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EL PROBLEMA ES DE SOBERANÍA

En medio de la ruina del sector productivo, del desempleo y del hambre, los cuales se expresan en los peores indicadores económicos de la historia del país, y sin que haya esperanzas de que la economía reaccione mientras se sigan aplicando las mismas orientaciones que han producido el desastre, los colombianos se preguntan: ¿No demuestran nueve años de experiencia en Colombia el fracaso de las políticas de apertura y privatización? ¿No ha fracasado el neoliberalismo aquí y en todas partes? Y si es así, ¿por qué insiste Pastrana en imponer unas medidas que no funcionan?

La respuesta es sencilla. La apertura y la privatización no tienen efectos neutrales. Como dicen los economistas, el neoliberalismo es un ejercicio de suma cero: lo que unos pierden, otros lo ganan. Las importaciones arrasan al agro y a la industria nacional, pero enriquecen a los productores extranjeros; las privatizaciones lesionan a la nación, pero lucran a los monopolistas compradores; las gabelas al capital financiero empobrecen a los colombianos, pero le sirven al parasitismo especulativo internacional; y así, en cada relación en la que Colombia sufre, acumula riqueza el capital transnacional, y principalmente el norteamericano, el cual es favorecido porque ha logrado mantener en la dirección del Estado a los grupitos de criollos que lo representan, quienes, por supuesto, reciben un pago por sus servicios.

El peor problema que tiene Colombia, y el que supedita a los restantes, es el de la pérdida de su soberanía nacional, es decir, el de haber perdido su capacidad para decidir de manera autónoma lo que mejor le conviene a los intereses del conjunto de la nación. Luego de casi un siglo de sometimiento de todos los gobiernos a lo que diga el imperio norteamericano, sumado a lo ocurrido en la última década de dominación descarada y brutal, ya no hay dudas: girar en la órbita imperial significa que el país sólo podrá tener, en el mejor de los casos, el desarrollo atrofiado que tenía antes de la apertura y, en el peor, la enorme destrucción de riqueza a la que ha sido sometido desde el gobierno de César Gaviria. En estas circunstancias, el progreso nacional ha sido, es y será la excrecencia de lo que le convenga a los monopolios gringos y, especialmente, a su oligarquía financiera. Mientras la nación no rescate su soberanía le ocurrirá lo que le sucede al empresario al que sus competidores le invaden sus predios, se le apoderan de sus productos, le arrebatan sus clientes y hacen y deshacen en función de sus particulares y excluyentes conveniencias.

Los colombianos que no tienen consciencia de la gravedad implícita en la pérdida de la soberanía nacional, no es porque no haya pruebas a porrillo de lo perdida que está, como lo sabe cualquier persona medianamente informada. Lo que ocurre es que en este terreno se desarrolla una gran batalla ideológica. Mientras los patriotas hacemos esfuerzos por resaltar la gravedad de esta situación, el imperio y sus agentes en Colombia utilizan todo el peso de su poder para inducir cualquier teoría que responsabilice del desastre nacional a cualquier cosa, a lo que sea, menos al control que ejerce el gobierno de los Estados Unidos sobre las decisiones fundamentales del país. La lista de distractores la encabeza - obviamente, y así con mayúsculas - La Corrupción, fenómeno que se señala como el principal culpable de todo lo malo que ocurre en Colombia, pero del cual, de manera notoriamente sospechosa, se exime a la descomunal corruptela que tiene que engrasar las relaciones entre el país y el capital extranjero.

Si hasta hace unos pocos años alguien podía tener la esperanza de que la prosperidad le llegaría a Colombia si se esperaba con paciencia el resultado de la "ayuda" norteamericana, hoy ya está claro que esa "ayuda" siempre fue la carnada que permitió que el anzuelo se clavara en la garganta de la nación, maniobra que en la etapa aperturista y privatizadora se agrava porque se hace con un cebo cada vez más pequeño y un arpón cada vez mayor, como corresponde con la etapa de recolonización en marcha. De ahí que a Pastrana y a sus cortesanos apenas les haya quedado anunciar cada semana "reactivaciones" mentirosas, en tanto en privado esgrimen la más antidemocrática y antipatriótica de las tesis: el modelo de sometimiento a los intereses norteamericanos no le sirve a Colombia, pero lo mejor es negar su existencia y seguir sacándole provecho personal a la situación. No hay que ser un mago para darse cuenta que el FMI y el gobierno no impulsan una política de desarrollo, sino una política que termine por acostumbrar a los colombianos a vivir con más pobreza que la que padecían antes.

