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CARLOS MARX

(BREVE ESBOZO BIOGRÁFICO CON UNA EXPOSICIÓN DEL MARXISMO)(1)

V. I. Lenin

PRÓLOGO

Este artículo sobre Carlos Marx que hoy aparece como separata, fue escrito en 1913 (si mal no recuerdo) para el Diccionario Cranat. Una bibliografía bastante detallada sobre Marx, de preferencia de origen extranjero, estaba agregada al articulo. Esta ha sido omitida en la presente edición. Además, los editores del diccionario, por su parte, teniendo en cuenta la censura, suprimieron el final del articulo sobre Marx, en donde se exponía su táctica revolucionaria. Por desgracia no me ha sido posible reproducir aquí dicho final, pues el borrador ha quedado entre mis papeles, en Cracovia o en Suiza. Sólo recuerdo que al final del artículo citaba, entre otras cosas, el pasaje de la carta de Marx a Engels del 16.IV.1856, donde aquél decía: "Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una segunda edición de la Guerra Campesina. Entonces todo andará magníficamente"(2). Esto es lo que nuestros menchevíques, que ahora han terminado por traicionar completamente al socialismo, por desertar al campo de la burguesía, no comprendieron desde 1905.

N. Lenin

Moscú, 14. V. 1918. ESBOZO BIOGRÁFICO

Carlos Marx nació según el nuevo calendario el 5 de mayo de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un abogado judío, convertido en 1824 al protestantismo. La familia, de posición acomodada, era culta, pero no revolucionaria. Después de terminar en Tréveris sus estudios en el gimnasio, Marx ingresó en la universidad, primero en Bonn y luego en Berlín; estudió ciencias jurídicas, pero sobre todo historia y filosofía. En 1841 terminó sus estudios con la presentación de una tesis sobre la filosofía de Epicuro. En aquel entonces, Marx era todavía un idealista hegeliano por sus concepciones. En Berlín adhirió al círculo de los "hegelianos de izquierda" (Bruno Bauer y otros), que se esforzaban por sacar conclusiones ateas y revolucionarias de la filosofía de Hegel.

Terminados sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn con la intención de convertirse en profesor. Sin embargo, la política reaccionaria del gobierno, que en 1832 habla privado de su cátedra a Ludwig Feuerbach y en 1836 se había negado nuevamente a admitirlo en la universidad, que en 1841 privó al joven profesor Bruno Bauer del derecho de dictar conferencias en Bonn, obligó a Marx a renunciar a la carrera docente. En aquella época las ideas de los hegelianos de izquierda progresaban muy rápidamente en Alemania. Ludwig Feuerbach, sobre todo desde 1836, comenzó a criticar la teología y a orientarse hacia el materialismo, el que en 1841 (con La esencia del cristianismo) prevaleció en él por completo; en 1843 aparece, pues, su obra Principios de la filosofía del futuro. "Hay que haber vivido la influencia liberadora" de estos libros, escribía Engels años más tarde, refiriéndose a esas obras de Feuerbach. "Nosotros [es decir los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx] en el acto nos hicimos partidarios de Feuerbach."(3) Por aquel entonces, algunos burgueses radicales renanos, que tenían puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición, La gaceta renana (cuyo primer número salió el 1 de enero de 1842). Se propuso a Marx: y a Bruno Bauer que fueran sus principales colaboradores; en octubre de 1842 Marx se convirtió en el redactor en jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. Bajo la dirección de Marx, la tendencia democrática revolucionaria del periódico fue acentuándose, y el gobierno lo sometió primero a una doble y luego a una triple censura, para decidir más tarde, el 1 de enero de 1843, cerrarlo definitivamente. Marx se vio obligado a dejar la Redacción antes de esa fecha, sin que su salida lograse tampoco salvar al periódico, que dejó de publicarse en marzo de 1843. Entre los artículos más importantes de Marx que publicó La gaceta renana, Engels menciona, además de los que citamos más adelante (véase la Bibliografía), el que se refiere a la situación de los campesinos vitivinicultores del valle del Mosela. La labor periodistica mostró a Marx que sus conocimientos de economía política eran insuficientes, por lo que se dedicó a su estudio.

En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga de la infancia, con quien se había comprometido cuando todavía era estudiante. Su esposa pertenecía a una reaccionaria familia aristocrática de Prusía. Su hermano mayor fue ministro del Interior de Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, desde 1850 hasta 1858. En el otoño de 1843, Marx se trasladó a París con el propósito de editar en el extranjero una revista de tendencia radical, junto con Arnold Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda; encarcelado de 1825 a 1830; emigrado desde 1848 y partidario de Bismarck entre 1866 y 1870). De esta revista, Anales franco-alemanes, sólo apareció el primer fascículo. Dejó de publicarse por las dificultades con que tropezó su difusión secreta en Alemania y por discrepancias con Ruge. Los articulos de Marx en esta revista lo muestran ya como el revolucionario que pregona "la crítica despiadada de todo cuanto existe" y, en especial "la crítica de las armas"(4), y que apela a las masas y al proletariado.

En setiembre de 1844 llegó por unos días a París Federico Engels, quien desde entonces se convirtió en el amigo más íntimo de Marx. Los dos tomaron parte activísima en la vida, febril por entonces, de los grupos revolucionarios de París (especial importancia tenía en ese momento la doctrina de Proudhon, a la que Marx: hizo trizas resueltamente en Miseria de la filosofía, 1847) y, sosteniendo una vigorosa lucha contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, elaboraron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario o comunismo (marxismo). Véanse los trabajos de Marx de esta época, 1844-1848, en la Bibliografía. En 1845, por el insistente pedido del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso. Se trasladó a Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se incorporaron a una sociedad secreta de propaganda, llamada la Liga de los Comunistas, en cuyo II Congreso (noviembre de 1847, en Londres) tuvieron destacada participación y por encargo del cual escribieron el famoso Manifiesto del Partido Comunista, que apareció en febrero de 1848. En esta obra se traza, con brillante y genial claridad, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente, aplicado también al campo de la vida social; la dialéctica, como la doctrina más completa y profunda acerca del desarrollo; la teoría de la lucha de clases y de la histórica misión universal del proletariado creador de la nueva sociedad, la sociedad comunista.

Cuando estalló la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica. Se trasladó nuevamente a Paris, y desde allí, después de la revolución de marzo(5) marchó a Alemania, a Colonia. Desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849 se publicó en esta ciudad la Nueva gaceta renana, de la que Marx fue redactor en jefe. El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 a 1849 fue una brillante confirmación de la nueva teoría, del mismo modo que los posteriores movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. La contrarrevolución triunfante comenzó por entregar a Marx a la justicia (resultó absuelto el 9 de febrero de 1849), para terminar expulsándolo de Alemania (16 de mayo de 1849). Marx se dirigió primero a París; fue expulsado también de allí después de la manifestación del 13 de junio de l849(6); y partió entonces para Londres, donde residió hasta su muerte.

Las condiciones de vida en el exilio eran en extremo duras, como lo revela muy bien la correspondencia que mantuvieron Marx y Engels (editada en 1913)(7). La miseria asfixiaba literalmente a Marx y a su familia; de no haber tenido la constante y abnegada ayuda económica de Engels, Marx no sólo no hubiera podido acabar El capital, sino que habría sucumbido inevitablemente por la necesidad. Además, las doctrinas y tendencias predominantes del socialismo pequeñoburgués, en general no proletario, obligaron a Marx a una lucha permanente e implacable, al rechazo, en ocasiones, de los ataques (Herr Vogt) personales más furiosos y salvajes. Marx, que se mantuvo al margen de los círculos de emigrados, elaboró su teoría materialista en varios trabajos históricos (véase la Bibliografía) y dedicó su esfuerzo principal al estudio de la economía política. Con sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El capital (t. 1, 1867), revolucionó esta ciencia (véase más adelante la doctrina de Marx).

La reanimación de los movimientos democráticos a fines de la década del 50 y de la década del 60, llevó de nuevo, a Marx a la actividad práctica. En 1864 (el 28 de setiembre) se fundó en Londres la famosa I Internacional, la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Marx fue el alma de la Asociación, el autor de su primer Llamamiento y de gran número de resoluciones, declaraciones y manifiestos. Junto con la unificación del movimiento obrero de los diferentes países, con su esfuerzo por encauzar hacia la acción común las diversas formas de socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las vacilaciones lassalleanas hacia la derecha en Alemania, etc.), con la lucha contra las teorías de todas estas sectas y escuelas, Marx fue forjando la táctica única de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países. Después de la caída de la Comuna de París (1871), de la cual Marx hizo (en La guerra civil en Francia, 1871) un tan profundo, certero, brillante, eficaz y revolucionario análisis, y producida la división de la Internacional, provocada por los bakuninistas, la existencia de, ésta en Europa se tornó imposible. Después del congreso de La Haya (1872), Marx hizo que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La I Internacional había cumplido su misión histórica y dejaba paso a una época de crecimiento incomparablemente mayor del movimiento obrero en todos los países del mundo, a la época de su crecimiento en extensión, de creación de partidos obreros socialistas de masas en cada Estado nacional.

