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Artistas e intelectuales son imprescindibles para que este país Sí tenga arreglo

Gustavo Triana Suárez, Medellín, septiembre 7 de 2015

Conquistar el ejercicio pleno de la soberanía nacional e instaurar un gobierno capaz de desarrollar las fuerzas productivas, distribuir la riqueza y llevar a la nación por los senderos del progreso y el bienestar demanda, entre otras condiciones, del imprescindible concurso de artistas e intelectuales, del aporte de personas dedicadas a la ciencia y la cultura. Es una verdad corroborada, en nuestro caso, por la Revolución de Independencia, el surgimiento de nuestro movimiento obrero y la lucha antiimperialista, así como por el derrocamiento de la dictadura del general Rojas Pinilla, entre otros.

La traducción y difusión de La declaración de los derechos del hombre, por Antonio Nariño, la organización de la Expedición Botánica bajo la dirección de José Celestino Mutis y Francisco José de Caldas, movilizaron a artistas e intelectuales de la época en una revolución contra las ideas caducas y atrasadas del colonialismo español y sentaron las bases programáticas e ideológicas para la independencia y el nacimiento de la nación colombiana. Dibujantes, escultores, pintores, escritores, astrónomos, botánicos, cartógrafos, médicos y estudiantes, ansiosos de conocimiento e ideas nuevas, se sumergieron en esa renovadora corriente. Fueron los mismos que años más tarde comandarían los ejércitos patriotas y ocuparían sitios de mando en el Estado.

En la cuna del movimiento obrero a principios del siglo XX, las heroicas luchas de los trabajadores por mejores condiciones de vida y por derechos políticos y sindicales contaron con la conducción de cuadros políticos profesionales que bebieron de la producción de poetas y escritores como José Eustacio Rivera, José Asunción Silva, Rafael Pombo, Julio Flórez, José María Vargas Vila y de pintores, caricaturistas y escultores como Jesús María Zamora, Francisco Antonio Cano, Ricardo Rendón, Rómulo Rozo y Pedro Nel Gómez, entre otros muchos. E igual condición cobra validez al examinar cómo la juventud universitaria derrotó la dictadura de Rojas Pinilla y dio origen años después a una diáspora de propuestas que fueron la génesis de la izquierda nacional y democrática, esa dinámica corriente que hoy batalla por consolidarse como alternativa de solución a los graves y ya centenarios padecimientos de la nación.

Como bien lo precisaron nuestros máximos guías políticos e ideológicos, Francisco Mosquera y Héctor Valencia, lo que importa en esta etapa de la historia de Colombia es que artistas e intelectuales se pongan de lado de lo nacional y democrático, ya sea porque favorecen posiciones de avanzada en lo político, económico y social, o bien porque los contenidos de su producción artística son progresistas y democráticos, o por ambos, circunstancia tal vez la más escasa. Cabe aquí destacar en especial los nombres de nuestros entrañables compañeros Rodrigo Saldarriaga Sanín y Gabriel Restrepo González, a quienes en el escaso lapso de un año y en la misma ciudad, hemos despedido con el dolor que causan sus bajas pero con el fervor revolucionario que alientan en nosotros sus edificantes vidas y los aportes de su labor artística. No cito a los guías universales de la clase obrera, que con tanta profundidad han destacado la importancia del arte y la cultura en las grandes transformaciones sociales e insistido en la necesidad de contar con sus contingentes en nuestras filas, en un esfuerzo por resaltar lo propio y rebatir los desaforados macartismos contra nuestra propuesta política, acusándola de foránea, de tener inspiraciones autoritarias o ser trasplante de experiencias vecinas. Nos toca refutar esa ofensiva propagandística de los enemigos de la nación y el pueblo, apuntalando la posición de que nuestra propuesta programática es nacional y democrática, que no es copia de ninguna de las tantas transformaciones sociales que distintas naciones del mundo han emprendido, ni está empeñada tampoco a ningún interés foráneo, calumnia con la cual pretenden frenar nuestros avances. Al recordar con cariño los nombres de Rodrigo y Gabriel, subrayamos que la nuestra corresponde al interés nacional y es auténtica.

Requerimos con urgencia concretar una mayor participación del sector intelectual en la empresa transformadora que pretende el Polo Democrático Alternativo. Denunciar las tropelías que a diario cometen las multinacionales y las oligarquías empotradas en la dirección del Estado contra nuestra soberanía y el pueblo o resaltar las resistencias y enaltecer los múltiples valores nacionales, tiene mayor difusión cuando las voces provienen de reconocidos representantes de la intelectualidad, como ocurre con frecuencia con los contundentes análisis, denuncias, crónicas, libros y otras producciones de personas como Germán Castro Caicedo, Juan Gossaín, Eduardo Sarmiento, Juan Manuel Roca, Santiago Mutis, Reinaldo Spitaletta, Felipe Arango, Aurelio Suárez, José Fernando Ocampo, Gabriel Fonnegra, entre otros, o cuando se plasman en películas, canciones y obras de teatro. Acaso no es refrescante, para la labor de difusión y denuncia, la vinculación de connotados cantantes y músicos, directores y actores, poetas y pintores, con sus apariciones en documentales y grabaciones sobre los estragos de la privatización de la salud y la educación, la gran minería multinacional, la informalidad laboral, la explotación del trabajo infantil, las violencias que azotan el país y muchos temas más. Y más alentador aún, cuando acompañan con su presencia las manifestaciones políticas del campo democrático o cuando se integran directamente a nuestra lucha política electoral. De este temple fueron nuestros compañeros Rodrigo Saldarriaga y Gabriel Restrepo González, a quien rendimos sentido homenaje en esta noche.

La nueva generación polista debe hacer mayores esfuerzos por atraer a artistas e intelectuales y por comprometerlos en la tarea de transformar a Colombia. Es apremiante contar con su presencia a lado de los justos reclamos de las gentes y de los pleitos nacionales, volver prioritario su requerimiento para poder concretar el llamado del senador Jorge Enrique Robledo: “Este país sí tiene arreglo”.

Gabriel Restrepo murió en esa línea de conducta. Puso su enorme talento al servicio de la lucha por la soberanía, la democracia y la causa de los trabajadores y las gentes humildes. Dedicó las mejores horas de su vida a hacer conciencia de las ventajas naturales y culturales de la nación y a impulsar una cultura nacional y democrática. Su quehacer estuvo al servicio de la organización partidaria, depuso cualquier pretensión personal por una vida militante en la causa de los trabajadores, nunca vaciló en la defensa de la propuesta que nuestra tendencia, el MOIR, les ha presentado a los colombianos para que mediante la conformación de un gran Frente que reúna a los afectados por las políticas antinacionales y antipopulares, hagamos realidad la conquista de nuestra independencia del gobierno imperialista de Estados Unidos, instauremos un mandato democrático que ejerza la soberanía, logremos desarrollar las fuerzas productivas y le devolvamos los derechos conculcados a la población. A eso dedicó su vida y sus incursiones artísticas Gabriel. Requerimos miles y miles como Él para llevar a feliz término nuestra patriótica e imprescindible empresa.

Compañero Gabriel Restrepo González ¡hasta siempre!

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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