El problema que tienen los imperialistas gringos con su política de recolonización es que cada vez excluye a más gente; con cada día que pasa disminuye el número de los beneficiados y el de los que logran sobreaguar en el naufragio, en tanto muchos sectores medios y hasta "ricos" se suman a las legiones de desposeídos a las que ya ni siquiera les caen las migajas que antes les caían de la pequeña mesa donde se celebra el banquete imperial. Y esa realidad, inevitable mientras no se modifique su causa, terminará por abrirle camino a la más gigantesca unión de patriotas que se haya dado en Colombia desde la liberación del yugo español, unidad que deberá darse principalmente en torno a una idea que ya ha demostrado su acierto histórico: la prosperidad es el bien del que sólo disfrutan las naciones que son capaces de ganar y mantener el derecho a decidir de manera soberana sobre sus asuntos.

Una mayoría accionaria bien discutible

Sin consultar con nadie, el gobierno nacional decidió dar inicio al proceso de privatización de la Chec. Esta decisión arbitraria la hizo prevalido en que posee el 50,045 por ciento de las acciones de la empresa, aventajando en apenas el 0,095 por ciento a los accionistas que pertenecen a la región. Si se suman las acciones en poder de Caldas (40,348 por ciento), Quindío y Risaralda y de varios municipios de estos departamentos, entre los que está Manizales (8,648 por ciento), el total llega al 49,955 por ciento Y esa mayoría insignificante no la tendría la nación si se hubieran convertido en acciones los aportes de la gobernación de Caldas, de los municipios que atiende la Chec y del Comité de Cafeteros, los cuales han sido decisivos en la expansión del servicio y suman de manera importante al patrimonio de la empresa. Si algo se le debe exigir al gobierno nacional es que, antes de cualquier decisión definitiva sobre la privatización de la Chec, esos aportes se conviertan en acciones y que sea con esa nueva composición accionaria que se tomen las decisiones del caso.

Además de que la mayoría accionaria que representa legalmente el gobierno nacional es muy exigua, también debe saberse que -sin importar quien posea las acciones- lo cierto es que cada centavo que posee la Chec -cada poste, cable, canal de conducción, represa o turbina- tiene origen en los pagos que por diferentes conceptos han hecho los habitantes de Caldas y Risaralda, y los que hicieron los quindianos, desde que se fundó la empresa en 1942. Ha sido mediante los cargos fijos y las tarifas que la Chec ha acumulado todos los activos que posee. Es más: en los activos de la Chec también están incluidas las redes y las generadoras que poseían Manizales y los municipios del Antiguo Caldas antes de que se creara la empresa, las cuales se le sumaron a sus activos al crearla.

Pero aún si la mayoría accionaria no fuera tan pequeña como es, si esa mayoría no contuviera la arbitrariedad de no reconocer los aportes del departamento, de los municipios y de los comités de cafeteros y si no fuera cierto que absolutamente toda la Chec tiene origen en lo pagado por las gentes de la región, también debiera consultarse con los caldenses y risaraldenses la decisión de privatizar la empresa, pues seremos los usuarios quienes sufriremos las consecuencias negativas de esa decisión, bien sea porque el servicio no llegará a donde aún no llega y porque se deteriorará en los municipios y en las zonas rurales, porque se elevarán todavía más las tarifas, porque las utilidades de la empresa se exportarán de la región, porque habrá despidos masivos de trabajadores y porque se contratarán con foráneos las obras que hoy se contratan con especialistas de la región.

Si la democracia colombiana no fuera el remedo que realmente es, el gobierno de Andrés Pastrana no se hubiera atrevido a iniciar el proceso de privatización de la Chec sin antes consultar con las autoridades y las gentes de la región. Les corresponde a los caldenses exigir que se respete su voluntad a la hora de decidir.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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