El intenso trabajo en la Internacional y sus ocupaciones teóricas aun más intensas, minaron definitivamente la salud de Marx. Continuó trabajando en su reelaboración de la economía política y para terminar El capital, recopilando multitud de nuevos documentos y estudiando varios idiomas (entre ellos el ruso). Sin embargo, la enfermedad le impidió concluir El capital.

El 2 de diciembre de 1881 murió su esposa, y el 14 de marzo de 1883 Marx se quedó dormido apaciblemente para siempre en su sillón. Está enterrado, junto a su esposa, en el cementerio londinense de Highgate. Varios hijos de Marx murieron en la infancia en Londres, cuando la familia sufrió duras necesidades. Tres hijas se casaron con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet. Un hijo de ésta última es miembro del partido socialista francés. LA DOCTRINA DE MARX

El marxismo es el sistema de las ideas y concepciones de Marx. Marx continuó y dio genial cima a las tres principales corrientes ideológicas del siglo XIX, representadas por los tres países más avanzados de la humanidad: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés, vinculado con las teorías revolucionarias francesas en su conjunto. La admirable coherencia y la integridad de las concepciones de Marx, reconocida hasta por sus adversarios, que constituyen en conjunto el materialismo moderno y el socialismo científico moderno como teoría y programa del movimiento obrero de todos los países civilizados del mundo, nos obliga a hacer un breve bosquejo de su Concepción del mundo en general, antes de exponer el contenido principal del marxismo, es decir la doctrina económica de Marx.

El materialismo filosófico

A partir de 1844-1845, años en que se formaron sus concep ciones, Marx fue un materialista, y en particular un partidario de L. Feuerbach, cuyos aspectos débiles vio después en la insuficiente consecuencia y amplitud de su materialismo. Para Marx, la importancia histórica universal de Feuerbach, "que hizo época", residía en su ruptura decidida con el idealismo de Hegel y en su proclamación del materialismo, que ya "en el siglo XVIII, sobre todo en Francia, representaba la lucha, no sólo contra las instituciones políticas existentes y al mismo tiempo contra la religión y la teología, sino también [...] contra la metafísica en general" (en, el sentido de "especulación ebria", a diferencia de la "filosofía sobria" (La sagrada familia, en La herencia literaria). "Para Hegel -escribió Marx-, el. proceso del pensamiento, el cual, bajo el nombre de idea, él hasta trasforma en un sujeto independiente, es el demiurgo [hacedor, creador] de lo real [ ... ]. Para mi, por el contrario, lo ideal no es más que lo material trasladado a la cabeza del hombre y trasformado en ella." (El capital, 1, epílogo a la 2ª ed.)(8) En plena correspondencia con esta filosofía materialista de Marx, F. Engels escribió al exponerla en su Anti-Dühring (véase) -obra cuyo manuscrito conoció Marx-: "... La unidad del mundo no existe en su ser, sino en su materialidad, que es demostrada [ ... ] por un largo y penoso desarrollo de la filosofía y de las ciencias naturales [. . . ]. El movimiento es la forma de existencia de la materia. Jamás, ni en parte alguna, ha existido ni puede existir materia sin movimiento, movimiento sin materia. Si se plantea el problema [ ... ] qué son y de dónde proceden el pensamiento y el conocimiento, vemos que son productos del cerebro humano y que el mismo hombre es un producto de la naturaleza, que se ha desarrollado en un determinado ambiente natural y junto con éste. Se sobrentiende, en virtud de ello, que los productos del cerebro humano, que en última instancia son también productos de la naturaleza, no contradicen el resto de las interconexiones de la naturaleza, sino que están en correspondencia con ellas." "Hegel era un idealista, es decir que para él los pensamientos de nuestra cabeza no eran reflejos [Abbilder, esto es imágenes, pero a veces Engels habla de "impresiones"] más o menos abstractos de los objetos y procesos de la realidad, sino, que por el contrario, los objetos y su desarrollo eran para Hegel, reflejos de una idea existente no se sabe dónde, antes de que existiese el mundo." En Ludwig Feuerbach, obra en la que F. Engels expone sus ideas y las de Marx sobre la filosofía de Feuerbach, y cuyo original envió a la imprenta después de revisar un viejo manuscrito suyo y de Marx, de 1844-1845, sobre Hegel, Feuerbach y la concepción materialista de la historia, Engels escribe: "El gran problema fundamental de toda filosofía, especialmente la actual, es el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza [ . . . ]. Qué precede a qué: el espíritu a la naturaleza, o la naturaleza al espíritu [ ... ]. Los filósofos se dividieron en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban que el espíritu existió antes que la naturaleza y que por lo tanto, reconocían, de una u otra manera, la creación del mundo [ ... ], constituyeron el campo del idealismo. Los que consideraban la naturaleza como principio fundamental, adhirieron a distintas escuelas del materialisnio." Todo otro empleo de los conceptos (filosóficos) de idealismo y materialismo sólo inducen a confusión. Marx rechazó enérgicamente, no sólo el idealismo -vinculado siempre, de un modo u otro, a la religión-, sino también el punto de vista de Hume y Kant tan difundido en nuestros días, el agnosticismo, el criticismo y el positivismo en sus diferentes formas, pues consideraba esa filosofía una concesión "reaccionaria" al idealismo y, en el mejor de los casos, una manera vergonzante de aceptar subrepticiamente el materialismo y negarlo en público(9). Consúltese a este respecto, además de las obras citadas de Engels y Marx, la carta de este último a Engels, del 12 de diciembre de 1866, en la que Marx, al mencionar como "más materialista" que de costumbre una declaración del conocido materialista T. Huxley y su reconocimiento de que "corno observamos y pensamos realmente nunca podemos abandonar el terreno del materialismo", le reprocha que deje una "brecha" al agnosticismo, al humismo. Es de destacar en particular la opinión de Marx respecto de la relación entre libertad y necesidad: "La necesidad es ciega en tanto no es conciente. La libertad es la conciencia de la necesidad" (Engels en Anti-Dühring) = reconocimiento de la existencia de leyes objetivas en la naturaleza y de la trasformación dialéctica de la necesidad en libertad (junto con la trasformación de la "cosa en sí" no conocida, pero cognoscible, en "cosa para nosotros", de la "esencia de las cosas", en "fenómenos"). El defecto fundamental del "viejo" materialismo, incluido el de Feuerbach (y con mayor razón aun el del materialismo "vulgar" de Büchner, Vogt y Moleschott) consistía, según Marx y Engels: 1) en que ese materialismo era "predominantemente mecanicista" y no tenía en cuenta los últimos progresos de la química y de la biología (a lo que cabría agregar en nuestros días la teoría eléctrica de la materia); 2) en que el viejo materialismo era no histórico, no dialéctico (metafísico, en el sentido de antidialéctico) y no aplicaba consecuente y exhaustivamente la idea del desarrollo; 3) en que concebía la "esencia del hombre" en forma abstracta, y no como el "conjunto de las relaciones sociales" (concreta e históricamente determinadas), por cuya razón se limitaban a "explicar" el mundo cuando en realidad se trata de "trasformarlo"; es decir, que no comprendían la importancia de la "actividad práctica revolucionaria" .

La dialéctica

La dialéctica hegeliana, por ser la doctrina más completa, más rica en contenido y más profunda acerca del desarrollo, constituyó para Marx y Engels la mayor conquista de la filosofía clásica alemana. Consideraban toda otra formulación del principio del desarrollo, de la evolución, unilateral y pobre de contenido, deformadora y mutiladora de la marcha real del desarrollo (a menudo bajo la forma de saltos, catástrofes, revoluciones) en la naturaleza y en la sociedad. "Marx y yo fuimos casi los únicos que nos planteamos la tarea de salvar [del descalabro del idealismo, incluido el hegelianismo] la dialéctica conciente para traerla a la concepción materialista de la naturaleza." "La naturaleza es la confirmación de la dialéctica, y las propias ciencias naturales modernas muestran que esta confirmación -que acumula a diario, copioso material y que demuestra que las cosas trascurren, en última instancia, en la naturaleza dialécticamente, no metafísicamente- es extraordinariamente rica" (¡escrito antes del descubrimiento del radio, los electrones, la trasformación de los elementos, etc.!).

