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El acuerdo transpacífico

Eduardo Sarmiento Palacio, El Espectador, Bogotá, octubre 26 de 2015

En días pasados se configuró el acuerdo de libre comercio de transpacífico (TPP) entre doce países de Asia y América, incluidos Estados Unidos y Japón. La asociación contempla a México, Chile y Perú. El modelo está basado en la concepción de unión aduanera del euro, los TLC y la Alianza del Pacífico.

En las teorías dominantes de comercio internacional se presume que los países tienen plena demanda por sus productos de ventaja comparativa.

Las exportaciones son independientes de las características de las economías y las balanzas de pagos se equilibran sin afectar los salarios. Todos los países se especializan en las actividades que pueden elaborar más fácilmente y se encuentran en las mismas condiciones.

El criterio ha sido claramente desvirtuado por los hechos. La Unión Europea muestra claramente que el gran ganador ha sido Alemania y los perdedores los países del sur, y en mayor grado Grecia, que es el de menor desarrollo. Lo mismo ha ocurrido con los TLC, como lo ilustra la experiencia de Colombia con Estados Unidos. Los estudios objetivos que mostraban que el acuerdo significaría un aumento en las importaciones con respecto a las exportaciones fueron confirmados por los hechos. En los dos años de funcionamiento del tratado la balanza comercial de Colombia con Estados Unidos pasó de un superávit de US$5.000 millones a un déficit de US$6.000 millones.

La explicación es elemental. Los países enfrentan limitaciones en los productos de ventaja comparativa y tienen que producir otros bienes para emplear los recursos disponibles y equilibrar la balanza de pagos. No es cierto que todos los participantes ganen en el comercio, ni que las naciones avanzadas y atrasadas se encuentran en las mismas condiciones.

En cierta forma se confirma que los beneficios del comercio internacional no están en las ventajas relativas sino en las absolutas. Los países desarrollados que tienen mayores productividades obtienen los mayores beneficios en forma de superávits en cuenta corriente y mejores salarios. Los que mejor han entendido el error histórico son Estados Unidos y Japón que encontraron que las mayores ganancias del comercio se consiguen con acuerdos comerciales con los países de menor desarrollo.

Colombia cayó en la trampa teórica al acoger a ciegas la apertura comercial y los TLC. Ambos experimentos le significaron un atraso en la industria y la agricultura y una gran vulnerabilidad externa que se refleja en déficit en cuenta corriente de más del 6% del PIB. Algo se ha aprendido de la experiencia. Las Cortes tienen frenado la aprobación del TLC con Corea y las autoridades económicas hasta el momento se han resistido a ingresar al TPP.

La verdad es que el TPP está fundamentado en una teoría fallida. Todos los países no están en las mismas condiciones. Los ganadores se dan en los países que tienen mayor demanda por los productos de ventaja comparativa. El resto de economías, como aquellas con abundancia de recursos naturales, resultan perdedoras. Tales serían los casos de Colombia y Brasil, que de tiempo atrás registran los mayores déficits en cuenta corriente del mundo y durante dos décadas de libre comercio no avanzaron en la industrialización.

A la luz de la nueva teoría, es evidente que los países de desarrollo intermedio, en particular los dotados de recursos naturales, requieren otro tipo de organización institucional. Las uniones comerciales deben conformarse entre países semejantes, orientarse más a ampliar las exportaciones que abaratar las importaciones y promover dentro de una protección escalonada el aprendizaje en el oficio, la industria y la agricultura.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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