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¿Bonanza cafetera?

Juan Pablo Fernández M., Bogotá, mayo 9 de 2014

En su libro sobre el café, Jorge Enrique Robledo sintetiza los distintos elementos de la economía política cafetera. Explica por qué el grano, un producto de origen africano, se empezó a sembrar en Colombia al punto de ser la base principal de la economía agraria y de la nacional durante décadas. Señala que el ascenso de la producción de la rubiácea en el Siglo XX estuvo ligado a los intereses de Estados Unidos en Colombia.

Robledo también expone cómo el café no puede entenderse sin la intervención del Estado y sin el papel de los comercializadores y los capitales bursátiles en la formación del precio al productor. Muestra que la “‘civilización cafetera’ apenas fue una capa de barniz de modernidad sobre la pobreza y debilidad de los productores. Luego de más de un siglo de éxito relativo de las exportaciones de café, el país descubrió que los creadores de esa riqueza eran en la casi totalidad de los casos semiproletarios, campesinos y empresarios pobres, con poca tierra, bajas productividades y altos costos de producción.” De las 563 mil familias productoras actuales, 95% producen en fincas de menos de 5 hectáreas. El tamaño promedio de la finca cafetera es de 1,7 hectáreas.

Aunque el precio interno está aumentando y ya logra cubrir los costos de producción y de que en 2013 la producción repuntó hasta 10,8 millones de sacos, aún estamos lejos de contrarrestar la pérdida de capacidad de producción de las dos últimas décadas. En el lustro 1990-94 la producción por habitante fue de veinticuatro kilos. En el último (2009-13) cayó a once. En 1991 fue de veintiocho kilos, en 2013, catorce. Los niveles promedio de la cosecha bajaron de trece millones a diez millones de sacos. A principios de los noventa el país representaba el 15% de la producción mundial, hoy es el 7%. Mientras el mundo amplió su capacidad productiva, Colombia la vio caer.

El retroceso se debió a dos factores. 1. El rompimiento del Pacto Internacional de Cuotas. 2. A que el gobierno adoptó la política de transferirles todos los riesgos del mercado a los cafeteros. Los cambiarios, los de los precios de su producto y los de los insumos, los de la especulación, y los de la inversión y reposición del capital. Estos últimos en tierras que han sido sometidas a súperexplotación y donde los costos de preparación, siembra y recolección son crecientes. Entre 2002 y 2013 los costos de producción de un saco de café en dólares crecieron 163%, 18% anual.

El precio pagado por carga de café a abril de 2014 ($795.097), en pesos reales, es similar a los de 2010, 1997, 1995 y 1991. E inferior a los recibidos en otros períodos (1970-1980 y 1954-1965), cuando regía el Pacto Internacional. Aunque el precio de abril es superior al definido por el mercado entre marzo de 2012 y enero de 2013, los mejores ingresos no compensan, y pasarán muchos años para que lo hagan, las pérdidas acumuladas en la última década.

Entre los años 2006-2013, por cuenta de la revaluación, los cafeteros perdieron $6,4 billones, dos veces el valor de la cosecha de 2013 ($3,4 billones). Resultado negativo amplificado por la caída de la cosecha. Si se compara la de 2008 con las presentadas entre los años 2009-2012, se dejaron de producir 13,6 millones de sacos. Que a precios de abril de 2013 equivalen a $10,8 billones, tres veces la cosecha de 2013.

El gobierno al desatender la renovación, con la actitud del ahogado el sombrero por parte de la alta burocracia cafetera, dejó envejecer los cafetales. Para mantener la producción en condiciones óptimas un productor debe renovar anualmente el 20% del área sembrada. Entre 1990-2000 la renovación promedio anual fue del 6,35% del área. Entre 2001-2013 el indicador subió a 7,6%. Durante los años 2011 y 2012 se renovó el 13% del parque. Para 2013 la renovación bajó al 8,6%.

Como resultado de la mala política cafetera de los gobiernos (Santos, Uribe, Pastrana, Samper y Gaviria), de 2007 para acá los cafeteros han tenido, como dicen los abogados, un lucro cesante de más de más de $17 billones. El billón de pesos anual destinado para el apoyo al precio, conocido como PIC, equivale al 6% de lo perdido. Apoyo que no es iniciativa del gobierno, fue arrancado por los cafeteros a través de la protesta civilizada.

Una carga de café, además, cada vez compra menos. Mientras en 1999 su precio compraba 159 galones de gasolina, hoy adquiere 93, 41% menos. En enero de 2006 equivalía al 78% del valor de una tonelada de urea, a octubre de 2013 al 49%. Y después de casi una década de promover a los cafés especiales como la gran salida, estos son un mercado nicho que poco contribuye a resolver los problemas. Las Tiendas Juan Valdez venden unos 15 mil sacos de café al año, 0,1% de la producción anual.

La declaración de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Empleo (1947/1948), conocida como la Carta de La Habana, sobre productos básicos como el café decía que pueden someterse a “dificultades especiales, como la tendencia hacia el desequilibrio persistente entre la producción y el consumo, la acumulación de existencias gravosas y las pronunciadas fluctuaciones de precios.” Realidades que siguen presentes en el mercado cafetero, con el agravante de que de cada cien sacos que se transan en las bolsas de valores solo se toma posesión sobre nueve. El reinado de los especuladores. El gobierno colombiano está porque estos riesgos se trasladen con fuerza ascendente a los agricultores, en su mayoría pequeñísimos. De mantenerse la política de dejar al garete a la caficultura colombiana en un mercado crecientemente turbulento, en el futuro se seguirán viendo los episodios recientes, con impactos más amplios y negativos sobre nuestros cafeteros.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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