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El Imperio vs Cuba

Raúl Fernandez, ColombolatinosUSA, Los Angeles, diciembre 27 de 2014

No forma parte de la naturaleza de los imperios el conceder favores a sus contrincantes de manera gratuita. El hecho de que 54 años después de haber roto relaciones diplomáticas con Cuba, Estados Unidos haya decidido restablecerlas no puede explicarse simplemente por una astucia del presidente Barack Obama quien dizque sabiamente optó por cambiar una política fallida. De hecho se daban una serie de circunstancias que, para los intereses del imperio norteamericano, significaban la conveniencia de restablecer dichas relaciones.

A nivel económico multinacionales estadounidenses contemplaban con desaliento como el embargo-bloqueo a la isla le cedía al emergente, si bien pequeño, campo de inversiones extranjeras en Cuba a otros países, v.g. solamente compañías españolas operan ya más de 25 hoteles de lujo en la Perla del Caribe y Brasil ha invertido cuantiosos capitales en el desarrollo de un moderno puerto en Mariel. Algunos estados de la Unión norteamericana se la habían ingeniado para sortear el embargo y vender productos agrícolas como arroz y carne de pollo a Cuba. Desde hace algún tiempo la Cámara de Comercio y la Asociación Nacional de Manufactureros vienen solicitando un levantamiento completo del bloqueo. Por medio de su orden ejecutiva, en particular la intención de sacar a Cuba de la “lista de países patrocinadores del terrorismo”, Obama le da un respiro a los apetitos de sus multinacionales.

A nivel político la medida ejecutiva de Obama le resuelve a Estados Unidos un serio problema en lo que respecta a sus relaciones con toda América Latina. En la última Cumbre de las Américas de 2012 se decidió por amplia mayoría de los Presidentes asistentes que Cuba sería invitada para la siguiente reunión de Presidentes en la Cumbre de febrero, 2015, en Panamá. Votaron en contra solamente Estados Unidos y Canadá. A pocos meses de dicha cumbre Obama contemplaba dos pésimas posibilidades, ora asistir a la reunión y sufrir una humillación diplomática al tener que aceptar la participación de Cuba, ora rehusar la asistencia de Estados Unidos y permanecer en Washington cual niño enfurruñado. Su orden ejecutiva le permite revertir su postura y aparecer ante sus colegas como un apóstol de la buena vecindad.

Otros asuntos de política internacional coincidían a favor de un cambio de la política hacia Cuba. El bloqueo norteamericano a Cuba venía siendo condenado año tras año en votos de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En el 2013 Estados Unidos, aislado, contaba con sólo dos países que votaban a favor de la continuación del bloqueo, Israel y Palaos. ¡Y en el 2014 hasta Palaos decidió votar en contra del bloqueo! A dicho aislamiento hay que añadir una creciente presión interna por obtener la liberación de Alan Gross, preso en Cuba por cinco años debido a actividades dirigidas por agencias del gobierno norteamericano con el propósito de facilitar un “cambio de régimen” en la isla, y una simultánea campaña internacional orientada a la liberación de agentes de la inteligencia cubana encarcelados en Estados Unidos.

Seguramente algo tuvo que ver la sincronización de las declaraciones de Barack Obama y Raúl Castro con el anuncio en el mismo día y casi en el mismo momento de un cese indefinido de hostilidades por parte de la organización guerrillera de las FARC en Colombia, misma que ha venido sosteniendo conversaciones en La Habana sobre una posible paz con el gobierno de Juan Manuel Santos, con Cuba jugando el papel de intermediario. Es lógico suponer que Obama ha venido presionando para que finalicen dichas negociaciones, en respuesta a demandas de intereses económicos norteamericanos, ávidos por ver el fin de una violencia en Colombia que les facilite acceso a los recursos naturales que incluyen el petróleo, el carbón, el oro y de biodiversidad, bajo un gobierno neoliberal plegado a los designios de Washington como es el de Juan Manuel Santos.