"La gran idea fundamental -escribe Engels- de que el mundo no se compone de un conjunto de objetos terminados y acabados, sino que representa un conjunto de procesos, en el que los objetos que parecen inmutables, al igual que sus imágenes mentales en nuestra cabeza, los conceptos, están en continuo cambio, ya surgen, ya desaparecen; esta gran idea fundamental se encuentra ya tan arraigada desde Hegel en la conciencia común que apenas habrá alguien que la discuta en su forma general. Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra aplicarla en cada caso particular y en cada campo de investigación."Para la filosofía dialéctica no existe nada establecido de una vez para siempre, nada absoluto, sagrado. En todo ve lo que hay de transitorio, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido de surgimiento y desaparición, el ascenso infinito de lo inferior a lo superior. Ella misma es sólo mero reflejo de ese proceso en el cerebro pensante." Así, pues, la dialéctica es, según Marx, la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como del pensamiento humano"(10).

Este aspecto revolucionario de la filosofía de Hegel es el que Marx recogió y desarrolló. El materialismo dialéctico "no necesita de ninguna filosofía situada por encima de las demás ciencias". De la filosofía precedente queda "la ciencia del pensamiento, y de sus leyes: la lógica formal y la dialéctica". Y la dialéctica, tal como la concibe Marx, y también según Hegel, abarca lo que hoy se llama teoría del conocimiento o gnoseologia, la que también debe enfocar su objeto desde el punto de vista histórico, estudiando y generalizando el origen y el desarrollo del conocimiento, la transición del no conocimiento al conocimiento.

En nuestro tiempo, la idea del desarrollo, de la evolución, ha penetrado casi por entero en la conciencia social pero por otros caminos, no a través de la filosofía de Hegel. Sin embargo, esta idea, tal como la formularon Marx y Engels, apoyándose en Hegel, es mucho más completa, mucho más rica en contenido que la idea corriente de evolución. Es un desarrollo que, al parecer, repite etapas ya recorridas, pero las repite de otro modo, sobre una base superior ("la negación de la negación"), un desarrollo, por decirlo así, en espiral y no en línea recta; un desarrollo a saltos, catastrófico, revolucionario; "rupturas en la continuidad", la trasformación de cantidad en calidad, impulsos internos hacia el desarrollo originados por la contradicción, el conflicto de las diversas fuerzas y tendencias que actúan sobre determinado cuerpo o dentro de los limites de un fenómeno dado o dentro de una sociedad dada; la interdependencia, la conexión estrecha e indisoluble de todos los aspectos de cada fenómeno (la historia, por su lado, descubre de continuo nuevos aspectos), una conexión que da un proceso de movimiento único y universal, sujeto a leyes: tales son algunos rasgos de la dialéctica, como una doctrina del desarrollo que es más rica que la convencional. (Véase la carta de Marx a Engels del 8 de enero de 1868, en la que ridiculiza las "rígidas tricotomías" de Stein, que sería absurdo confundir con dialéctica materialista.)

La concepción materialista de la historia

La verificación de lo inconsecuente, incompleto y unilateral del viejo materialismo convenció a Marx de la necesidad de "poner la ciencia de la sociedad en consonancia con la base materialista y reconstruirla sobre esta base"(11). Dado que el materialismo en general explica la conciencia a partir del ser, y no a la inversa, cuando se lo aplicaba a la vida social de la humanidad el materialismo requería que la conciencia social se explicase a partir del ser social. "La tecnología -dice Marx (El capital, t. I)- descubre la relación activa del hombre con la naturaleza, el proceso inmediato de producción por el cual sustenta su vida, y, a la vez, también sus condiciones sociales de vida y las representaciones espirituales que de ellas se derivan." En el prólogo a su Contribución a la crítica de la economía política, Marx formula acabadamente las tesis fundamentales del materialismo hecho extensivo, a la sociedad humana y a su historia. He aquí sus palabras:

"En la producción social de su vida los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada etapa del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

"El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se erige una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social el que determina su conciencia. En una etapa dada de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas de ellas. Y comienza así una época de revolución social. Con el cambio de la base económica, se trasforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se analizan esas trasformaciones, es preciso distinguir siempre entre la trasformación material de las condiciones económicas de producción, que puede ser determinada con la precisión de las ciencias naturales, y la jurídica, política, religiosa, estética o filosófica; en resumen, de las formas ideológicas en las cuales los hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo.

"Así como no podemos juzgar a un individuo por lo que piensa de sí mismo, tampoco podemos juzgar estas épocas de trasformación por su propia conciencia. Por el contrario, esta conciencia debe ser explicada por las contradicciones de la vida material por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción..." "A grandes rasgos, los modos de producción asiático, antiguo, feudal y el moderno burgués pueden ser señalados como épocas progresistas en la formación económica de la sociedad." (Véase la breve formulación que da Marx en la carta a Engels del 7 de julio de 1866: "Nuestra teoría de que la organización del trabajo está determinada por los medios de producción".)(12)

El descubrimiento de la concepción materialista de la historia o, mejor dicho la consecuente continuación, la extensión del materialismo al dominio de los fenómenos sociales, superó los dos defectos fundamentales de las anteriores teorías de la historia. En primer lugar, esas teorías consideraban, en el mejor de los casos, sólo los motivos ideológicos de la actividad histórica de los hombres, sin investigar el origen de esos motivos, sin captar las leyes objetivas que rigen el desarrollo del sistema de las relaciones sociales, sin tener en cuenta las raíces de éstas en el grado de desarrollo de la producción material; en segundo lugar, las teorías anteriores no abarcaban precisamente las acciones de las masas de la población, mientras que el materialismo histórico permitió estudiar por primera vez con exactitud histórico natural las condiciones sociales de la vida de las masas y los cambios en esas condiciones. La "sociología" y la historiografía anteriores a Marx proporcionaban, en el mejor de los. casos, una acumulación de hechos desnudos, recopilados fragmentariamente, y la descripción de aspectos aislados del proceso histórico. El marxismo indicó el camino para un estudio global y completo del proceso de aparición, desarrollo y decadencia de las formaciones económico sociales, al enfocar el conjunto de todas las tendencias contradictorias, al reducirlas a las condiciones, perfectamente determinables, de vida y de producción de las distintas clases de la sociedad, al eliminar el subjetivismo y la arbitrariedad en la elección de las distintas ideas "dominantes", o en su interpretación, al poner de relieve, que, sin excepción, todas las ideas y todas las diversas tendencias se originan en la condición de las fuerzas productivas materiales. Los propios hombres crean su historia, pero qué determina los motivos de los hombres y en particular de las masas humanas, qué provoca los choques de ideas y aspiraciones contradictorias; cuál es el resultado de todos estos choques en las masas de las sociedades humanas; cuáles son las condiciones objetivas de producción de la vida material que forman la base de toda la actividad histórica de los hombres, cuál la ley de desarrollo de esas condiciones; a todo ello prestó atención Marx e indicó el camino para el estudio científico de la historia, como proceso único, regido por leyes en toda su inmensa variedad y su carácter contradictorio.

