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El Polo y la unidad de la izquierda ante la arremetida neoliberal

Darío Arenas, miembro de la Organización Colombiana de Estudiantes -OCE, Manizales, abril 16 de 2010.

Hace 8 años el fenómeno Uribe se presentó ante los ojos de muchos colombianos como una opción de cambio y de firmeza. ¿Los argumentos? En ese momento se jugó su candidatura sin el apoyo de ningún partido tradicional y en su discurso eran fuertes las consignas de dureza contra las Farc y de lucha contra la politiquería y la corrupción. A pesar de sus gestiones anteriores en cargos públicos, que marcadamente correspondieron a mantener el statu quo y a darles prelación a los intereses económicos por encima de los sociales, el recurso electorero del “cambio en las viejas políticas”, le valió el ascenso a la Presidencia de la República en aquel entonces y 4 años después. La historia, como sabrá la gente medianamente informada del país, no fue otra que un guerrerismo corrupto y corruptor, una depravación de los principios democráticos inenarrable y la entrega de nuestro país a los intereses de unos pocos.

Ad portas de una nueva elección presidencial, en un ambiente político pobre en debate pero rico en arandelas y pormenores frívolos y ante la avalancha de hechos que suceden y se suceden en nuestro país, hoy nos encontramos ante la presencia de dos candidaturas escogidas como las más opcionadas para llegar al poder. Hoy el verde neoliberal, el verde del dólar, arropa a dos bandos que fungen como los salvadores de la nación. Unos encarnan abiertamente al uribismo (sin sonrojarse y sin pedir perdón por los daños hechos) y los otros personifican una sensación de mejoría y de cambio, quizás tan efímera y efectista como la que el uribismo representó durante mucho tiempo. Las bases reales de ambas propuestas descansan sobre los mismos cimientos.

A estos personajes, que desde un lado se ufanan diciendo que la vida es sagrada y desde el otro que hay que hacer las cosas con transparencia, valdría recordarles que lo que hábilmente proclaman no es nada diferente a la ética inherente que debe tener alguien con aspiraciones –que muchos creemos hoy todavía nobles– de gobernar a una nación. A estos “maestros” de la demagogia y la astucia electoral vale aclararles que un prerrequisito no puede convertirse en el eje central de una campaña, y que la decencia y la honestidad se circunscriben no solo a los medios sino a los fines. Es de vital trascendencia el cómo se llega, pero lo que definirá la suerte de toda una nación es a que se llega. Sabemos entonces que el cambio real está muy lejos en la concepción de estos acomedidos con el establecimiento.

Hoy más que nunca y debido a las amenazas que nuevamente se ciernen ante nosotros, la unidad de las fuerzas progresistas de nuestro país, de la mano de sus líderes y de sus valerosos militantes, debe defender resueltamente un programa con el cual nos identificamos y en el cual reconocemos las necesidades enormes de cambio que urgen al pueblo colombiano. Las incesables acometidas que el establecimiento ha descargado contra nosotros no han hecho mella, ni la harán, de la manera en que los dueños del establecimiento quisieran. A pesar de los favorecimientos mediáticos hacia algunos que se presentan como una oposición moderada y pese a las estratagemas que buscan minar nuestra fuerza y que tratan de eclipsar nuestro discurso, no han logrado acallar nuestros planteamientos.

En el Polo, antes que chauvinismos insulsos y populistas o propuestas de pedagogía elemental, el núcleo de nuestra lucha debe estar cifrado en lograr el rescate de la democracia como punto fundamental para darle voz a un pueblo silenciado y maniatado por siglos. Para devolverle su esencia libertaria y decisoria. La salvaguardia de la soberanía nacional y la recuperación de la dignidad de este país, ultrajado y vilipendiado por cuanto mandatario errante lo ha tomado en sus manos, deberán ser, como hasta ahora, nuestra hoja de ruta.

En esta enorme tarea se une de nuevo un hombre tan importante para la izquierda democrática del país como Carlos Gaviria Díaz. Hombre valeroso y decidido, al que muchos extrañamos en el debate público durante mucho tiempo. Un liberal a ultranza y un hombre decente, no solo en aspecto sino en fundamento. Carlos Gaviria oficiará como jefe de campaña de Gustavo Petro, nuestro candidato, y será garante de ecuanimidad, inteligencia y rigurosidad.

El Polo, único partido en la balanza que propugna una transformación verdadera y de fondo de nuestro país, deberá liderar un debate a fondo en estas elecciones, que exponga los verdaderos criterios, intereses y posiciones de cada candidatura y manifieste a la sociedad la esencia de los planes de gobierno, distanciándonos de la ligereza y el maquillaje que han inundado hasta hoy los titulares de prensa. Colombia debe escoger con base en proyectos y programas y no por simpatía a personalidades o por el arraigado culto a la inmediatez.

Los grandes retos del Polo serán combatir los males enormes de nuestro país: el desempleo rampante, el descomunal abandono del campo, la exorbitante deuda externa, el yugo neocolonial al que nos tienen sometido potencias extranjeras, las ganancias abismales de los capitales financieros, la desigualdad social desbordada y así hasta llegar en un etcétera casi eterno a la inmensa afrenta que significan el establecimiento de bases militares estadounidenses en nuestro territorio y la firma de los leoninos TLC . La destrucción y la entrega de nuestras riquezas nunca allanarán el camino para el verdadero progreso de nuestra patria y eso requerirá inmensas transformaciones.

Para esta reconstrucción se necesita un faro, una luz que guíe a las masas y señale el camino a un futuro menos incierto y más justo. El Polo debe ser, como frente amplio, el que aglutine a los individuos, organizaciones, agrupaciones, colectivos y tendencias en este trasegar y el que oriente la dirección para abrirle el camino a una Colombia con auténtica equidad social.

No podemos darnos el lujo de abandonar este proyecto de izquierda que ha sobrevivido agresiones y embates tan grandes pero que a su vez ha logrado la visibilización de otra Colombia. Si muere la izquierda, mueren los ideales de libertad. Si muere la izquierda, muere la lucha y con ella las esperanzas de transformación. Si muere la izquierda, quedara huérfano el anhelo de un pueblo que exige una reivindicación histórica.

¡Por soberanía y democracia, la izquierda unida jamás será vencida!

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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