Los grandes medios norteamericanos por su parte se han concentrado en aspectos tal vez menos importantes relativos al anuncio de Obama y Raúl. Por ejemplo han repetido hasta la saciedad que fue la intervención del Papa Francisco y su imploración a Raúl para que aceptara el convenio con Estados Unidos lo que convenció al líder cubano a acceder al acuerdo.

Es más verosímil pensar que fuera al revés. Tanto a Barack Obama como a Raúl Castro les convenía la participación del Papa Francisco con vistas a enmudecer un tanto, como ha sucedido, la reacción de la comunidad cubana en el exilio de la Florida. Una cosa es condenar a Raúl Castro y a Barack Obama; para los cubanos exiliados, en su gran mayoría devotos católicos, despotricar contra el Papa, sus obispos, y párrocos, es harina de otro costal. Todo lo cual redunda en beneficio, en Estados Unidos, para el futuro del partido Demócrata en la Florida; y también para el gobierno en La Habana, siempre satisfecho de poner a sus detractores en Miami en aprietos. Es asimismo posible que el Papa sacara provecho del proceso de negociaciones ya que hace pocas semanas el gobierno de Cuba autorizó la construcción de la primera iglesia católica en Cuba en 55 años quizás en premio a la intervención del Vaticano en las conversaciones.

Otro aspecto muy difundido por los medios ha sido una preocupación con el futuro de las telecomunicaciones en Cuba que ha enfatizado el control que ejerce el gobierno cubano sobre el Internet. Dicha cobertura mediática no se ha referido a una cuestión tecnológica, el hecho de que el bloqueo-embargo no ha permitido el tendido de cables de fibra óptica a Cuba por parte de las grandes transnacionales de las telecomunicaciones, factor al cual el mismo Obama se refirió en su alocución indicando el término de tal impedimento mediante su autorización ejecutiva.

Curiosamente el mismo día del anuncio por parte de Obama y Raúl se anunciaba en Cuba que por primera vez llegaba a Cuba, desde Venezuela, un cable submarino de fibra óptica, que le permitirá a Cuba un mayor y más rápido acceso a las telecomunicaciones globales, una vez que toda la necesaria infraestructura sea puesta en marcha.

Con relación a Venezuela analistas de la gran prensa norteamericana han especulado que el gobierno de La Habana decidió avanzar con el acuerdo debido a que Venezuela se encuentra al borde de una crisis, y que Cuba no puede confiar en la continuidad de la ayuda recibida de Caracas en los últimos años. Igual se puede teorizar, en sentido contrario, que parte de la estrategia de Estados Unidos es utilizar el restablecimiento de relaciones con Cuba como método para alejar a Cuba de Venezuela y arrinconar el gobierno de Caracas. O que el mensaje de Obama es una respuesta a la rehabilitación del centro de operaciones de espionaje electrónico manejado por Rusia en la localidad de Lourdes al sur de La Habana, en especial dada la visible agudización por parte de Estados Unidos de sus discordancias con el gobierno de Moscú.

Pero entre todas las conjeturas de lo que pueda haber sido considerado en secreto, más allá de lo acordado en público por Raúl y Obama, lo que se cae de la mata es que, por una parte, el acuerdo representa una victoria simbólica para el gobierno cubano; y por otra, que lo más difícil está aún por venir, o sea, el poner en funcionamiento las medidas necesarias para restablecer relaciones normales entre los dos países. Existen numerosos obstáculos para la implementación de esa meta, como son entre muchos, el hecho de que el bloqueo-embargo no ha sido derogado aún, la existencia de programas como Radio Martí y TV Martí, y la iniciativa del Departamento de Estado norteamericano diseñada para promover la deserción de médicos cubanos que trabajan en el exterior en misiones de salud. En resumidas cuentas, que aunque el acuerdo no significa necesariamente un cambio real en las relaciones entre los dos países pues, como sabemos, Estados Unidos mantiene relaciones con gobiernos a los que trata por todos los medios de derrocar, sí significa algo muy positivo, ya que constituye una ratificación del principio de que las naciones deben tener relaciones diplomáticas independientemente del sistema que las rija, y de los principios de autodeterminación y amistad entre los pueblos.

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