Con la arrogancia propia de los funcionarios del orden nacional, vino la semana pasada el director del Invías, Carlos Rodado. Es la enésima visita en los últimos 6 meses, presionadas todas por los parlamentarios y gobernantes del departamento y los municipios, que a diario reciben las quejas y reclamaciones airadas de los usuarios de la red vial regional: principal, secundaria y terciaria. Todas en proceso de deterioro creciente tras 25 años de abandono. Una situación que amenaza con paralizar las actividades de desplazamiento y transporte de personas, productos y servicios. De norte a sur, de oriente a occidente, no hay región o municipio que no tenga sus vías convertidas en trochas, donde los puentes no hayan colapsado, donde el costo de movilización no se haya encarecido. Ante este panorama es natural que la ciudadanía reaccione y proteste, exigiendo soluciones y llegue hasta las vías de hecho, como en el reciente paro del occidente por la suspensión del puente del Paso del Colegio –que entre otras cosas ya va siendo hora de hacerle la torta de cumpleaños–.
La respuesta del gobierno nacional ha sido vaga, irresoluta e irrespetuosa. Siendo la Nación la responsable de la construcción y mantenimiento de las vías regionales, dado que la descentralización territorial iniciada en 1986 contemplaba el traspaso de esta obligación a departamentos y municipios para asumir las vías secundarias y terciarias, respectivamente, transferencia que se hizo en el papel, pues no transfirió recursos para atenderlas, su obligación es responder ante los ciudadanos y los gobiernos regionales y locales.
Fuera del puente del Paso del Colegio, donde a pesar de la gravedad que tiene el aislamiento del occidente, la entrega del viaducto se ha aplazado dos o tres veces y aún no se tiene fecha cierta de reparación, las ofertas para atender las necesidades urgentes como: la pérdida de la banca en el sitio Los Altares en la vía Hobo-Gigante; o el destruido tramo Garzón-Altamira; o la desaparición de la vía en las cercanías de Timaná o en el sitio de Puerto Seco; o el tramo de la vía Pitalito-San Agustín, para hablar de vías que son responsabilidad directa de la Nación, donde además cobra peaje por su uso, para cuya reparación ofreció a finales del año pasado 1900 millones de pesos, aun no se ha iniciado trabajos. Para las vías terciarias ofreció en Foro realizado en Garzón cerca de 24.000 millones de pesos, para arreglar una vía por municipio, con la condición de recibir la responsabilidad de mantener la totalidad de las vías terciarias, cuando las necesidades apremiantes se acercan a los 200.000 millones. Para las vías secundarias responsabilidad del departamento no hay ofrecimiento de un solo peso.
Si esto no es una burla a los requerimientos de los huilenses, no sabría entonces como denominarla. Pero lo que más desconcierta es la actitud de la clase dirigente regional, empezando por la señora gobernadora, pues al desprecio con que nos tratan se les responde con recibimiento de prócer: ágapes, comilonas con los consabidos jugos de cholupa y achiras. Nuestros políticos no han entendido que el juego del poder es un asunto de fuerza. Si no se ejerce presión no se obtiene nada. Que miren a los paisas, los costeños, los vallunos…, que son insaciables y muestran los dientes todos los días (pregúntenle a Santos). Las achiras y la cholupa dejémoslas para el anecdotario cultural.
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