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Alonso Orozco Gómez: una vida al servicio de las causas populares y la soberanía nacional

Gustavo Triana, secretario general del MOIR, Bogotá, septiembre 18 de 2014

Sin reponernos de la sorprendente e infausta noticia de la enfermedad y muerte de nuestro entrañable compañero Alonso Orozco Gómez, estamos aquí para hacerle este sentido homenaje y reconocimiento a un moirista cabal, al hombre que hizo de las causas populares y de la lucha por la soberanía nacional su opción de vida. Nacido en Chinchiná, Caldas, en diciembre de 1951, hijo de obreros, llegó con su familia al Caquetá en 1963, región que se convirtió en el escenario de su esmerada dedicación a la lucha por la soberanía y la democracia.

En Florencia, cuando sólo tenía 19 años, ingresó como supervisor al sector de la educación, administrado entonces por la Curia, cargo al que renunció para dedicarse a la docencia en el municipio de El Doncello, en una clara muestra de su inclinación por ligarse a los trabajadores y a los sectores populares. Allí inició en 1976 su brillante paso por el sindicalismo, ayudando a organizar el paro cívico de esa población por alumbrado eléctrico. En ese desempeño abrazó las ideas del MOIR e inició una exigente vida de militante de la izquierda democrática en una región de Colombia donde se debe sortear no solo la antidemocracia del establecimiento y el rigor de las rancias posiciones de los gamonales regionales, sino también el acoso a las luchas populares y democráticas por parte de organizaciones guerrilleras y paramilitares, e incluso lidiar con la oprobiosa presencia de efectivos y mercenarios del Comando Sur de Estados Unidos y de sus agencias de inteligencia. Es indudable que su infatigable trabajo de militante de base y, desde 1988, como máximo conductor del MOIR y últimamente del Polo en Caquetá, demandaron de Alonso las más altas calidades políticas e ideológicas, siempre atento a la evolución de los cambiantes acontecimientos internacionales, nacionales y locales y siempre estricto en la invencible práctica de funcionar colectivamente y elevar las consultas correspondientes para cada paso de la lucha política y social. Fue un hombre cálido ante los compañeros y las gentes sencillas, pero resuelto ante sus enemigos de clase. Sus palabras destilaban argumentos que aclaraban los problemas y quebraban las lanzas de los contradictores.

La vocación de servir abnegadamente a la organización y conducción de los sectores populares y progresistas lo impulsó a rebasar la lucha gremial e ir a otros sectores distintos al magisterio. Arrancó así desde muy temprano su loable y reconocida carrera como dirigente político, tal como lo atestiguan todos los sectores sociales del departamento. Fue un destacado directivo del sindicato de los maestros, AICA; descolló en la organización y conducción del paro cívico de Florencia de 1977, que conquistó la interconexión eléctrica para el departamento; organizó y lideró la Unión de Servicios Públicos del Caquetá, USEPCA; conquistó por cuatro veces consecutivas el favor de los electores para ser elegido diputado a la Asamblea con el aval del MOIR y luego del Polo; alcanzó una votación copiosa, 12.128 votos, en su intento por alcanzar la alcaldía de Florencia en 2010 y se ubicó como el octavo más votado en la lista nacional del Polo para el Senado en 2014.

Alonso Orozco terminó siendo un caqueteño de palabra y obra, comprometido con las causas regionales, estudioso de la historia de ese territorio y conocedor a fondo de su geografía y economía. Terminado el proceso electoral como candidato al Senado de la república por el Polo, se dedicó a terminar la corrección de su libro sobre la historia del Caquetá, en el que rinde merecido reconocimiento a la labor del sacerdote italiano Bruno del Piero en la vida de ese departamento. Plasma también sus argumentos para defender que la región de San Vicente siga perteneciendo a Caquetá ante las pretensiones de cederla al departamento del Meta, asunto en el que Alonso acusa de inconsecuente a la clase política local. A sus esfuerzos por comunicar una visión alternativa y democrática sobre los aconteceres regionales se suma su labor como columnista permanente del periódico El Líder, para el que escribía todos los miércoles.

En un terreno adverso para profundizar en el conocimiento, Alonso fue estudioso y supo asimilar el alimento ideológico que le proporcionaba su organización política y aplicarlo a la realidad concreta de su entorno. Su cualificación teórica le permitió navegar con acierto en un mar crispado de oportunismos y peligros por todos los costados.

Renunció al magisterio sólo para convertirse en un hombre público, sin otros recursos que la justeza de sus ideas y la decisión inquebrantable de construir el Frente Amplio que le abrirá el camino a la nación colombiana hacia su independencia y prosperidad. Alonso llevó una vida sencilla y de trabajo arduo, digna de emular por las nuevas generaciones de revolucionarios y demócratas que engrosan la lucha por derrotar a la oligarquía vendepatria, que hoy bajo el mando de Santos, alcahuetea el saqueo de las riquezas y el trabajo nacionales.

A su esposa Mireya Rojas, sus hijos Angélica y Eduardo; su señora madre, doña Ofelia Gómez y sus hermanos, nuestras condolencias y respetos por la memoria de nuestro inolvidable compañero.

Édgar Piñeros, con quien Alonso compartió en política y en familia, dice con acierto que Alonso encarnaba este poema de Lu Sin:

Fiero el ceño, desafío fríamente al mandarín que me señala con el dedo. Humillando la frente, cual manso buey sirvo gustoso al niño.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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