La lucha de clases

Es notorio que en una sociedad dada las aspiraciones de algunos de sus integrantes son opuestas a las de otros, que la vida social está llena de contradicciones, que la historia nos muestra la lucha entre pueblos y sociedades, así como dentro de ellas mismas; además, la sucesión de periodos de revolución y de reacción, de paz y de guerra, de estancamiento y de rápido progreso o decadencia. El marxismo nos ha dado el hilo conductor que permite descubrir las leyes que gobiernan este aparente laberinto y caos, a saber: la teoría de la lucha de clases. Sólo el estudio del conjunto de las aspiraciones de todos los miembros de una sociedad o de un grupo de sociedades, puede conducir a una definición científica del resultado de esas aspiraciones. Ahora bien, -la fuente de la que brotan esas aspiraciones contradictorias son las diferencias de posición y de condiciones de vida de las clases en las que se divide cada sociedad. "La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días -dice Marx en el Manifiesto Comunista (exceptuando la historia de la comunidad primitiva, añade más tarde Engels)- es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron en secular antagonismo unos con otros, mantuvieron una lucha constante, ya velada ya abierta; lucha que siempre terminó con la reconstrucción revolucionaria del edificio social o el hundimiento general de las clases contendientes [...]. La moderna sociedad burguesa, que ha brotado de las ruinas de la sociedad feudal, no ha terminado con las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha, por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la .burguesía y el proletariado." Desde los tiempos de la Gran Revolución Francesa, la historia de Europa puso al descubierto en varios países, con particular evidencia, este real trasfondo de los acontecimientos, la lucha de clases. Y ya la época de la Restauración promovió en Francia a algunos historiadores (Thierry, Guizot, Mignet y Thiers) que, al generalizar los acontecimientos, no pudieron dejar de reconocer que la lucha de clases era la clave para la comprensión de toda la historia francesa. La época moderna, por su parte, la época del triunfo completo de la burguesía, de las instituciones representativas, del sufragio amplio (cuando, no universal), de la prensa diaria, barata, que llega a las masas, etc.; la época de las poderosas asociaciones obreras y empresarias cada vez más vastas, etc., muestra con mayor evidencia todavía (aunque a veces en forma muy unilateral, "pacífica" y "constitucional" que la lucha de clases es la fuerza motriz de los acontecimientos. El siguiente pasaje del Manifiesto Comunista nos revela lo que Marx exigía de la ciencia social en cuanto al análisis objetivo de la situación de cada clase en la sociedad moderna, en relación con el análisis de las condiciones de desarrollo de cada clase: "De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrolla de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar. Las capas medias -el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano y el campesino- luchan todas ellas contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado." En una serie de obras históricas (véase la Bibliografía), Marx nos ha legado brillantes y profundos ejemplos de historiografia materialista, de análisis de la situación de cada clase en particular y a veces de los diferentes grupos o capas que existen en una clase, mostrando con claridad por qué y cómo "toda lucha de clases es una lucha política". El pasaje que citamos ilustra cuán intrincada es la red de las relaciones sociales y de los niveles de transición de una clase a otra, del pasado al porvenir, que Marx analiza para determinar toda la resultante del desarrollo histórico.

La doctrina económica de Marx es la más profunda, más completa y detallada confirmación y aplicación de su teoría. LA DOCTRINA ECONÓMICA DE MARX

"Pero la finalidad de esta obra -dice Marx en el prólogo a El capital es, en efecto, descubrir la ley económica que mueve -la sociedad moderna(13), es decir, la sociedad capitalista, burguesa. El estudio de las relaciones de producción de una sociedad dada, históricamente determinada, en su aparición, desarrollo y decadencia: tal es el contenido de la doctrina económica de Marx. En la sociedad capitalista la producción de mercancías es predominante y, por eso, el análisis de Marx comienza con el análisis de la mercancía.

El valor

La mercancía es en primer lugar una cosa que satisface alguna necesidad humana; en segundo lugar, una cosa que puede cambiarse por otra cosa. La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso. El valor de cambio (o, simplemente, valor), es, ante todo, la relación, la proporción en que se cambia cierto número de -valores de uso de una clase por cierto número de valores de uso de otra clase. La experiencia diaria nos muestra que, a través de millones, de miles de millones de esos actos de intercambio, se equiparan constantemente, unos con otros, todo género de valores de uso, los más diversos e incomparables entre si. ¿Qué tienen en común esos diversos objetos, que constantemente son equiparados entre sí en determinado sistema de relaciones sociales? Lo común entre ellos es que todos son productos del trabajo. Al cambiar los productos, los hombres equiparan los más diversos tipos de trabajo. La producción de mercancías es un sistema de relaciones sociales en el cual los distintos productores crean diversos productos (división social del trabajo), y en el cual todos esos productos se equiparan entre sí en el proceso del cambio, Por lo tanto, lo que es común a todas las mercancías no es el trabajo concreto de una determinada rama de producción, no es un solo tipo de trabajo, sino el trabajo humano abstracto, el trabajo humano en general. Toda la fuerza de trabajo de una sociedad dada, representada en la suma del valor de todas las mercancías, es una y la misma fuerza humana de trabajo; así lo demuestran miles de millones de hechos del cambio. Por consiguiente, cada mercancía en particular sólo representa determinada parte del tiempo de trabajo socialmente necesario. La magnitud del valor es determinada por la cantidad de trabajo socialmente necesario o por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía dada o un valor de uso dado. "Al equiparar sus diversos productos entre sí durante el cambio, los hombres equiparan entre sí los diversos tipos de trabajo que realizan. No lo saben pero lo hacen." El valor es, como dijo un viejo economista, una relación entre dos personas; sólo debió añadir: una relación encubierta por una envoltura material. Sólo se puede comprender qué es el valor si se parte del sistema de relaciones sociales de producción de una formación social históricamente determinada, relaciones que se manifiestan en el fenómeno masivo del cambio, repetido miles de millones de veces. Como valores, las mercancías son sólo cantidades determinadas de tiempo de trabajo condensado. Después de analizar en detalle el doble carácter del trabajo materializado en las mercancías, Marx pasa al análisis de la forma del valor y del dinero. Con ello se propone corno meta fundamental estudiar el origen de la forma monetaria del valor, estudiar el proceso hístórico de desenvolvimiento del cambio, comenzando por los actos aislados y fortuitos de trueque ("forma simple, aislada o fortuita del valor", en que la cantidad dada de una mercancia se cambia por la cantidad dada de otra mercancía) hasta dar con la forma universal del valor, cuando varias mercancías diferentes se cambian por una misma determinada mercancía, y llegar a la forma monetaria del valor, en la que el oro es esa mercancía determinada, el equivalente universal. El dinero, producto supremo del desarrollo del cambio y de la producción de mercancías, desvanece, oculta el carácter social de los trabajos individuales, el vínculo social existente entre los diversos productores unidos por el mercado. Marx somete a un análisis extraordinariamente detallado las diversas funciones del dinero, y es de, especial importancia señalar que también en este caso (como, en general, en los primeros capítulos de El capital) la forma abstracta de la exposición, que a veces parece puramente deductiva, es en la realidad la reelaboración de un gigantesco material documental sobre la historia del desarrollo del cambio y de la producción mercantil. "El dinero presupone cierto nivel del cambio de mercancías. Las diversas formas del dinero -simple equivalente de mercancías o medio de circulación, o medio de pago, de atesoramiento o dinero mundial- señalan, según el distinto volumen o predominio relativo de tal o cual función, fases muy distintas del proceso social de producción" (El capital, I).

La plusvalía

Al alcanzar la producción de meréancias determinado grado de desarrollo, el dinero se convierte en capital. La fórmula de la circulación de mercancías era: M (mercancia)-D (dinero)-M (mercancía), o sea, venta de una mercancía para comprar otra. Por el contrario, la fórmula general del capital es D-M-D, o sea, la compra para la venta (con ganancia). Marx llama plusvalía a este incremento del valor primitivo del dinero lanzado a la circulación. Que el dinero lanzado a la circulación capitalista "crece", es un hecho conocido por todo el mundo. Y precisamente ese "crecimiento" convierte el dinero en capital, como relación social, peculiar, históricamente determinada de la producción. La plusvalía no puede brotar de la circulación de mercancías, pues ésta sólo conoce el intercambio de equivalentes; tampoco puede provenir de un alza de los precios, pues las pérdidas y las ganancias recíprocas de vendedores y compradores se equilibrarían; se trata de un fenómeno masivo, común, social, y no de un fenómeno individual. Para obtener plusvalía "el dueño del dinero necesita encontrar en el mercado una mercancía cuyo valor de uso posea la propiedad peculiar de ser fuente de valor", una mercancía cuyo proceso de uso sea, al mismo tiempo, proceso de creación de valor. Y esta mercancía existe: es la fuerza de trabajo del hombre. Su uso es trabajo y el trabajo crea valor. El dueño del dinero compra la fuerza de trabajo por su valor, valor que es determinado, como el de cualquier otra mercancía, por. el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción (es decir, por el costo del mantenimiento del obrero y su familia). El dueño del dinero que compra la fuerza de trabajo tiene derecho a consumirla, es decir, a obligarla a trabajar durante el día entero, por ejemplo, doce horas. Ahora bien, durante seis horas (tiempo de trabajo "necesario") el obrero crea un producto suficiente para cubrir los gastos de su mantenimiento, y durante las seis horas restantes (tiempo de trabajo "adicional") crea un producto "adicional" no retribuido por el capitalista, que es la plusvalia. Por consiguiente, desde el punto de vista del proceso de la producción, en el capital hay que distinguir dos partes: capital constante, invertido en medios de producción (máquinas, instrumentos de trabajo, materias primas, etc.) -y cuyo valor se trasfiere sin cambios (de una vez o en partes) al producto terminado-; y capital variable, invertido en fuerza de trabajo. El valor de este capital no permanece invariable, sino que se acrecienta en el proceso del trabajo, al crear la plusvalía. Por lo tanto, para expresar el grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital, hay que comparar la plusvalía, no con todo el capital, sino sólo con el capital variable. La cuota de plusvalía, como llama Marx a esta relación, será, pues, en nuestro ejemplo de 6: 6, es decir, del 100 por ciento.

