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“El Capital” contra “El Capital”: Thomas Piketty enfrenta a Marx (I)

José Fernando Ocampo T., Bogotá, febrero 25 de 2015

Thomas Piketty publica un libro de 663 páginas con el mismo título del famoso libro de Karl Marx en tres tomos, El capital. Para distinguirlo del de Marx, Piketty le añade el subtítulo “en el siglo XXI”. La obra de Marx fue publicada entre 1860 y 1894. Marx escribió en alemán y Piketty en francés. Entre las dos obras hay un espacio temporal de más de un siglo. Sin embargo, Piketty discute a Marx, más que a cualquier otro autor, entre una larga lista de obras económicas y políticas. No considero que sea casual el título escogido por Piketty para su libro, sino que abriga un propósito preciso de confrontación. La obra de Marx siguió dos líneas divergentes, la de sus defensores y la de sus revisionistas. Entre los primeros, los marxistas Engels y Lenin; entre los segundos, los socialdemócratas Kautsky y Bernstein, inspiradores de la socialdemocracia. A Piketty se le puede catalogar como un socialdemócrata radical, centrado en el fenómeno de la profunda desigualdad que caracteriza el capitalismo en la era presente. Su tema central histórico tiene que ver con la imperiosa necesidad de establecer un impuesto progresivo que la controle. Él mismo señala que su propuesta es, en cierto modo, una utopía.

Su propuesta es de todas maneras sencilla: un capitalismo sin capital financiero, sin concentraciones abismales, sin proteccionismo y, por supuesto, con mercado libre. El capitalismo tiene que funcionar con la globalización, que él considera ya ineludible. Se puede lograr con un Estado social, de carácter mundial, sin restricciones nacionales, sobre la base de un impuesto progresivo estricto a todos los capitales, un impuesto mundial sobre las fortunas que elimine el capitalismo “patrimonial”. Esto permitiría despojar el capitalismo de sus inequidades, de sus desigualdades abismales, de tal manera que haga realizable su utopía. La mitad de su libro está dedicada a la crítica de la desigualdad en la posesión del capital. Por esa razón el capitalismo pikettiano tendría que funcionar en un sistema político sólidamente democrático. Si la democracia que él tiene en su mente, opera, tendría la capacidad de controlar el capital, así de sencillo. Sería su función fundamental.

En Piketty hay respeto por Marx. Desde la introducción le dedica páginas enteras a discutir su teoría sobre el capitalismo. A la ley de la “caída de la cuota de ganancia” que Marx desarrolla en su tercer tomo, la denomina el “principio de acumulación infinita” que podría hacer insostenible el capital. Piketty la considera utópica, en cierta manera como la que él plantea sobre el control de la desigualdad con el impuesto mundial progresivo. Pero las leyes que Piketty desarrolla son leyes, primero, para sostener el sistema capitalista y, segundo, para morigerar sus profundas desigualdades que son las que lo están llevando a sus profundas crisis. No va más allá. Se detiene en el contexto de las leyes económicas, no se aventura a plantear el funcionamiento de la democracia sostenida por un capitalismo sin desigualdades. Se trata de una utopía económica, no política, no de socialismo y menos de comunismo. Se podría concluir “el capital” de Piketty, la antítesis de “el capital” de Marx.

Piketty plantea tres leyes del capitalismo y Marx, cuatro. Marx les asigna nombre, Piketty sólo las presenta en fórmulas matemáticas. El punto de partida fundamental de Piketty radica en la relación del capital patrimonial con el ingreso. El capital lo define como una acumulación histórica de cada quien, “una cantidad total de riquezas poseídas en un punto dado en el tiempo,” la de las herencias, la del patrimonio. Pero el ingreso, “como la cantidad de riqueza producida y distribuida a lo largo de un período dado, por ejemplo, un año,” sin una implicación histórica de acumulación patrimonial. En cada momento histórico, la importancia del capital en una sociedad dada se obtiene dividiendo la acumulación de capital por el flujo anual del ingreso. De allí resultan dos leyes más. La primera es la de la participación del capital patrimonial en el ingreso nacional que es la que permite definir los tres conceptos fundamentales del sistema capitalista, “la relación del capital con el ingreso, la participación del capital en el ingreso y la tasa de rendimiento del capital”. Piketty señala que esta tasa de rendimiento es el concepto central. Resulta curioso que también se la atribuya a la teoría marxista, con la advertencia de que resulta errónea en el sentido de predicción histórica, a pesar de abrigar, como dice, “una intuición interesante”.

La tercera ley fundamental de Piketty es “una ley a largo plazo”, como lo advierte con insistencia, sometida para su validez a una serie de condiciones. Es la ley que define el carácter de la relación del capital histórico con el ingreso presente en un país. Resulta muy interesante su análisis sobre las consecuencias de este principio. Si el país ahorra mucho y crece lentamente, acumula a largo plazo una enorme cantidad de capital y de ahí se deducen las condiciones concretas de su estructura social y de la distribución de la riqueza. La consecuencia que saca de esta formulación es que en una sociedad estancada “las riquezas acumuladas en el pasado adquieren inevitablemente una importancia desmedida”. En los siglos XVIII y XIX el capital crecía muy lentamente y era enorme su concentración, lo mismo que sucedió a principios del siglo XX, proceso que se detiene por las dos guerras mundiales para surgir desaforado después de los 80 hasta el momento actual de principios del siglo XXI. El bajo crecimiento demográfico de las últimas décadas en Europa contribuye a lo que Piketty denomina “el regreso del capital” en el mundo. En el análisis de esta ley prepara ya su tesis central: “el capital es potencialmente útil para todo el mundo y, si nos organizamos correctamente, cualquiera podría beneficiarse de él.” Claro que confiesa a continuación que “los poseedores del capital…controlan en realidad una parte más importante de la riqueza…”

