Por considerarlo un documento de gran importancia tanto por su contenido como por el rango de quien la escribe, Tribuna Magisterial transcribe algunos apartes destacados de la carta que recientemente dirigió Ramsey Clark, Ex-Fiscal General de E.E.U.U. y actual presidente de International Action Center, al Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Anán:
«Estimado secretario general:
Solo una firme oposición a la guerra puede salvar a las Naciones Unidas (NNUU). Los pueblos y las naciones del mundo están pendientes de que NNUU prohíba a EEUU lanzar una guerra de agresión contra Iraq. Este es el propósito para el que se creó NNUU. Fracasar en una oposición firme contra la acción militar en Iraq, en clara violación de la Carta de NNUU y del Derecho Internacional, hará irrelevante a las NNUU o, aún peor, contribuirá a hacer apología de una superpotencia agresora.(...)
Lejos de ser una amenaza para EEUU o para ningún otro pueblo, Iraq ha sido la víctima de la agresión de EEUU durante doce años. EEUU admite que entre el 16 de enero de 1991 y el 1 de marzo del mismo año, lanzó 88.500 toneladas de bombas (siete veces y media más de las lanzadas en Hiroshima) sobre el indefenso Iraq. EEUU señaló como objetivos y destruyó partes esenciales de la infraestructura civil que aseguraba la vida de los iraquíes: sistemas de agua, viaductos, estaciones de bombeo, plantas de filtración, producción de alimentos, plantas de procesamiento y almacenes, infraestructuras, servicios y equipamientos médicos, transportes, comunicaciones, viviendas, escuelas, mezquitas, iglesias y sinagogas.
Cuando se pidió su valoración sobre el asalto de 1991 a Colin Powell, por entonces el oficial de más alto rango de las fuerzas armadas de EEUU, en la actualidad secretario de Estado de la Administración Bush, Powell contestó: «No es algo que me interese demasiado».
EEUU estableció las bajas propias en 157. Más de un tercio lo fueron como consecuencia de fuego amigo; el resto debido a fallos mecánicos y a accidentes. Las bajas iraquíes fueron repetidamente estimadas por el General Norman Schwartzkopf aproximadamente en 100.000 en marzo de 1991. The Wall Street Journal informó que el general Schwartzkopf proporcionó un informe al Congreso de EEUU en el que se calculaba que 100.000 soldados iraquíes murieron el 20 de marzo de 1991. La Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) estimó oficialmente el 25 de mayo de 1991 100.000 bajas iraquíes. The London Times informó de que según las estimaciones de las agencias de inteligencia aliadas, los soldados iraquíes asesinados fueron unos 200.000. The Nouvelle Observateur informó que los servicios de inteligencia de Francia situaban las muertes de tropas iraquíes en un total de 200.000. Un ex secretario de la Marina estimó igualmente que fueron 200.000 los soldados iraquíes asesinados.
Decenas de miles de civiles murieron durante los 42 días y noches de constantes bombardeos producidos en 110.000 despliegues aéreos estadounidenses y en un promedio de uno cada 30 segundos. Directamente como consecuencia de los bombardeos y de los accidentes que causaron, por la falta de medicinas para tratar heridas y por las malas condiciones del agua provocadas por los bombardeos, murieron civiles iraquíes. El sistema público de agua no funcionó durante las 24 horas después de los primeros ataques. Miles murieron por beber aguas contaminadas, a menudo de los ríos Tigris y el Eúfrates. 9.000 hogares de civiles fueron destruidos. La mayoría de los hospitales resultaron dañados.
Más mortales que aquellos bombardeos, los doce años de sanciones han inflingido la muerte a más de 1.500.000 personas en Iraq, en su mayoría niños y niñas menores de cinco años.(...)
Ningún análisis racional puede apoyar la guerra contra Iraq sobre la base del miedo a que este país disponga en la actualidad, o pudiera desarrollar y utilizar en el futuro, armamento de destrucción masiva. Iraq no utilizó tal armamento cuando fue bombardeado de manera inmisericorde en 1991; EEUU insiste falsamente en que Iraq usó armas de destrucción masiva «contra su propio pueblo» durante la guerra contra Irán. Vea el artículo de Stepphen en The New York Times del 31 de enero de 2003 titulado «Iraq no fue el culpable de la masacre de Halabya». Iraq no ha usado armamento de destrucción masiva durante los doce años de sanciones.
Los inspectores de NNUU han investigado en Iraq durante casi los doce años pasados y no han hallado nada. Los inspectores de NNUU han reducido el riesgo de que Iraq pudiera desarrollar, usar o proporcionar a terceros armas de destrucción masiva bastante por debajo del riesgo que comportan otras más de cuarenta naciones de las que se sabe poseen o, se considera que están desarrollando, tales armas. El presidente Bush ha amenazado con usar armas nucleares contra Iraq. Cualquier esperanza optimista para la eliminación y para la prevención futura de armas de destrucción masiva debe comenzar por las naciones que se sabe que las poseen, incluyendo los propios Estados Unidos. (...)
La única explicación racional para la guerra contra Iraq es la intención de EEUU de controlar y explotar el petróleo iraquí, utilizar su venta para pagar el coste de la guerra y de la ocupación, beneficiar a las compañías y a la industria petrolera estadounidenses con adjudicaciones de contratos, controlar el precio del petróleo para enriquecer a EEUU y extender el poder geopolítico de EEUU en la región.(...)
Naciones Unidas y cada una de sus naciones deben decir «No a la guerra».
Sinceramente,
Ramsey Clark
La carta es contundente: Está claro, desde la óptica de un alto ex-funcionario de E.E.U.U., que la pretensión de Bush es la de resolver sus problemas estratégicos de abastecimiento del principal recurso energético, a través de un violento raponazo a uno de los principales productores del vital líquido, a costa de la devastación de un vasto territorio y el asesinato a sangre fría de cientos de miles de personas. De ahí el repudio mundial que ha desatado.
Los colombianos no podemos ser inferiores a los pueblos del resto del mundo. Debemos movilizarnos vigorosamente contra la guerra de agresión de Bush a Iraq y contra su ingerencia en muchos países del mundo, incluido, por supuesto, el nuestro, en el que ha aumentado en las últimas semanas su presencia militar con el pretexto de rescatar a tres norteamericanos secuestrados.
¡FUERA YANQUIS DE IRAK! ¡FUERA YANQUIS DE COLOMBIA!
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