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Ciento setenta y uno

Eudoro Alvarez Cohecha, Villavicencio, junio 1 de 2016

Esta es la cifra del número de mercados campesinos que se cumplen este sábado en la capital del Meta; proceso que desde enero de 2016, ha sido abandonado a su suerte por la administración del alcalde Barbosa, a pesar de que en su programa de gobierno se comprometió a “Fortalecer los mercados campesinos como instancias de comercialización de la economía campesina y promover actividades que conlleven a una seguridad alimentaria del municipio y sus vecinos”; han transcurrido 150 días sin que desde la Secretaría de Competitividad, la organización campesina responsable de dichos eventos, haya recibido nada distinto de evasivas y promesas alargando las esperas, convertidas en táctica dilatoria que embolatan el compromiso electoral del mandatario municipal.

Se esperaba que dentro del Plan de Desarrollo Municipal, la administración subsanara este protuberante incumplimiento con los labriegos de Villavicencio y en últimas con los consumidores del territorio; conocido el documento puesto a consideración del Concejo Municipal, finalmente aprobado, las dudas que se tenían quedan claras; no hay, por parte de la actual administración municipal, la intención de trabajar en el fortalecimiento de los mercados campesinos; mientras que estos semanalmente se realizan, alternativamente en las comunas siete (7) y uno (1),totalizando cuarenta y cuatro (44) anuales, aparte de otros que tienen lugar en instituciones y lugares específicos, el mezquino plan propone cuatro (4) al año; olvida el ingeniero agrónomo alcalde que la producción y el consumo ocurre de manera permanente; de ahí que la periodicidad no es un capricho sino una necesidad de productores y consumidores.

El acuerdo municipal 272 de 2015, establece: ”La administración municipal promoverá la realización y organización de mercados campesinos semanales, de manera progresiva, en las diferentes comunas de la ciudad de Villavicencio”; la obligatoriedad es clara; si el alcalde Barbosa no está de acuerdo, su obligación legal es proponer al Concejo Municipal la derogación del mencionado acuerdo y tener la entereza de manifestar en público, como corresponde a su jerarquía, su desacuerdo con los aludidos eventos.

Al decir del calificado columnista Alfredo Molano: “En el país funcionan muchos mercados campesinos que mueven miles de millones de pesos y que contribuyen a frenar la ruina de esa frágil y arrinconada economía familiar. Los intereses económicos de los comerciantes y de los políticos son los enemigos declarados de esta modalidad, cooperativa en muchos casos, que podría a la larga mermar el terrible efecto que sobre los campesinos tienen los TLC”: palabras mayores!; no se trata de un simple acto de oferta de productos agropecuarios; tienen que ver, los mercados campesinos, con toda una estrategia de desarrollo rural, en un país en donde las cifras del campo nos causan vergüenza internacionalmente y dolor de patria internamente.

Hay dos maneras de acabar procesos originados en la sociedad civil; una la del alcalde Peñalosa, quien de un plumazo pretende eliminar los mercados campesinos en Bogotá y otra, al estilo Barbosa, alardeando coincidencias y afectos pero promoviendo simultáneamente actos de gobierno que los desdibujan; ambos métodos son igualmente dañinos, solo que uno es abierto y frentero mientras el otro es ladino y solapado.

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