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Buscando el ahogado aguas arriba

Eudoro Alvarez Cohecha, Villavicencio, febrero 25 de 2016

El min- agricultura Aurelio Iragorri, alborotó un avispero, en su entrevista al “Tiempo”, al afirmar que los supermercados e intermediarios, eran los responsables de los altos precios de los alimentos.

No sobra recordarle al ministro de la cosa agraria, que fruto de la política implementada durante los últimos cinco lustros, desde el “bienvenidos al futuro” hasta el gobierno de Santos II, se ha venido predicando con insistencia digna de mejores causas, que al país lo salvaría la aplicación rigurosa y disciplinada de las recetas del “consenso de Washington”; abreviando: fieles al libre comercio, este país se desarrollaría.

Al inicio de este nefasto periodo, Colombia importaba cerca de medio millón de toneladas de alimentos; transcurrido el lapso señalado, la cifra ha crecido al escandaloso monto de alrededor de 11 millones de toneladas. Esta diferencia es el mejor balance del fracaso de lo propuesto.

Recientemente visitó el Meta, Simón Gaviria, director de Planeación Nacional; algunos aseguran, con no poca razón, que está haciendo el curso para suceder a su “papi” en la función presidencial dentro de pocos años, repitiendo la misma monserga y pretendiendo que se trata de innovadoras ideas para encarrilarnos, ahora si, por la senda de abundantes mieses. Pamplinas: “el mismo perro con distinta guasca”.

Es bueno recordar que una de las primeras medidas que tomó Cesar Gaviria cuando empezó a “enrumbarnos al futuro”, fue eliminar el control de cambios, vigente desde el gobierno de Carlos Lleras en el siglo pasado, dejando en manos del “mercado” el valor de la moneda nacional; es decir el gobierno perdió el control de una variable macroeconómica, valiosa para “desfacer entuertos” empujados desde allende nuestras fronteras, en un mundo en donde la especulación del capital financiero, es el pendón que avasalla tal “mercado”.

Fruto de ese entorno, durante dos lustros, los productores rurales sufrieron por la revaluación del peso, que procuró “comida barata” empujada por la política económica de EE.UU. ; buena parte de las desventuras del agro nacional y de la industria, debe abonársele a esta variable.

Cuando la “estrella polar”, que nos agobia desde principios del siglo XX, cambia la política, con signos de recuperación de su economía, se devalúa el peso, sin contar con instrumentos para fijar el valor de nuestra divisa, se genera una devaluación que nos coge con la seguridad alimentaria dependiente de los productores extranjeros y lo que importábamos barato, se torna costoso, disparando los precios de los alimentos. Un agro desbaratado y un dólar caro, nos cogen con “los calzones en la mano” y sin instrumentos para contrarrestar la inflación que supera todas las metas que el gobierno se había trazado ilusamente.

Una agricultura apoyada en el “riego de nuca” dependiente de San Pedro y San Isidro, golpeada, para el colmo de desventuras, por un fenómeno que es recurrente, el del “Niño” y por lo mismo la improvidencia es culposa, que sumada a lo dicho antes, explican lo que el ministro pretende justificar “aferrándose a la vaca” del neoliberalismo y eludiendo responsabilidades.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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