Las premisas históricas para la aparición del capital son: en primer lugar, la acumulación de cierta suma de dinero en manos de ciertas personas, cuando existe un nivel general de desarrollo, relativamente alto de la producción de mercancías; en segundo lugar, la existencia de obreros "libres" en un doble sentido -libres de todas las trabas o restricciones impuestas a la venta de la fuerza de trabajo, y libres de tierra y, en general, de medios de producción-, de obreros desposeídos, de obreros "proletarios" que nada tienen para subsistir, excepto la venta de la fuerza de trabajo.

Hay dos métodos principales para poder incrementar la plusvalía: mediante la prolongación de la jornada de trabajo ("plusvalia absoluta") y mediante la reducción del tiempo de trabajo necesario ("plusvalla relativa"). En su análisis del primer método, Marx describe el impresionante cuadro de la lucha de la clase obrera por la reducción de la jornada de trabajo y de la intervención del poder estatal para prolongarla (siglos XVI a XVII) y para reducirla (legislación fabril del siglo XIX). Desde la aparición de El capital, la historia del movimiento obrero de todos los países civilizados ha aportado miles y miles de nuevos hechos que ilustran este cuadro.

En el análisis de la producción de la plusvalía relativa, Marx investiga las tres etapas históricas fundamentales de la elevación de la productividad del trabajo en el capitalismo: 1) la cooperación simple; 2) la división del trabajo y la manufactura; 3) las máquinas y la gran industria. La profundidad con que Marx ha revelado los rasgos básicos, típicos del desarrollo del capitalismo, queda evidenciada, entre otras cosas, por estudios sobre la llamada industria de los kustares en Rusia, que dan un riquísimo material, para ilustrar las dos primeras etapas de las tres mencionadas. En cuanto al efecto revolucionario que produjo la gran industria maquinizada -queMarx describió en 1.867-, el medio siglo trascurrido desde entonces ha venido a ponerlo de manifiesto en toda una serie de países "nuevos" (Rusia, Japón y otros).

Prosigamos. El análisis que hace Marx de la acumulación del capital, es decir, de la trasformación de una parte de la plusvalía en capital, de su empleo, no para satisfacer las necesidades personales o los caprichos del capitalismo, sino para una nueva producción, es en gran medida importante y nuevo. Marx mostró lo erróneo de toda la economía política clásica anterior (desde Adam Smith), que suponía que toda la plusvalía que es convertida en capital pasa al capital variable, cuando en la realidad se descompone en medios de producción y en el capital variable. En el proceso de desarrollo del capitalismo y de su trasformación en socialismo tiene enorme importancia la mayor rapidez con que crece la parte del capital constante (del capital total) respecto de la parte del capital variable.

Al acelerar el desplazamiento de los obreros por la máquina, al producir riqueza en un polo y miseria en el otro, la acumulación del capital genera también el llamado "ejército obrero de reserva", el "excedente relativo" de obreros o "superpoblación capitalista", que reviste las más diversas formas y permite al capital ampliar la producción con extraordinaria rapidez. Esta posibilidad, relacionada con el crédito y con la acumulación de capital en medios de producción, nos da, entre otras cosas, la clave para comprender las crisis de superproducción, que ocurren periódicamente en los países capitalistas, primero cada diez años como término medio, y luego con intervalos mayores y menos precisos. De la acumulación del capital sobre la base del capitalismo hay que distinguir la llamada acumulación primitiva: separación violenta del trabajador de los medios de producción, expulsión del campesino de la tierra, robo de las tierras de la comunidad rural, sistema de colonias y deudas del Estado, impuestos proteccionistas, etc. La "acumulación primitiva" crea en un polo el proletario "libre" y en el otro el dueño del dinero, el capitalista.

Marx: caracteriza la "tendencia histórica a la acumulación capitalista" con las famosas palabras siguientes: "La expropiación del productor directo se lleva a cabo con el más despiadado vandalismo, y bajo el acicate de las pasiones más infames, más sucias, más mezquinas y más desenfrenadas. La propiedad privada fruto del propio trabajo [del campesino y el artesano], y basada, por decirlo así, en la compenetración del trabajador individual e independiente con sus instrumentos y medios de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación de la fuerza de trabajo ajena, aunque formalmente libre [ ... ]. Ahora no se trata ya de expropiar al obrero que tiene una economía independiente, sino de expropiar al capitalista explotador de numerosos obreros. Esta expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes a la propia producción capitalista, por medio de la centralización de los capitales. Cada capitalista quita de en medio a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso del trabajo, la aplicación técnica consciente de la ciencia, la explotación sistemática de la tierra, la trasformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, el entrelazamiento de todos los pueblos en la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista. Conforme disminuye progresivamente el número de magnates del capital que usurpan y monopolizan todos los beneficios de este proceso de trasformación, crece la masa de la miseria, de la opresión, de la esclavitud, de la degeneración, de la explotación; pero crece también la rebeldía de la clase obrera, que es aleccionada, unificada y organizada por el mecanismo del propio proceso capitalista de producción. El monopolio del capital se convierte en traba del modo de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que son ya incompatibles con su envoltura capitalista. Esta envoltura estalla. Le llega la hora a la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados"(14) (El capital, t. I).

También nuevo y de suma importancia es el análisis, que Marx hace más adelante, en el tomo II de El capital, de la reproducción del capital, social considerado en conjunto. Tampoco en este caso toma Marx un fenómeno individual, sino masivo; no toma sólo una parte de la economía de la sociedad, sino toda la economía en su conjunto. Rectificando el error ya mencionado de los clásicos, Marx divide la producción social en dos grandes secciones: I) producción de los medios de producción y II) producción de artículos de consumo, y analiza en detalle, con cifras que pone como ejemplo, la circulación del capital social en su conjunto, tanto en la reproducción de dimensiones anteriores como en la acumulación. En el tomo III de El capital, en base a la ley del valor, se resuelve el problema de la formación de la cuota media de ganancia. Marx dio, en la ciencia económica, el gran paso adelante al tomar, en el análisis de los fenómenos económicos masivos, el conjunto de la economía social, en lugar de tomar casos aislados o de la superficie visible de la competencia, a lo que se limita con frecuencia la economía política vulgar o la actual "teoría de la utilidad máxima". Marx analiza primero el origen de la plusvalía y después continúa considerando cómo se descompone en ganancia, interés y renta del suelo. La ganancia es la relación de la plusvalía con todo el capital invertido en una empresa. El capital con una "alta composición orgánica" (es decir, en el cual el capital constante predomina sobre el variable en proporciones superiores al promedio social) arroja una cuota de ganancia inferior a la cuota media. El capital con una "baja composición orgánica", arroja una cuota de ganancia superior a la media. La competencia entre los capitales, el libre paso de éstos de una rama de producción a otra, reduce en ambos casos la cuota de ganancia a la cuota media. La suma de los valores de todas las mercancías de una sociedad dada coincide con la suma de los precios de las mercancías; pero en las distintas empresas y en las diversas ramas de la producción, las mercancías, bajo la presión de la competencia, no se venden por su valor, sino por el precio de producción, que es igual al capital invertido más la ganancia media.

Por lo tanto, Marx explica cabalmente el hecho notorio e indiscutible de que los precios difieren de los valores y de que las ganancias se nivelan en base a la ley del valor, pues la suma de los valores de todas las mercancías coincide con la suma de los precios. Sin embargo, la reducción del valor (social) a los precios (individuales) no se realiza de modo simple, ni directo, sino por un camino muy complejo: es perfectamente natural que en una sociedad de productores aislados de mercancías, que están vinculados sólo por el mercado, la ley que rige esa sociedad no pueda manifestarse más que como una ley media, social, de masas, con desviaciones individuales en uno u otro sentido que se compensan mutuamente.

