No hay unanimidad sobre Plan de Desarrollo, existen al menos 4 puntos de vista. El plan está concebido sin medidas efectivas para combatir la pobreza, la iniquidad y el atraso. Parece vaciado en una “forma minerva” diseñada por Planeación Nacional y tiene propósitos tan gaseosos como el de la administración anterior. No avanza en la reducción del impacto desastroso del neoliberalismo y los TLC. Su base presupuestal es cicatera y enana como las metas y los indicadores. En educación y salud hay metas que significan retroceso. Sigue tratando a muchos mineros como ilegales y no establece una meta importante en materia de formalización. No es aceptable la propuesta de crear una EPS mixta. Pequeños avances en programas sociales no justifican el retroceso en salud. Continúa la política de entregar recursos al gobierno nacional para infraestructura. En política agraria propone intervención en sectores que ocupan poco territorio y población y abandona la mayor parte de los cultivos tradicionales. La mención de Urabá como una línea estratégica con escasos recursos es demagógica y oculta las otras subregiones. Antioquia sin fronteras es un plan que ayuda a disfrazar el raponazo de Santos a las regalías de los municipios y departamentos petroleros y carboníferos. Que el Gobernador Fajardo haga bien las cuentas sobre su votación.
En primer lugar quiero expresar que en este recinto hay al menos cuatro puntos de vista acerca de este Plan de Desarrollo. Uno, es la de aquellos que tienen lo que yo he denominado vocación de tapete o alfombra roja, al expresar su ansiedad de servir para que príncipes y celebridades caminen sobre ellos, dispuestos a votar lo que sea, con tal de congraciarse con el gobernante de turno, grupo al que desde luego no pertenezco.
Otro es el de aquellos que sinceramente creen en las bondades de este proyecto de Plan de Desarrollo. Posición respetable pero que desde luego no comparto, y que espero argumentar con la precisión que el poco tiempo permite. Un tercer grupo está compuestos por aquellos Diputados consideran el Plan pobre, insuficiente y hasta mediocre, pero de manera autónoma han decidido votarlo, acompañarlo su voto con una constancia en la que se hacen las observaciones que consideran siguen sin resolver. Esa decisión la han adoptado porque consideran que es mejor votarlo para contribuir a que se cree el instrumento y que este sea mejorado con el transcurso del tiempo. Respeto el punto de vista profundamente, pero no lo comparto.
Nuestro punto de vista es el del POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO que en Antioquia ha considerado que este Plan debiera ser adoptado por decreto por el Gobernador y su equipo, con el propósito que ellos asuman toda la responsabilidad política que ello conlleva.
Sobre la concepción del Plan
El Plan de Desarrollo ha sido publicitado como el conjunto de líneas, componentes, programas y proyectos tendientes a avanzar fundamentalmente en propósitos como la defensa de la legalidad y la transparencia en el manejo de los recursos públicos, la reducción de la desigualdad y la pobreza y el impulso a la educación como motor del desarrollo.
Sin embargo, al comparar los propósitos generales con los recursos asignados y con la orientación precisa de cada una de las líneas estratégicas, se concluye que los primeros no se corresponden con las herramientas señaladas como las idóneas para su logro.
Todos los Planes de Desarrollo se han convertido en unas especies de “saludos a la bandera” que se plasman en un formato parecido a una “forma minerva” diseñada por el Departamento Administrativo de Planeación Nacional. Un conjunto de loables objetivos etéreos y gaseosos, descritos con frases que suenan bien a los oídos de casi todo el mundo, pero al tratar de aterrizarlos chocan con la pobreza de recursos.
Esa realidad tiene que ver con un hecho que soslayan estas formulaciones de los Planes de Desarrollo: la iniquidad, la desigualdad, la pobreza, el atraso y todas las demás lacras que se promete combatir, tienen origen en los enormes privilegios que un puñado de monopolios nacionales y extranjeros han logrado imponer mediante unas normas constitucionales, legales e incluso de rango inferior, como ordenanzas y acuerdos municipales.
De esta forma vivimos en una sociedad en la que las normas tributarias están hechas para soportar la mayor parte de los ingresos del Estado en las rentas de trabajo y las cargas impositivas de carácter indirecto, por definición regresivas, como el IVA, al tiempo que se colma de exenciones a multinacionales mineras, monopolios financieros, inversionistas especulativos o grandes concesionarios y contratistas del Estado. Todo en el marco del avance de la globalización neoliberal o del libre comercio.
Para leer el resto de la constancia siga este enlace: http://www.jorgegomezdiputado.org/i...
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