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De genomas y de traiciones

Guillermo Guevara Pardo, Bogotá, mayo 25 de 2014

Cuando en el pequeño huerto de su monasterio, entre 1856 y 1863 experimentando con plantas de arveja el padre Gregorio Mendel descubrió las primeras leyes de la herencia, la humanidad empezó a comprender un fenómeno que tardó siglos en ser explicado: cómo se transmiten ciertos caracteres de una a otra generación. En ese momento no había claridad conceptual sobre el soporte celular ni molecular de la herencia. En la primera mitad del siglo XX logró demostrarse que la molécula del ácido desoxirribonucleico (ADN) era la responsable de esa función, pero aún no se había avanzado nada en el conocimiento de su estructura. Es en el meridiano del mismo siglo que James Watson, Francis Crick, Maurice Wilkins y Rosalind Franklin logran dilucidar la forma de la molécula de la herencia, triunfo científico que le significó a los tres primeros el Premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1962. Franklin había muerto en 1958 víctima de un cáncer de ovario.

Hoy es mucho lo que la ciencia ha logrado desentrañar sobre la estructura y la función del ADN. Las características que un ser vivo hereda de sus progenitores están codificadas en las dos hebras de la estructura helicoidal de ese ácido nucleico. La información allí contenida se organiza en paquetes discretos llamados genes: caracteres como el color de los ojos, el grupo sanguíneo o la textura del cabello están determinados por genes localizados en algunas de las 46 moléculas de ADN que se alojan en el interior del núcleo de cada una de las células del cuerpo humano. Y así mismo acontece en todos los demás organismos vivos con los rasgos genéticamente determinados. Es así que al conjunto de genes que posee cualquier forma de vida se conoce con el nombre de genoma. El genoma humano, se calcula, está conformado por unos 20.000 a 25.000 genes diferentes. La información almacenada en los genes se materializa en forma de unas moléculas de naturaleza diferente a la del mismo ADN: las proteínas, que son las moléculas que ejecutan las órdenes almacenadas en el ADN. Algunos genes tienen la posibilidad de codificar más de una proteína diferente.

La manipulación del ADN ha dado origen a una poderosa y prometedora tecnología: la ingeniería genética, con importantes aplicaciones en la industria, la agricultura y la medicina, algunas de las cuales ya son de amplio uso en el mundo entero como es el caso de la insulina humana recombinante, que tantos beneficios ha traído a quienes padecen de diabetes. Pero aún son muchas las posibilidades técnicas que se esconden el los genomas de los diversos organismos vivos. Las grandes multinacionales de la farmacología tienen sus codiciosos ojos puestos en este moderno “dorado” genético; han visto allí una mina por explotar, de la cual piensan sacar astronómicas ganancias favorecidas por los acuerdos pactados en los tratados de libre comercio.

Colombia es un país que goza de una gran diversidad biológica: en los genomas de sus plantas, hongos, animales, bacterias, virus se almacena información con posibilidades de inimaginables aplicaciones tecnológicas. Esta riqueza debe ser investigada y aprovechada para el avance de la ciencia y la tecnología de la nación y del mundo. Hasta el día de hoy, lamentablemente, ha sido muy poco para el país lo que de ella se ha logrado obtener. Y resulta que ahora, como lo ha denunciado el senador Jorge Enrique Robledo, en abyecta actitud Juan Manuel Santos pretende entregarle todo ese potencial biológico a algunas multinacionales (Monsanto, Bayer, Syngenta) para que ellas saqueen sin ningún pudor nuestra riqueza genética. De esta manera las seguirá haciendo aún más felices de lo que hasta ahora han sido con la apropiación y explotación sin límites del petróleo, el carbón, el oro, el agua, la energía eléctrica, el espectro electromagnético y con cuanto recurso animado o inanimado se encuentra en el territorio nacional. Otro pecado capital más que se agrega a la ya larga lista de traiciones del santismo en el poder y de sus compinches de la Unidad Nacional.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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