Un aumento en la productividad del trabajo implica un crecimiento más rápido del capital constante comparado con el variable. Y dado que la creación de plusvalía es una función de capital variable solamente, se comprende que la cuota de ganancia (o sea, la relación de la plusvalía con todo el capital, y no sólo con su parte variable) tienda a bajar. Marx analiza en detalle esa tendencia, así corno varias circunstancias que la ocultan o contrarrestan. Sin detenemos a exponer las partes extraordinariamente interesantes del torno III, que estudian el capital usurario, comercial y financiero, pasaremos a lo esencial, a la teoría de la renta del suelo. Debido a lo limitado de la superficie de la tierra, que en los países capitalistas es ocupada enteramente por propietarios aislados, el precio de producción de los productos agrícolas, en lugar de determinarse por los gastos de producción en los terrenos de calidad media, se determina por los de calidad inferior; tampoco se determina por las condiciones medias de entrega en el mercado, sino por las peores. La diferencia entre este precio y el precio de producción en las tierras mejores (o en condiciones más favorables) da una diferencia o renta diferencial. Analizando esto en detalle, mostrando cómo surge la diferente fertilidad del suelo y la diferente magnitud del capital invertido en la tierra, Marx reveló totalmente (véase también la Teoría de la plusvalía, en la cual la crítica a Rodberts merece una atención especial) el error de Ricardo, quien consideraba que la renta diferencial sólo se obtiene cuando hay una sucesiva transición de las tierras mejores a las peores. Por el contrario, hay también transiciones inversas: tierras de una clase se convierten en tierras de otra clase (debido a los progresos de la técnica agrícola, a la expansión de las ciudades, etc.), y la famosa, "ley del rendimiento decreciente del suelo", que carga sobre la naturaleza los defectos, las limitaciones y contradicciones del capitalismo, es profundamente errónea. Además, la nivelación de ganancias en todas las ramas de la industria y de la economía nacional en general presupone la plena libertad de competencia, el libre paso de capital de una rama de producción a otra. Sin embargo, la propiedad privada sobre el suelo crea monopolio, el cual estorba ese libre paso. En virtud de ese monopolio, los productos de la agricultura, la que se distingue por una más baja composición del capital y, en consecuencia, por una cuota de ganancia individual más alta, no entran en el proceso totalmente libre de nivelación de la cuota de ganancia. Como un monopolista, el propietario de la tierra puede mantener el precio por encima del nivel medio, y este precio de monopolio crea la renta absoluta. La renta diferencial no puede suprimirse mientras exista el capitalismo; en cambio la renta absoluta pueda serlo; por ejemplo, por la nacionalización de la tierra, convirtiéndola en propiedad del Estado. Esto minaría el monopolio de los propietarios privados, y significaría la más consecuente y más plena aplicación de la libre competencia en la agricultura. Por eso los burgueses radicales, señala Marx, han planteado más de una vez en la historia esta reivindicación burguesa progresista de la nacionalización de la tierra, que asusta, sin embargo, a la mayor parte de la burguesía, pues "afecta"` demasiado de cerca a otro monopolio muy importante y "sensible" en nuestros días: el monopolio de los medios de producción en general. (El propio Marx expone en un admirable lenguaje popular, conciso y claro, su teoría de la ganancia media sobre el capital y de la renta absoluta del suelo, en la carta a Engels del 2 de agosto de 1862. Véase Correspondencia, t. III, págs. 77-81; véase también la carta del 9 de agosto de 1862, íd., págs. 86-87)(15). Con referencia a la historia de la renta del suelo es también importante señalar el análisis de Marx mostrando la trasformación de la renta en trabajo (cuando el campesino crea el plusproducto trabajando en la hacienda del terrateniente) en renta natural o renta en especie (cuando el campesino crea el plusproducto en su propia tierra, entregándolo al terrateniente bajo una "coerción extraeconómica"), después en renta en dinero (que es la misma renta en especie convertida en dinero, el obrok(16) de la antigua Rus, en virtud del desarrollo de la producción de mercancias) y, finalmente, en renta capitalista, cuando en lugar del campesino aparece el empresario en la agricultura, quien se ocupa de ella con ayuda del trabajo asalariado. En relación con este análisis de la "génesis de la renta capitalista del suelo" , hay que señalar una serie de profundas ideas de Marx (de especial importancia para los países atrasados, corno Rusia) acerca de la evolución del capitalismo en la agricultura "La trasformación de la renta natural en renta en dinero va, además, no sólo necesariamente acompañada, sino incluso anticipada por la formación de una clase de jornaleros desposeídos, que se contratan por dinero. Durante el período de nacimiento de dicha clase, en que ésta sólo aparece en forma esporádica, va desarrollándose, por lo tanto, necesariamente, en los campesinos más ricos y sujetos a obrok, la costumbre de explotar por su cuenta a trabajadores agrícolas asalariados, del mismo modo que ya en la época feudal los campesinos vasallos más ricos tenían a su servicio a otros vasallos. Esto va permitiéndoles acumular poco a poco cierta fortuna y convertirse en futuros capitalistas. De este modo va formándose entre los antiguos poseedores de la tierra que la trabajaban por su cuenta, un semillero de arrendatarios capitalistas, cuyo desarrollo se halla condicionado por el desarrollo general de la producción capitalista fuera del campo... (El capital, t.. III, 332)(17) "La expropiación, el desahucio de una parte de la población rural no sólo "libera" para el capital industrial a los obreros, sus medios de vida y sus materiales de trabajo, sino que además crea el mercado interior." (El capital, t. 12 , 778)(18). A su vez, la depauperación y la ruina de la población rural influyen, en la creación del ejército obrero de reserva para el capital. En todo país capitalista "una parte de la población rural se encuentra constantemente en trance de trasformarse en población urbana o manufacturera [es decir, no agrícola]. Esta fuente de superpoblación relativa fluctúa constantemente [...] El obrero agrícola se ve constantemente reducido al salario mínimo y vive siempre con un pie en el pantano del pauperismo" (El capital, 12 , 668)(19).La propiedad privada del campesino sobre la tierra que cultiva es la base de la pequeña producción y la condición para que ésta florezca y adquiera forma clásica. Pero esa pequeña producción sólo es compatible con los estrechos limites primitivos de la producción y de la sociedad. Bajo el capitalismo "la explotación de los campesinos difiere de la explotación del proletariado industrial sólo por la forma. El explotador es el mismo: el capital. Individualmente, los capitalistas explotan a los campesinos individuales a través de la hipoteca y de la usura; la clase capitalista explota a la clase campesina por medio de los impuestos del Estado" (La lucha de clase en Francia)(20). "La parcela del campesino sólo es ya el pretexto que permite al capitalista extraer de la tierra ganancia, interés y renta, dejando al agricultor que se las arregle para sacar como pueda su salario" (El Dieciocho Brunwrio)(21). Es habitual que el campesino hasta entregue a la sociedad capitalista, es decir, a la clase capitalista, una parte de su salario, descendiendo "al nivel del arrendatario irlandés, aunque en apariencia es un propietario privado" (La lucha de clase en Francia)(22). ¿Cuál es "una de las causas por las que en los países en que predomina la pequeña propiedad campesina, el trigo se cotice a precio más bajo que en los países en que impera el modo capitalista de producción?" (El capital, t. III , 340)(23).Es que el campesino entrega gratuitamente a la sociedad (es decir, a la clase capitalista) una parte del plusproducto. "Estos bajos precios [del trigo y los demás productos agricolas] son, pues, un resultado de la pobreza de los productores y no, ni mucho menos, consecuencia de la productividad de su trabajo" (El capital t. III, 340)(24) Bajo el capitalismo, la pequeña propiedad agraria, forma normal de la pequeña producción, se envilece, se destruye, y desaparece. "La pequeña propiedad agraria, por su propia naturaleza, es incompatible con el desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo, con las formas sociales del trabajo, con la concentración social de los capitales, con la ganadería en gran escala y con la aplicación progresiva de. la ciencia. La usura y el sistema de impuestos tienen, necesariamente, que arruinar en todas partes a la pequeña propiedad. El capital invertido en la compra de la tierra es sustraído al cultivo de ésta. Dispersión infinita de los medios de producción y aislamiento de los productores mismos. [Las cooperativas, es decir, las asociaciones de pequeños campesinos, que cumplen un papel burgués extraordinariamente progresista, sólo atenúan esta tendencia, sin llegar a suprimirla; además, no debe olvidarse que estas cooperativas dan mucho a los campesinos acomodados y muy poco o casi nada a la masa de campesinos pobres; tan poco, que las propias asociaciones terminan por explotar trabajo asalariado.] Inmenso derroche de fuerzas humanas; empeoramiento progresivo de las condiciones de producción y el encarecimiento de los medios de producción es una ley necesaria de la pequeña propiedad de la tierra"(25). En la agricultura, lo mismo que en la industria, el capitalismo sólo trasforma el proceso de producción a costa del "martirologio de los productores". "La dispersión de los obreros del campo en grandes superficies vence su fuerza de resistencia, al paso que la concentración robustece la fuerza de resistencia de los obreros de la ciudad. Al igual que en la industria actual, en la moderna agricultura capitalista el aumento de la fuerza productiva del trabajo y la más rápida movilización del trabajo se consiguen a costa de destruir y agotar la propia fuerza de trabajo. Además, todos los progresos realizados por la agricultura capitalista no son solamente progresos en el arte de esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra [...] Por lo tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción, minando al mismo tiempo las fuentes de toda riqueza: la tierra y el hombre" (El capital, I, fin del capítulo 13)(26). El socialismo

