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Defender la ciencia en Colombia

Guillermo Guevara Pardo, Bogotá D.C., septiembre 24 de 2016

El pasado 19 de septiembre se llevó a cabo en el recinto del Congreso Nacional una Audiencia Pública convocada por iniciativa de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y del senador del Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo. Acontecimiento inédito en la historia científica y política del país y precipitado por el lamentable estado en que se encuentra la ciencia colombiana, víctima de las políticas neoliberales con que se ha gobernado Colombia en los últimos 25 años y profundizadas al máximo durante el mandato de Juan Manuel Santos. El evento contó con la participación de lo más representativo del quehacer científico nacional, tanto del campo de las ciencias naturales como de las sociales.

Tirios y troyanos reconocen el significado que la ciencia tiene para el desarrollo material y espiritual de cualquier país. Pero en el nuestro, ningún gobierno ha tenido interés por apoyar significativamente la ciencia y la tecnología, no por desconocimiento de su importancia, sino porque los intereses de quienes nos mal gobiernan no son los de la Nación sino los de las potencias extranjeras y los del puñado de criollos que se lucran, ¡y de qué manera!, con las desgracias de las mayorías. Las cifras y los hechos prueban que lo dicho hasta aquí no es un lugar común. Veamos:

-  Colombia invierte apenas un 0,23% del producto interno bruto (PIB) en Investigación y Desarrollo mientras que en Corea del Sur, un país que hasta hace algo así como 50 años era más atrasado que el nuestro, el gasto es del 4,04%, es decir, ¡casi 18 veces más! El cuadro se hace más dramático cuando nos comparamos con tres vecinos regionales: Brasil 1,21%, Argentina 0,65%, Chile 0,7%. Estamos casi iguales a países como Mongolia (0,23%), Armenia (0,23%) o Pakistán (0, 29%). Colombia se sienta en el último vagón del tren del conocimiento y la tecnología.

-  Los tratados de libre comercio (TLC) que se han firmado con Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Corea del Sur y otros países han golpeado severamente la industria, que ha sido motor fundamental para el progreso de la humanidad y un importante campo para las aplicaciones científicas: en la década de los años 1980 la actividad industrial representaba un 20% del PIB, hoy apenas alcanza un lánguido 12%.

-  Colombia tiene 164 investigadores por cada millón de habitantes, mientras que Israel posee 8.282, Finlandia 7.460, Corea del Sur 6.391, Suecia 5.163, Malasia 1.793, Argentina 1.225.

-  En 2013 los científicos colombianos publicaron 4.068 artículos en revistas científicas y técnicas, 149 veces menos que la Unión Europea (605.535); 101 veces menos que Estados Unidos (412.541); 25 veces menos que Japón (103.376). En América Latina también nos arrasan: Brasil 48.000 publicaciones, México 13.000 y Argentina 8.000.

-  80% de las exportaciones colombianas tienen cero o escasa transformación tecnológica; 76% de las de Estados Unidos son productos de alta o mediana tecnología. Una importante fracción del PIB estadounidense proviene de las aplicaciones tecnológicas de la mecánica cuántica.

-  El presupuesto dedicado a Colciencias apenas alcanza un irrisorio 1% del Presupuesto General de la Nación y la intención es seguir llevándolo a la baja, así Santos y sus áulicos pregonen lo contrario.

-  La estructura física de la principal institución pública de educación superior, la Universidad Nacional, se cae a pedazos y las demás universidades estatales apenas sobreviven en medio de la estrechez presupuestal.

-  A los científicos que hagan recolección de especies animales para estudiar la rica biodiversidad de nuestro territorio, el Gobierno pretende cobrarles una tasa compensatoria por cada individuo recolectado. Los recursos naturales por sí solos son un lujo, se necesita conocerlos a través de la ciencia para sacar de ellos el provecho necesario para la mayoría de los colombianos. ¿Cuántas moléculas con importantes aplicaciones tecnológicas se esconden en la intimidad de la flora, fauna y microorganismos de nuestros ecosistemas? ¿Por qué los investigadores tienen que pagar por algo que después podría traer beneficios económicos al propio Estado?