Marx es diferente, porque parte de las formulaciones de la economía clásica de Smith y Ricardo, pero su crítica frontal lo lleva a transformarlas por completo. De las de los clásicos, resultan leyes nuevas. Parte de la ley del valor convertida ya en capitalista, sigue con la ley de la máxima ganancia, pasa a la ley de la cuota general de ganancia para concluir con la ley de la caída de la cuota general de ganancia. Su punto de partida es que el capital es una relación social de producción que surge en un momento determinado de la historia, de la cual proviene la explotación de los capitalistas sobre los obreros, basada en una prolongación diversificada de la jornada de trabajo, sin la cual resulta imposible la acumulación del capital. Es una diferencia fundamental con Piketty en el punto de partida del análisis. Pero para Marx, el proceso lleva ineludiblemente también a una concentración del capital, a una expropiación de unos capitalistas por otros, al monopolio del capital. Es también un proceso capitalista ineludible. En este proceso el avance tecnológico resulta determinante para aumentar la producción, la productividad, la explotación del trabajo hasta suplantación del obrero por la máquina y la persistencia del desempleo. Piketty no es ajeno a este análisis del proceso del capital, de lo que resulta una de sus aspiraciones de control sobre la acumulación desaforada de capital.

A Marx no le tocó todavía el auge del capital financiero—ni soñar en la diversificación infinita del siglo XXI—es decir, del capital que se separa de la producción y acumula sobre la base del interés producido por el capital. Para Piketty, es un punto central de su análisis sobre el capital. Sin embargo, para la segunda mitad del siglo XIX ya operaba el crédito capitalista, diferente de la usura, al que Marx dedica capítulos que pueden considerarse premonitores del desarrollo financiero del capitalismo. Por momentos, su análisis en el tomo III es estremecedor. Está centrado en el desarrollo de las sociedades anónimas, es decir, en las que el capitalista ya no es el administrador, sino un “anónimo”, de empresas con capital de individuos asociados que aparecen “como empresas sociales en oposición a las empresas privadas”. Marx suelta esta frase: “es la supresión del capital como propiedad privada dentro de los límites del mismo régimen capitalista de producción”. Entonces plantea que constituye una fase necesaria, no como propiedad privada, sino como propiedad directa de la sociedad. Y advierte que esas empresas sólo son posibles siempre y cuando arrojen simples intereses. O sea, se trata de la socialización del capital.

Es en este momento cuando Marx da un salto político, cuyas características persisten y hacen que Piketty se refiera a él en forma persistente. Dice Marx: “esto equivale a la supresión del régimen de producción capitalista dentro del propio régimen de producción capitalista que aparece prima facie como simple fase de transición hacia una nueva forma de producción”. Es el capitalismo de Estado, rechazado por los Friedman y Hayek, que ya socializa medios de producción en manos del Estado. Es que Marx añade: “es una especie de producción privada, pero sin el control de la propiedad privada”. Por eso los neoliberales combatieron a muerte ese capitalismo de Estado. Piketty, por su parte, fluctúa entre el control del capital financiero y el libre mercado absoluto de profundo sabor neoliberal. Está a años luz de Marx.

Piketty es muy cuidadoso en advertir que sus leyes se aplican sin tener en cuenta las guerras y las crisis. En sus numerosos gráficos el lector puede hacer la referencia al momento histórico que representan, bien sea el de la Primera Guerra Mundial, el período de entreguerra o el de la Segunda Guerra Mundial. Pero no hace parte de la teoría de Piketty. Coincide en su metodología con la de Marx que no depende de las condiciones históricas concretas del desarrollo del capitalismo en su tiempo, como podría ser la de la unificación decimonónica de Alemania, las revoluciones nacionalistas europeas que dieron origen a naciones modernas, la revolución de independencia de Estados Unidos y demás. Ni el libro de Marx es una historia del capitalismo ni la de Piketty de su evolución del siglo XVIII al XXI. Sus referencias a las situación concreta del desarrollo del capitalismo no constituyen su historia.

Para terminar esta primera nota, se debe señalar que no hay en Piketty ni una sola alusión a las consecuencias políticas del desarrollo del capitalismo en el siglo XX, ni menos, un análisis, de sus consecuencias sobre la economía mundial, que es donde radica la explicación última de las guerras mundiales, la de la expansión del capital financiero, separado por completo de la producción concreta y que recorre el mundo ingresando y saliendo de los países subdesarrollados al vaivén de sus condiciones de ganancia. Pero tampoco sobre el dominio económico ejercido por el mismo capital, por la inversión directa e indirecta de los países desarrollados sobre el resto del mundo. Podría decirse que los tres tomos de Marx tampoco la tienen, con la diferencia que su obra complementaria resultado de su concepción económica es puramente política y explosiva. El marxismo ha planteado que las condiciones de dominación ejercidas por el capital, tal como lo analizó Marx, han dado origen a una transformación del capitalismo en imperialismo o dominio del capital financiero sobre las demás formas del capital, basado en la situación dominante del rentista que produce el dominio de unos cuantos Estados dotados de potencia financiera. El concepto de imperialismo no existe en la concepción de Piketty. Y, entonces, la política duele por su ausencia.

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