Por lo que antecede se ve que Marx deduce la inevitabilidad de la trasformación de la sociedad capitalista en socialista única y exclusivamente de la ley económica del desarrollo de la sociedad moderna. La socialización del trabajo, que avanza con rapidez creciente en miles de formas, y que se ha manifestado con especial evidencia, durante el medio siglo trascurrido desde la muerte de Marx, en el crecimiento de la gran producción los cártels, los sindicatos y los trusts capitalistas, así como en el gigantesco crecimiento del volumen y el poderío del capital financiero, es la base material más importante del advenimiento inevitable del socialismo. El motor intelectual y moral de esta trasformación, su ejecutor físico es el proletariado, educado por el propio capitalismo. Es inevitable que la lucha del proletariado contra la burguesía -que se manifiesta en diversas formas, de contenido siempre más rico- se convierta en lucha política, orientada a conquistar el poder político ("dictadura del proletariado"). Al socializarse la producción es inevitable que los medios de producción pasen a ser propiedad de la sociedad, que se produzca, "la expropiación de los expropiadores". La enorme elevación de la productividad del trabajo, la reducción de la jornada de trabajo y la sustitución de los vestigios, de las ruinas de la pequeña producción, primitiva y desperdigada por el trabajo colectivo perfeccionado: tales son las conclusiones directas de esa transición. El capitalismo rompe de modo definitivo el vínculo de la agricultura con la industria, pero con su elevado desarrollo prepara, a la vez, nuevos elementos de ese vínculo, de unión de la industria con la agricultura sobre la base de la aplicación consciente de la ciencia y la combinación del trabajo colectivo, de una nueva migración de la población (acaba, tanto con el retraso del campo, con el aislamiento del mundo y con el embrutecimiento, cuanto también con la concentración antinatural de gigantescas masas humanas en las grandes ciudades). Las formas superiores del capitalismo actual preparan nuevas relaciones familiares, nuevas condiciones para la mujer y para la educación de las nuevas generaciones: el trabajo de las mujeres y los niños, y la disolución de la familia patriarcal por el capitalismo, revisten inevitablemente en la sociedad moderna las formas más espantosas, desastrosas y repulsivas. No obstante, "la gran industria, al asignar a la mujer, al joven y al niño de ambos sexos un papel decisivo en los procesos socialmente organizados de la producción, arrancándolos con ello de la órbita doméstica, crea las nuevas bases económicas para una forma superior de familia y de relaciones entre ambos sexos. Tan necio es, naturalmente, considerar absoluta la a forma cristiano germánica de la familia, como lo sería atribuir ese carácter a la forma romana antigua, a la antigua forma griega o a la forma oriental, entre las cuales hay, por lo demás, un lazo de continuidad histórica. Y no es menos evidente que la existencia de un personal obrero combinado, en el que entran individuos de ambos sexos y de las más diversas edades, es hoy, en su forma capitalista primitiva y brutal, en que el obrero existe para el proceso de producción y no éste para el obrero, fuente pestilente de corrupción y esclavitud; en condiciones adecuadas debe convertirse, por el contrario, en fuente de desarrollo humano" (El capital, t. 1, final del cap. 13)(27). El sistema fabril nos muestra "el germen de la educación del porvenir en la que, se combinará para todos los niños a partir de cierta edad. el trabajo productivo con la enseñanza y la gimnasia, no sólo como método para intensificar la producción social, sino también como el único método que permite producir hombres plenamente desarrollados" (lugar citado). En ese mismo plano histórico plantea el socialismo de Marx los problemas de la nacionalidad y del Estado, y no se limita a una explicación del pasado, sino que prevé además sin temores el porvenir y la audaz actividad práctica encaminada a su realización. Las naciones son producto inevitable y forma inevitable de la época burguesa de desarrollo de la sociedad. Y la clase obrera no podía fortalecerse, alcanzar su madurez y formarse sin "organizarse dentro de la nación", sin ser "nacional" ("aunque de ningún modo en el sentido burgués"). Pero el desarrollo del capitalismo derriba de más en más las barreras nacionales, acaba con el aislamiento nacional y en lugar de los antagonismos nacionales plantea los de clase. Por eso es una verdad innegable que en los países capitalistas desarrollados "los obreros no tienen patria" y que la "acción común" de los obreros, al menos en los países civilizados, "es una de las primeras condiciones de la emancipación del proletariado" (Manifiesto Comunista)(28). El Estado, esa violencia organizada, surgió inevitablemente en determinada fase del desarrollo social, cuando la sociedad se dividió en clases antagónicas y su existencia se hubiera hecho imposible sin un "poder" situado, en apariencia, por encima de la sociedad y, hasta cierto punto separado de ella. El Estado, que surge dé las contradicciones de clase, se convierte en "el Estado, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para someter y explotar a la clase oprimida. Así, el Estado de la antigüedad era, ante todo, el Estado de los esclavistas, para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado" (Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra en la que el autor expone sus propias ideas y las de Marx). Ni siquiera la república democrática, la forma más libre y progresista del Estado burgués, elimina de ningún modo este hecho; lo único que hace es variar su forma (vínculos del gobierno con la Bolsa, corrupción -directa o indirecta- de los funcionarios y de la prensa, etc.). El socialismo, llevando a la supresión de las clases, lleva por eso mismo a la supresión del Estado. "El primer acto -escribe Engels en el Anti-Dühring- en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad, la expropiación de los medios de producción en beneficio de toda la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención del poder del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y cesará por si misma. El gobierno sobre las personas será sustituido por la administración de las cosas y por la dirección del proceso de producción. El Estado no será ’abolido’; se extinguirá." "La sociedad que reorganice la producción sobre la base de una asociación de productores libres e iguales, enviará la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce" (Engels, en El origen de la familia la propiedad privada y el Estado)(29)

Por último, en relación con el problema de la actitud del socialismo de Marx hacia los pequeños campesinos, que seguirán existiendo en la época de la expropiación de los expropiadores, debemos referirnos a una declaración de Engels, que expresa las ideas de Marx: "Cuando tengamos en nuestras manos el poder estatal, no podremos pensar en expropiar violentamente a los pequeños campesinos (con indemnización o sin ella), como nos veremos precisados a hacer con los grandes terratenientes. Con respecto a los pequeños campesinos, nuestra misión consistirá, ante todo, en convertir su producción individual y su propiedad privada en cooperativa, no de modo violento, sino mediante el ejemplo y ofreciéndoles la ayuda social para este fin. Y entonces es indudable que dispondremos dé suficientes medios para demostrar al pequeño campesino todas las ventajas de semejante paso, ventajas que le deben ser explicadas desde ahora"(30) (Engels, El problema agrario en Occidente, ed. de Alexéieva, pág. 17; la trad. rusa contiene errores. Véase el original en Neue Zeit)(31)

