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Carta de renuncia de Carlos Gaviria Díaz a designación del gobierno ecuatoriano

Carlos Gaviria Díaz, Bogotá, noviembre 28 de 2014

Doctor

Rafael Correa Delgado

Presidente de la República del Ecuador

Quito

Apreciado señor Presidente:

Tuvo usted la bondad de designarme como uno de los expertos internacionales de la Comisión para la Auditoria Ciudadana de los Tratados de Protección Recíproca de Inversiones y del Sistema de Arbitraje Internacional en Materia de Inversiones, CAITISA, y éstos, a su vez, tuvieron a bien elegirme su presidente. A usted le agradezco profundamente una designación que me enaltece y a mis colegas de la Comisión la elección tan generosa.

La CAITISA ha venido trabajando intensa y permanentemente en la tarea apasionante y de altísima responsabilidad que usted le adjudicó, tal como puede verificarlo quien quiera que lea los informes periódicos rendidos sobre el desarrollo gradual de sus actividades.

Nada distinto podía esperarse de un grupo de personas de calidades humanas tan sobresalientes y de una cualificación profesional tan alta.

Yo acepté sin vacilar su designación tan honrosa, porque comparto con toda convicción los propósitos que informan su proyecto político consistente, si no lo interpreto de manera equivocada, en reivindicar para su país el ejercicio pleno de la soberanía, en tiempos de signo contrario, y en construir en el Ecuador, una sociedad más equitativa, integrando al goce de los beneficios sociales, inmensos sectores de la población excluidos de ese goce, como sucede en la gran mayoría de los países latinoamericanos.

Hacer frente a la rampante economía de mercado global, reivindicando un espacio donde sea posible el ejercicio soberano del poder, es sin duda una apuesta seductora pero temeraria. Hay que vencer demasiadas circunstancias adversas, y éstas se han ido magnificando como por ensalmo.

Me parece que el fenómeno lo ha captado usted cabalmente, señor Presidente, y como corolario inevitable su horizonte utópico se ha ido menguando y palideciendo. Los indicios son significativos y contundentes. Voy a referirme solo a dos:

1- La conclusión de un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, al modo como ya lo habían hecho Colombia y Perú. Hecho que generó, lógicamente, inquietudes e interrogantes en el seno de CAITISA, por razones que no es preciso hacer explícitas.

Se adujo por algunos voceros de su Gobierno, a modo de justificación, que nada tenía que ver un tratado como ese, con los tratados bilaterales de inversión, objeto de análisis por parte de la CAITISA a la luz del constitucionalismo ecuatoriano más reciente, aunque es evidente que uno y otros son vástagos de una misma política, reverberaciones del darwinismo social que hoy campea sin el menor escrúpulo en todo el planeta.

2- La renuencia, por parte del Gobierno, de llevar a termino el proceso de denuncia de varios tratados bilaterales de inversión, pendiente sólo de una decisión política, aunque la experiencia del país en el ámbito de tribunales internacionales de arbitramento, ha sido no sólo onerosa sino nefasta.

Cuando el primer hecho se produjo en el mes de mayo, les manifesté a mis colegas internacionales de CAITISA mi propósito de renunciar y aduje, como argumento central, mi temor de que ese hecho (la conclusión del TLC) fuera premonitorio de que a nuestro informe final le esperara como destino el cesto de las basuras. Pero ante la insistencia disuasiva de algunos de mis colegas de Comisión, no opuse resistencia terca.

Hoy, para mi, el panorama es aun más claro: el Gobierno verifica con razón que el ámbito de acción soberana se ha reducido tanto que casi se ha extinguido, y que la mas acendrada voluntad política debe rendirse ante la tozudez infinita de los hechos.

Entiendo perfectamente la situación que usted enfrenta, señor Presidente, pero la mía es diferente: apelando a la dicotomía weberiana, usted debe actuar conforme a una ética de la responsabilidad, que es la que incumbe al gobernante. Yo, en cambio, que no tengo esas funciones, puedo seguir actuando según la ética de la convicción, que es la que ha guiado mi comportamiento durante tantos años, y ella me dice que no debo contemporizar con situaciones fácticas que no por irresistibles son menos dignas de censura.

De allí que juzgue mi renuncia irrevocable a la CAITISA, en esta etapa final de su tarea, como la única decisión coherente.

Con la reiteración de mi profunda gratitud y con mis mejores deseos porque su gestión alcance metas tan nobles como las que se ha propuesto, me suscribo, con toda consideración.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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