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Einstein 100 años después: la relatividad no importa, ¿o sí?

Jorge Villalobos Durán*, razonpublica.com, enero 25 de 2016

Seguramente muchos conocen la figura del físico despeinado y genial, pero muy pocos entienden sus teorías. ¿La razón? En Colombia no se enseñan los aspectos más serios de la ciencia. ¿La consecuencia? Que para siempre seamos un país muy atrasado. Un joven cambió el universo

Hace poco más de un siglo (en 1915), después de seis años de su formulación inicial, la comunidad de físicos europeos aceptó la propuesta que un joven suizo (alemán de nacimiento) hizo sobre la gravedad.

La relatividad general era una propuesta que muy pocos entendieron en su momento (salvo Max Planck, Werner Heisenberg y unos pocos astrónomos) pero que hacía tambalear los pilares de la física newtoniana.

Cuenta la leyenda que cuando la evidencia que validaba su teoría fue presentada por sir Arthur Eddington ante la Royal Astronomical Society, sus palabras fueron: “sir Isaac Newton, perdónenos, hemos dado vuelta a su universo”.

El joven se llamaba Albert Einstein (1879-1955) y era uno de los físicos más importantes del momento. Además de haber logrado cambiar la interpretación que Newton había dado sobre la gravedad, también había calculado el tamaño de los átomos, había puesto una piedra angular para la mecánica cuántica y había encontrado una relación entre la energía y la masa. Einstein fue uno de los padres de la física moderna.

De eso no se habla por aquí

En Colombia la física moderna no importa. Solo un pequeño puñado de osados estudiantes debe soportar tener que estudiar a fondo los principios de relatividad o de mecánica cuántica. La inmensa mayoría de los planes de estudio de los programas de Ingeniería no contienen cursos donde se exploren los fenómenos físicos asociados con estas teorías.

Los ciclos básicos de ingeniería en Colombia se enfocan en trabajar el universo newtoniano y los fenómenos ondulatorios clásicos. Los cursos avanzados que involucran conceptos de física moderna tienen deficiencias en laboratorios y no hay muchas posibilidades de que los estudiantes tengan acceso a industrias donde se aplique este tipo de conocimientos.

Otra es la realidad en países como Japón, Alemania, Canadá o Estados Unidos, donde es claro que la mecánica de Newton, la termodinámica y el electromagnetismo siguen jugando un papel básico en los planes de estudio. Pero también la mecánica cuántica y, en los programas que lo ameriten, la relatividad de Einstein.

Es claro que en esos países la física moderna sí importa. La pregunta es ¿para qué? La respuesta es: importa porque es muy importante conocer el estado del conocimiento sobre el mundo en el que vivimos.

Pero hay razones más prácticas: un país que estudia física moderna dentro de su currículo universitario tiene el recurso humano capaz de impulsar una industria con una base tecnológica potencialmente innovadora. Dicho de otra forma: sin física moderna no hay mucha innovación tecnológica posible.

Mala formación, mal comercio

Para explorar esta hipótesis podemos recurrir a dos mediciones: una sobre la eficiencia de nuestro sistema educativo, y otra sobre nuestra capacidad de comercio, es decir, nuestra realidad acerca de lo que exportamos e importamos.

Colombia es un país particular. Según Jenny Lenkeit y Daniel H. Caro, somos uno de los países más ineficientes en términos de la formación de nuestros ciudadanos en competencias matemáticas. Cada peso que invertimos en desarrollar capacidades matemáticas es invertido de manera poco óptima (el mismo peso en Vietnam lograría una mejor formación para los vietnamitas).

Por otro lado, el índice de complejidad económica (ECI, por su nombre en inglés) tampoco nos deja bien parados. Países como Estados Unidos (1,58), Japón (2,29) o Alemania (1,95) nos superan ampliamente (Colombia está en el puesto 54 entre 186 países y nuestro ECI es 0,17).

Explorando un poco las exportaciones e importaciones de estos países salta a la vista cómo el grueso de las importaciones de los países con un ECI alto son materias primas (más del 35 por ciento de las importaciones de Japón son en petróleo y otros minerales crudos) y el grueso de sus exportaciones (más del 80 por ciento) está en tecnología altamente refinada (circuitos integrados, pantallas LCD, materiales compuestos, etcétera).

Para Colombia la situación es inversa. La mayoría de las exportaciones son materias primas (el 45 por ciento son de petróleo crudo) y nuestras importaciones son mayoritariamente de productos tecnológicos (más del 50 por ciento está compuesto por computadores, automóviles, petróleo refinado y productos químicos).

Tenemos entonces dos situaciones:

1) No somos buenos en matemáticas, ni eficientes en su enseñanza.

2) Somos una economía que exporta materia prima e importa tecnología.

Lo contrario es cierto en países con índices de complejidad económica altos:

1) Son buenos en matemáticas, e

2) Importan materias primas y las transforman en productos tecnológicos que exportan.

Ni patentes ni innovación

La innovación es un poco más difícil de medir. No la podemos estimar por medio del valor de exportaciones e importaciones (un producto innovador que sale al mercado deja de serlo rápidamente), pero podemos explorar la cantidad de patentes que se otorgan por país.

En este ámbito el panorama es aún más desolador. En Japón se registraron en 2013 un total de 328.436 peticiones de patentes (más del 80 por ciento de estas fueron peticiones de ciudadanos japoneses) y Alemania registró en el mismo año 63.167 peticiones (más del 80 por ciento de ciudadanos alemanes). Entretanto en Colombia se registraron 2.032 peticiones de patentes, de las cuales menos del 10 por ciento fueron realizadas por ciudadanos colombianos.

Por alguna razón los colombianos no patentamos. Es difícil sostener que somos innovadores si no patentamos, aun bajo la definición más amplia de lo que es ser innovador. Estas cifras sobre patentes se pueden complementar con la muy magra inversión en ciencia y tecnología que vienen haciendo los gobiernos nacionales desde que logramos la independencia de España.

Lo que se necesita es un salto osado, basado en correlaciones, porque un país que no se preocupa por que sus ingenieros y demás miembros productivos tengan la capacidad de manejar y aplicar la ciencia que está en la frontera del conocimiento, está obligado a quedarse con muy poca capacidad innovadora a corto plazo y, por lo tanto, a mediano plazo estará obligado a importar tecnología y a exportar productos naturales.

Otra manera de decir esto es que somos una nación incapaz de transformar los recursos naturales en productos que tengan valor agregado, lo cual nos obliga a exportar mucho y barato (materia prima), e importar pocos productos caros (tecnología). Y, entre otras reflexiones que se pueden hacer alrededor de esta afirmación, cabe decir que esta es una pésima forma de aprovechar nuestros recursos naturales.

Si como nación nos empeñáramos en comprender la física moderna y su importancia para la innovación y la competitividad, y en enseñarla en nuestras universidades, estaríamos seguramente en una mejor situación para revertir la tendencia de nuestra balanza comercial, es decir, importar materias primas de bajo costo (o aprovechar mejor las propias) y transformarlas en productos innovadores de un nivel tecnológico avanzado con un alto valor agregado.

Seguir ignorando los avances sobre el conocimiento del universo nos mantiene en una situación en la que los que inventan son otros y nosotros les compramos los inventos, bien caros por cierto.

*Doctor en Ingeniería, magíster en ciencias en Física - Materia Condensada y físico de la Universidad de los Andes, decano de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Universidad de Ibagué.

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