La táctica de la lucha de clase del proletariado

Después de explicar, ya en los años 1844-1845, uno de los defectos fundamentales del antiguo materialismo, que consiste en su incapacidad para comprender las condiciones de la actividad revolucionaria práctica y para apreciar su importancia, durante toda su vida, Marx dedicó constante atención, tanto a los trabajos teóricos, como a los problemas tácticos de la lucha de clase del proletariado. Todas las obras de Marx, y en particular los cuatro volúmenes de su correspondencia con Engels, publicada en 1913, proporcionan a este respecto una documentación copiosísima. Estos documentos distan mucho de estar debidamente recopilados, sistematizados, estudiados y analizados. Por eso tendremos que limitarnos aquí sólo a algunas observaciones muy generales y breves, subrayando que el materialismo, despojado de este aspecto, era justamente para Marx: un materialismo a medias, unilateral, sin vida. Marx trazó el objetivo fundamental de la táctica del proletariado en rigurosa consonancia con todas las premisas de su concepción materialista dialéctica del mundo. Sólo si se tiene en cuenta en forma objetiva el conjunto de las relaciones mutuas de todas las clases, sin excepción, de una sociedad dada y, por lo tanto, también el grado objetivo de desarrollo de esta sociedad, lo mismo que las relaciones mutuas entre ella y otras sociedades, es posible disponer de una base para una táctica correcta de la clase de vanguardia. Ello permite examinar todas las clases y todos los países de modo dinámico, no estático; es decir, no en estado inmóvil, sino en movimiento (cuyas leyes emanan de las condiciones económicas de vida de cada clase). A su vez, el movimiento se estudia, no sólo desde el punto de vista del pasado, sino también del porvenir y, además, nunca con el criterio vulgar de los "evolucionistas", que sólo ven los cambios lentos, sino dialécticamente: "En desarrollos históricos de tal magnitud, veinte años equivalen a un día scribía Marx a Engels-, aun cuando en el futuro puedan venir días en los que estén corporizados veinte años." (Correspondencia, t. III, pág. 127.)(32) La táctica del proletariado debe tener presente en cada etapa de desarrollo, en cada situación, esta dialéctica objetivamente inevitable de la historia humana; por una parte, aprovechando las épocas de estancamiento político o de desarrollo a paso de tortuga, el llamado "pacífico", para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la clase de avanzada, y por otra parte, encauzando toda esta labor de aprovechamiento hacía el "objetivo final" del movimiento de dicha clase, capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas en los grandes días "que concentran en sí veinte años". Sobre esta cuestión hay dos apreciaciones de Marx que tienen gran importancia: una, de Miseria de la filosofía, a propósito de la lucha económica y las organizaciones económicas del proletariado; otra, del Manifiesto Comunista, a propósito de sus tareas políticas. La primera dice así: "La gran industria concentra en un solo lugar a mucha gente que no se conoce entre si. La competencia divide sus intereses. Pero la defensa de su salario, es decir, este interés común frente a su patrono, los une en una idea común de resistencia, de coalición [...] Las coaliciones, al principio aisladas, forman grupos y la defensa de sus asociaciones frente al capital, siempre unido, acaba siendo para los obreros más necesaria que la defensa de sus salarios [...] En esta lucha, que es una verdadera guerra civil, se van aglutinando y desarrollando todos los elementos para la batalla futura. Al llegar a este punto, la coalición adquiere un carácter político." He aquí, ante nosotros, el programa y la táctica de la lucha económica y del movimiento sindical para varias décadas, para toda la larga época durante la cual el proletariado prepara sus fuerzas "para la batalla futura". Compárese esto con las numerosas menciones de Marx y Engels al ejemplo del movimiento obrero inglés, mostrando cómo la "prosperidad" industrial da lugar a intentos de "comprar al proletariado" (Correspondencia con Engels, t. I, pág. 136) y de apartarlo de la lucha; como esta prosperidad en general "desmoraliza a los obreros" (11, 218); cómo "se aburguesa" el proletariado inglés y cómo la más burguesa de las naciones [Inglaterra] aspira, aparentemente, a tener al final, junto con la burguesía, una aristocracia burguesa y un proletariado burgués" (t. II, 290); cómo desaparece en él la "energía revolucionaria" (III, 124); cómo será necesario esperar más o menos tiempo hasta que "los obreros ingleses se libren de su aparente infección burguesa" (III, 127); cómo al movimiento obrero inglés le falta "el ardor de los cartistas" (1866; III, 305); cómo los dirigentes de los obreros ingleses se forman según tipo medio "entre burgués radical y obrero" (habla de Holyoake, t. IV, 209); cómo, en virtud del monopolio de Inglaterra y en tanto no reviente ese monopolio, "no hay nada que hacer con el obrero inglés" (IV, 433). La táctica de la lucha económica en relación con la marcha general (y con el desenlace) del movimiento obrero se examina aquí desde un punto de vista admirablemente amplio, universal, dialéctico y verdaderamente revolucionario.

El Manifiesto Comunista estableció la tesis fundamental del marxismo sobre la táctica de la lucha política: "Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero al mismo tiempo defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de este movimiento."(33) En nombre de ello, en 1848, Marx apoyó en Polonia al partido de la "revolución agraria", es decir, al "partido que efectuó en 1846 la insurrección de Cracovia"(34). En Alemania, Marx apoyó en 1848 y 1849 a los demócratas revolucionarios extremos, y jamás se retractó después de lo que entonces dijo en materia de táctica. La burguesía alemana era para el un elemento "inclinado desde el primer instante a traicionar al pueblo [sólo la alianza con los campesinos hubiera permitido a la burguesía alcanzar plenamente sus objetivos] y a llegar a un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad". Veamos el análisis completo

hecho por Marx de la posición de clase de la burguesía alemana en la época de la revolución democraticoburguesa, análisis que es, entre otras cosas, un modelo de materialismo que enfoca a la sociedad en movimiento y, por cierto, no sólo desde el ángulo del movimiento hacía atrás: " ... sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo; gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo; intimidada por la tempestad mundial; sin energía en ningún sentido y plagiando a todos; sin iniciativa; un viejo maldito que está condenado a dirigir y a desviar, en su propio interés senil, los primeros impulsos juveniles de un pueblo robusto [...]" (Nueva gaceta renana, 1848; véase La herencia literaria, t. III, pág. 212)(35). Unos veinte años después, en carta dirigida a Engels (III, 224), decia Marx que la revolución de 1848 había fracasado porque la burguesía prefirió la paz con esclavitud a la sola perspectiva de luchar por la libertad. Cuando se cerró el periodo revolucionario de 1848-1849, Marx se opuso a cualquier intento de jugar a la revolución (lucha contra Scliapper y Willich), y exigió capacidad para trabajar en la época de una nueva fase de preparación, supuestamente "pacífica", de nuevas revoluciones. Por la apreciación que sigue acerca de la situación de Alemania en los tiempos de la más cerrada reacción, en 1856, se ve con qué espíritu exigía Marx que se realizara esa labor: "Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una segunda edición de la guerra campesina" (Correspondencia con Engels, t. II , pág. 108)(36) . Mientras la revolución democrática (burguesa) en Alemania estaba incompleta, Marx concentró toda su atención en la táctica del proletariado socialista, en desarrollar la energía democrática de los campesinos. Opinaba que Lassalle había cometido, "objetivamente, una traición al movimiento obrero en beneficio de Prusia" (III, 210), entre otras cosas porque se mostraba demasiado indulgente con los terratenientes y el nacionalismo prusiano. "En un país agrario -escribía Engels en 1865, en un cambio de impresiones con Marx a propósito de una proyectada intervención conjunta en la prensa- es una cobardía atacar únicamente a la burguesía en nombre del proletariado industrial, olvidando la patriarcal ’explotación a palos’ de los obreros rurales por parte de la nobleza feudal" (t. III, 217). En el período que va de 1864 a 1870, cuando tocaba a su fin la época en que culminó la revolución democraticoburguesa en Alemania, la época en que las clases explotadoras de Prusia y Austria luchaban por dar cima de un modo u otro a la revolución desde arriba, Marx, que condenó a Lassalle por sus coqueterías con Bismarck, llamó asimismo la atención de Liebknecht, que había caído en la "austrofilia" y asumido la defensa del particularismo. Marx exigía una táctica revolucionaria que fuera tan implacable en la lucha contra Bismarck como contra los austrófilos, una táctica que no se adaptara al "vencedor", al junker prusiano, sino que reanudase inmediatamente la lucha revolucionaria contra él, también en la situación creada por las victorias militares de Prusia (Correspondencia con Engels, 111, 134, 136, 147, 179, 204, 210, 215, 418, 437, 440-441). En el famoso llamamiento de la Internacional del 9 de setiembre de 1870 Marx prevenía al proletariado francés contra un alzamiento inoportuno; no obstante, en 1871, cuando éste a pesar de todo se produjo, acogió con entusiasmo la iniciativa revolucionaria de las masas que "tomaban el cielo por asalto" (carta de Marx a Kugelmann). En esta situación, como en muchas otras, la derrota de la acción revolucionaria representaba, desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx, un mal menor en la marcha general y en el desenlace de la lucha proletaria, que el abandono de las posiciones conquistadas, que la capitulación sin lucha. Esta capitulación habría desmoralizado al proletariado y disminuido su combatividad. Marx, que apreciaba en todo su valor el empleo de los medios legales de lucha en los períodos de estancamiento político y de dominio de la legalidad burguesa, condenó severamente, en 1877 y 1878, después de promulgarse la ley de excepción contra los socialistas(37), las "frases revolucionarias" de un Most; aunque se lanzó quizá más severo aun contra el oportunismo que por entonces se había adueñado temporalmente del partido socialdemócrata oficial, que no había sabido dar pruebas inmediatas de firmeza, decisión, espíritu revolucionario y disposición a pasar a la lucha ilegal en respuesta a la ley de excepción (Cartas de Marx a Engels, VI, 397, 404, 418, 422 y 424. Véanse también las cartas a Sorge).

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