-  El 100% de los recursos del Fondo de Investigación en Salud (FIS) hoy administrados por Colciencias, se pretende transferirlos al ICETEX con el objeto de financiar becas-crédito para la formación de médicos especialistas. Si la medida se concreta, se abandona la investigación de enfermedades particulares del trópico que a las multinacionales farmacéuticas o a otras instituciones no les interesa investigar. Los dineros que llegarán al ICETEX pasarán de 20 mil millones a 60 mil millones. No es quitándole recursos a la investigación en salud como se debe resolver el problema del déficit de profesionales en ciertas especialidades médicas.

Todos los ponentes que participaron en la audiencia estuvieron de acuerdo en la necesidad de que el Estado financie la investigación en ciencia básica, que no es un lujo de los países ricos, pues ninguna nación en el mundo ha desarrollado su ciencia con el dinero de otra. Tenemos problemas específicos que se deben solucionar haciendo ciencia básica. El Conpes de Ciencia que prepara el Gobierno no apunta a resolver los graves problemas que están afectando hoy a la ciencia colombiana; es un documento más para la competitividad, que para la ciencia y la tecnología; competitividad puede ser cualquier cosa, no necesariamente ciencia. El texto tiene graves confusiones conceptuales y en su elaboración la opinión de la comunidad científica no ha sido tenida en cuenta. Los cerebros se fugan después de lograr importantes aprendizajes en el exterior pues en el país no encuentran el ecosistema apropiado para trabajar: salarios dignos, estabilidad laboral, laboratorios adecuados, instituciones debidamente financiadas donde desarrollar sus conocimientos, facilidades para pagar sus créditos. Si por estos lares se hubiera acumulado un importante acervo en el conocimiento de los fenómenos geológicos, el impacto de la erupción del volcán Nevado del Ruiz el 13 de noviembre de 1985 seguramente habría sido menor y hoy no estaríamos recordando que ese fenómeno natural causó la muerte de unos 25.000 compatriotas y la destrucción de Armero. De allí la importancia del estudio de los fenómenos eléctricos de origen atmosférico para evitar daños a las redes de conducción de electricidad, equipos electrónicos, aeropuertos, campos petrolíferos y mineros, así como disminuir en el país la mortalidad humana (una de las más altas del mundo) causada por las descargas eléctricas. Esas investigaciones son además un aporte al conocimiento universal de este fenómeno físico. Se requiere también adelantar investigaciones en fuentes de energías alternativas teniendo en cuenta las condiciones propias de nuestro territorio y sus habitantes, por ejemplo, en políticas de energización rural. No se puede permitir que a los colombianos se les niegue otro derecho más: “soñar con ser científicos”, como con acierto lo resaltó el doctor Luis Caraballo de la Universidad de Cartagena.

Razón de sobra tiene el eminente neurobiólogo Rodolfo Llinás cuando en su momento señaló que: “Colombia no está dando todo lo que puede dar desde el punto de vista humano. Definitivamente nuestros artistas son fantásticos, nuestros escritores son fantásticos, pero nuestros científicos no pueden ser fantásticos. No porque falte capacidad, sino porque simplemente no existe el interés ni la voluntad social y política necesaria para sostener un eje científico fuerte”.

Sin ciencia Colombia está condenada al fracaso, a permanecer en el subdesarrollo y sometida a los dictámenes de lo que decidan las grandes potencias. Para salir del atraso que nos agobia hay que hacer ciencia. La política de Santos en este crucial asunto se reduce a apoyar la innovación que prepare la mano de obra que requiere la maquila, los TLC y el libre comercio. Como el Presidente no escucha, se hace necesario que otros miembros de la comunidad científica ayuden a aumentar los decibeles del grito de rebeldía que un puñado de académicos colombianos ha hecho para defender la posibilidad de tener una ciencia digna para el país. Es deber de todo demócrata respaldar esta patriótica tarea.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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