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Algunos argumentos para el debate Postelectoral del Polo

Oscar Gutiérrez Reyes, miembro de la Dirección Nacional Polo Democrático Alternativo, Manizales, noviembre 20 de 2011

Dados los resultados electorales alcanzados por el Polo Democrático Alternativo en Colombia, es importante aproximarse al análisis que permita apreciar y valorar la tarea realizada para aprehender, con mayor firmeza, los fundamentos que hicieron posible la jornada.

Se realizaron las elecciones en medio de una campaña mediática para mostrar al Polo como el más corrupto de todos los partidos políticos de la historia de Colombia. Precedida por los señalamientos del gobierno de Álvaro Uribe y que ubicaban al Polo, calumniándolo, como una formación que sostenía un contubernio con actores armados, lo que lo convertía en terrorista. La campaña mediática adelantada se correspondía con las orientaciones trazadas por la administración anterior para desprestigiar al Polo y evitar que se convirtiera en alternativa de gobierno.

Trataron de identificar al Polo -para calumniarlo también- como agente del gobierno chavista. A quienes desde la cuna inscribieron en su bandera la defensa de la Soberanía Nacional, vienen, con cinismo, estos agentes del Imperio a acusarlos de ser títeres de gobiernos extranjeros.

Y, finalmente, encontrando el terreno abonado, se dedicaron a convertir al Polo, a todo el Polo, en el mayor partido de corruptos o protector de corruptos. Aprovechando lo sucedido en Bogotá y sin diferenciar las responsabilidades políticas y penales de los implicados, la oligarquía gobernante logró convencer a millones de compatriotas de que debía castigarse, no a quienes fueran culpables por los hechos sucedidos en el carrusel de la contratación sino, al Polo como organización política de la izquierda democrática y único partido de oposición al gobierno de Santos.

Estos hechos, que no se pueden soslayar ya que son evidentes e inocultables, afectaron el respaldo y la votación del Polo en el país. El castigo que se promovió desde los grandes medios de comunicación comenzó ignorando al candidato polista a la alcaldía de Bogotá.

Al mismo tiempo, la campaña de desprestigio contó con Gustavo Petro quién, al ser rechazadas sus propuestas -por los Moreno Rojas- de dividir al Polo, aislar a la izquierda democrática y respaldar a Santos, decidió convertirse en verdugo, no solo de los Moreno Rojas sino del Polo.

Es importante señalar y dejar claro de una vez y para siempre, que el debate con Gustavo Petro no era, ni es sobre si es necesario derrotar o no la corrupción y a los corruptos sino, si se debe hacer o no oposición al gobierno de Santos. Y eso, la oposición a Santos y al imperio, que para miles de polistas es lo principal, pudo llevar a algunos a concluir, erróneamente, que el Polo acepta procedimientos contrarios a los consignados en el artículo 5 de los estatutos, que hace parte de los fines del Partido: “la promoción de la ética pública, la transparencia y la lucha contra la corrupción”.

Es claro que el resultado tanto en Bogotá como en el resto del país, implica un retroceso con relación a los guarismos electorales de hace cuatro años. Pero, lo que debe preguntarse el Polo es si esos resultados son producto, exclusivamente, de las faltas cometidas por algunos dirigentes -y que nadie niega- o si son el resultado de una estrategia exitosa de desprestigio del partido y de manipulación mediática, por parte de sus adversarios.

Y más debe tenerse en cuenta esa realidad cuando sabemos que Uribe, a pesar y por encima de todas las faltas cometidas por su gobierno, elige a Santos como su sucesor. ¿No debería haberse castigado al partido de la U por su comportamiento en el gobierno? ¿No deberían los medios haberle pedido, a los electores, que propinarán ese castigo?

Una respuesta del Polo al retroceso sufrido debe dejar claro, primero, que el retroceso no acaba con el partido. Queda adolorido, golpeado incluso, pero de ninguna manera desaparecido. Como señala acertadamente el Senador Robledo, “hay Polo para rato”. Y el Polo socarronamente se sonríe porque sabe que fracasaron quienes querían enterrarlo.

Segundo, que el “triunfo del progresismo” no le concede la razón a Petro. Y que el ejercicio de gobierno en Bogotá, del que la bancada del Polo no debe participar probará, en el día a día, que las profundas diferencias que apartaron a Petro del Polo no tienen origen en si se derrota o no la corrupción sino en si se derrotan o no las políticas de Santos y las del imperio que lo sostiene.

