público–, pueda alcanzarse un cierto grado de estabilidad del sistema.
En un mundo donde todos los días se manifiestan, en hechos cada vez más graves, las lacras del culto al lucro, las privatizaciones y el sector privado…, las alternativas que se busquen tendrán que contemplar la función de la propiedad pública sobre sectores estratégicos de la sociedad.
El diagnóstico correcto de Judt, se diluye a lo largo del libro en la búsqueda de alternativas, según él, viables para la actual coyuntura. Vale la pena leerlo y reflexionar sobre él, especialmente para un país como el nuestro donde el desenfreno neoliberal, privatizador y connivente con las ambiciones del gran capital trasnacional, amenaza con descoyuntar la sociedad toda.
Sociedades como la colombiana, asediadas por la inseguridad, la violencia, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, la desprotección, el abandono y la falta de oportunidades para las mayorías, el egoísmo y la insolidaridad…tienen una oportunidad para discurrir sobre las causas y las soluciones de esas deformaciones sociales.
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