Mi suegra le dice Delis en honor a las dotes que ha probado en la cocina, aunque su verdadero nombre es Deyis Iglesias, oriunda de Malagana, corregimiento del municipio de Mahates del cual forma parte también San Basilio de Palenque lo que facilita explicar el origen afro descendiente; es como muchas otras en un país de desplazados: una valerosa madre cabeza de familia.
Luego de saborear su delicioso sancocho de pescado, una de las miles de maravillas culinarias que sus manos callosas preparan, registro de un pasado de trabajo constante y honrado, y que denotan la sapiencia de un chef de alto gourmet, nos aprestamos a escuchar sus jocosas historias, que con la alegría y la luz que las relata, ocultan de maravilla los rigores y las privaciones de quien trabaja para recibir en el mejor de los casos un salario mínimo. Afortunadamente su entereza y el arte que domina le han permitido contar siempre con trabajo; un momento de su vida que gusta recordar fueron sus intermitentes viajes a Venezuela en donde tuvo contacto con muchos extranjeros: portugueses, italianos, españoles, de los que aprendió varios de los secretos de la cocina, aun cuando no remplazan los que obtuvo con la colonia árabe de la costa Caribe. Lo mejor del trabajo que tuve con los vecinos dice, es que el Bolívar era fuerte y el cambio servía para mandar platica a la casa con la que se pagó una buena parte del estudio de los dos hijos, acota sin disimular su orgullo: “el macho como técnico en motores diesel en el Sena y la hembra se graduó en enfermería”
Los años ya asoman a su brillosa cien, por lo que nos atrevemos a preguntarle cuando vendrá la pensión, sus pequeños ojos negros nos miran por el rabillo con algo de sorna y termina mofándose de nuestra ingenuidad, ella que no ha tenido mayores estudios sabe que la vida no le alcanzará para disfrutar de los pesitos que se embolsillan los especuladores de los Fondos de Pensión, eso si logra cumplir las semanas de cotización y la edad cada vez en aumento, como lo ambienta actualmente el gobierno de Santos y los gremios.
Provista de la sabiduría popular nos remata: “cuando algo sube algo baja: crecen las utilidades de los bancos y los fondos, bajan los réditos de los usuarios, mayor felicidad pa’ los banqueros y menos pa’ los demás”
De haberla conocido Lucho Bermúdez el célebre compositor, no solo le hubiera dedicado sus arrullos al Carmen de Bolívar tierra de amores, con seguridad le habría compuesto una alegre melodía a la cuna de una mujer que es la perfecta antítesis del nombre del terruño que la vio nacer y que caracteriza a millones de colombianos hoy satanizados por la perversa lógica neoliberal: mineros presentados como depredadores del medio ambiente, vendedores ambulantes como invasores del espacio público, comercializadores de leche como expendedores de una nata de bacterias, trabajadores de la industria petrolera como terroristas, en fin todo lo que se caracterice por representar a la pequeña y mediana producción o trabajo nacional son descalificados sin mediar formula de juicio, para dar paso a su ideal de gran capital y formato multinacional.
La inmensa mayoría de los colombianos, como Deyis, realmente somos de buenagana y tarde que temprano esta prevalecerá sobre la malagana de quienes nos mal gobiernan.
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