Tercero, que en las condiciones en que aparece el escándalo del carrusel de la contratación, el Polo, su Comité Ejecutivo Nacional, actuó colocando como aspecto principal de la contradicción la lucha contra el gobierno de Santos y contra aquellos que, sin sonrojarse, propugnan por una “oposición reflexiva”. Ello explica que no se tuviera el mejor escenario para adelantar, a fondo, la lucha contra las faltas cometidas por los Moreno Rojas, entre otras razones porque Petro arma el escándalo de la contratación y, al mismo tiempo, propone se respalde a Santos.

Cuarto, una vez esté claro para millares de colombianos que la gran mayoría del Polo no es corrupta y que su guiar político está orientado a “la transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas de Colombia” y que eso solo lo “encontraremos con la ampliación y profundización de la democracia, hoy cada vez más restringida, y con el ejercicio pleno de la soberanía nacional” tendremos el respaldo suficiente para convertir lo que hoy es una derrota en una amplia victoria.

A los argumentos señalados deben agregarse varios que -no por comunes- pueden olvidarse en el análisis de las elecciones y sus resultados. Difícil encontrar algo tan corrupto como unas elecciones como las colombianas.

En ellas funciona la compra de electores, el cambio de votos por favores económicos y sociales, el engaño, la trampa realizada durante la elección, en el conteo y reconteo de las tarjetas electorales, el fraude en la transmisión de los resultados, la intimidación y el chantaje, el tráfico de influencias, el poder del gobierno para torcer voluntades políticas, el papel de distorsionar -a los partidos y a algunos candidatos- que asumen los monopolios propietarios de los grandes medios de comunicación, el papel deformador de la opinión pública que juegan las encuestas y, la ignorancia, el analfabetismo, la miseria y el hambre que padecen millones de compatriotas y que los vuelve presa fácil de politiquero. De todas estas prácticas y de otras más somos víctimas en las elecciones. Como es entendible, el Polo es ajeno, en la gran mayoría de dirigentes y electorado a dichas prácticas y las que aun aniden en su seno, deben ser desterradas.

Sin embargo, hay quienes olvidan -a la hora del análisis- que se participa en las elecciones conociendo, a ciencia cierta, los procederes de la oligarquía y el imperio. El Polo debe entender que las elecciones sirven para medir el estado de ánimo de la gente, tener un referente sobre la correlación de fuerzas, elegir representantes que defiendan las ideas y posiciones del Polo y que alerten y denuncien sobre las políticas que, contrarias al interés nacional y popular, se aprueben en esos recintos.

Y cuando el Polo sea gobierno -alcaldes o gobernadores- deberá aplicar el Ideario de Unidad, en lo que sea realizable, alcanzable, desde una instancia de esas. Gobernará con los de su entraña, sus amigos y sus aliados y lo hará honradamente y deberá actuar sin prometer lo que no ha de cumplir y preocupándose, siempre, por educar y movilizar al pueblo. Y, si el Polo llega a ser gobierno nacional, que lo será, tendrá que hacer tantas transformaciones -para realizar su programa- que a nadie quedará duda sobre el quehacer del partido. Claro está que siempre tendrá que ser consecuente con el Ideario de Unidad.

Con esos argumentos como aporte a la discusión y el debate que debemos adelantar para fortalecer al Polo, vincularlo a los colombianos y a sus luchas y organizarlo para enfrentar las duras batallas del futuro, queremos preguntar ¿Debe pedirse la renuncia del presidente del Polo? ¿Debe solicitarse la del Comité Ejecutivo Nacional? ¿Son acaso ellos los culpables del retroceso electoral? Como Clara López era la presidente del Polo cuando comenzó el escándalo de la contratación y fue parte del gabinete de Samuel ¿No debe volver a ser presidente del partido?

Una vez se calmen las aguas torrentosas, se den los argumentos y se hagan los análisis con cabeza fría, podrá el Polo reunir su Junta Nacional, convocar un seminario de evaluación y realizar, en el primer semestre del año entrante, el III Congreso Nacional del Polo, un evento que marcará el retorno del partido al primer plano de la lucha por la democracia, la soberanía y la paz, como gritan los estudiantes de Colombia hoy.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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