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El derecho de huelga, derecho fundamental de los trabajadores

Juan Ahumada, Manizales, febrero 17 de 2015

Lejos está de la cultura de la mayoría de Colombiano y más lejos todavía de quienes gobiernan a Colombia, que los trabajadores, como principales creadores de la riqueza, tienen unos derechos fundamentales, consagrados por el Derecho Internacional a lo largo de casi tres siglos de luchas en el mundo, a saber, los de organización sindical, negociación colectiva y huelga.

En el auge de la revolución industrial a finales del siglo XVIII, ante los abusos del capital sobre los trabajadores, entre los que destacaban las extenuantes jornadas laborales, de hasta 18 horas diarias; la inestabilidad laboral; el nulo reconocimiento de los derechos a la salud y a la seguridad social, e, inclusive, el vulgar hurto de los salarios debidos, y ante la inutilidad el castigo aplicado a los reclamos individuales, los trabajadores fueron descubriendo la necesidad de hacer sus reclamos unidos en una organización, presentando pliegos comunes a todos los trabajadores de una empresa o rama industrial y encontraron en la huelga un arma eficiente contra el poder del capital.

La organización sindical, el reclamo colectivo y la huelga, durante muchos decenios, fueron castigados penalmente, pero, de hecho, los trabajadores, ejerciéndolos, alcanzaron sendas victorias que se plasmaron en las leyes, primero despenalizando su ejercicio, que quedó limitado al mundo de las leyes civiles por el supuesto perjuicio causado, y, finalmente, logrando que se reconociera como derechos fundamentales, universales y colectivos de los asalariados.

Sólo hasta comienzos del siglo XX, ante la explosión de varias revoluciones socialistas, los países burgueses fueron reconociendo en sus constituciones y leyes los derechos de organización sindical, negociación colectiva y huelga, como parte de la llamados Derechos de Segunda Generación.

Posteriormente el PACTO INTERNACIONAL DE DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES, en su PARTE III, de 1966 reconoció “El derecho de toda persona a fundar sindicatos y a afiliarse al de su elección, con sujeción únicamente a los estatutos de la organización correspondiente, el derecho de los sindicatos a fundar y conformar federaciones y confederaciones nacionales y el de éstas a fundar organizaciones sindicales internacionales y afiliarse a las mismas, el derecho de huelga de conformidad con las leyes de cada país.”

Así mismo, en la DECLARACIÓN DE LA OIT RESPECTO A LOS PRINCIPIOS Y DERECHOS FUNDAMENTALES DEL TRABAJO, que obliga a los estados miembros, como Colombia, aunque no lo hayan firmado, ordena respetar la libertad de asociación sindical y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva, incluido como parte de éste el derecho a la huelga.

Estos derechos especiales de los asalariados se consagran y legitiman, reconociendo que el trabajador es la parte débil de la relación laboral, y que la única forma que de reclamar mejores condiciones laborales es la de reclamar colectivamente, negociar colectivamente y presionar con la huelga colectivamente. Además, son tres derechos interdependientes: No hay negociación colectiva sin derecho a organizarse; no hay derecho a la negociación colectiva si se prohíbe usar la presión de la huelga y no hay derecho de organización si no se le permite funcionar al sindicato haciendo el reclamo colectivo.

El advenimiento de las políticas neoliberales tiene como una de sus principales políticas el envilecimiento de la mano de obra, para salvar al capitalismo imperialista de la tendencia inevitable a que caiga su tasa de ganancia, que tuvo una de sus manifestaciones en la crisis del 2008. Con esa lógica, se desfigura el contrato laboral y se reprimen los derechos fundamentales de los trabajadores a la organización, la negociación colectiva y a la huelga, pretendiendo devolver el mundo al siglo XVIII.

Desde hace dos décadas, la representación de los empleadores y de los gobiernos imperialistas, en la Organización Internacional del Trabajo, OIT, organismo de la ONU a cargo de la vigilancia de las relaciones laborales mundiales sabotea los mecanismos de supervisión logrando que no se vigile y sanciones a los países infractores. Los empleadores buscan eliminar de la jurisprudencia de la OIT, que considera que el derecho de huelga es un elemento inseparable de los derechos de organización sindical y negociación colectiva. En marzo la OIT deberá pronunciarse de fondo al respecto, enfrentando los votos de los trabajadores a los de empleadores y gobiernos, estos últimos entre los que está el declarado gobierno neoliberal de Colombia y servidor del imperialismo norteamericano, el señor Juan Manuel Santos.

En atención a este momento crucial, la Confederación Sindical Internacional, declaró el 18 de febrero como el día de acción mundial en defensa de los derechos de la huelga y millones de trabajadores nos movilizamos en este día en el mundo y aquí en Colombia exigiéndole al Presidente Santos que vote a favor de los derechos fundamentales de los trabajadores.

EL DERECHO DE HUELGA NO EXISTE LEGALMENTE EN COLOMBIA En Colombia, a principios del siglo XX con algún desarrollo industrial propio y con la penetración del imperialismo norteamericano, se desarrollaron empresas que inmediatamente empezaron a abusar de los trabajadores y provocaron como reacción la organización sindical de hecho, los reclamos colectivos y las huelgas informales, inmediatas e indefinidas en el tiempo. Por eso los gobiernos colombianos se vieron obligados a presentar y a aprobar la Ley 78 de 1919, que reconoció recortadamente los derechos de organización sindical y negociación colectiva y huelga; la ley 21 de 1920, que creó las etapas de arreglo directo y conciliación en la negociación colectiva, y en 1931 la Ley 83, que extendió los derechos de organización y negociación a los trabajadores del estado, pero los prohibió a los servicios públicos esenciales. Estas normas pusieron tantos requisitos que prácticamente todas las huelgas fueron declaradas ilegales.

Desde 1990, cuando los gobiernos colombianos asumieron servilmente las políticas neoliberales, aunque hipócritamente se reconocen, en general, los derechos, en la práctica están severamente limitados y son reprimidos. La Constitución prohíbe la huelga en los servicios públicos calificados arbitrariamente la mayor parte de las veces como esenciales; la ley 142 de 1994 le prohíbe este derecho a los trabajadores de las empresas de servicios públicos domiciliarios en la negociación colectiva; el decreto 160 de 2014 que regula la negociación colectiva de los empleados públicos no permite este recurso para cerrar el conflicto; los trucos jurídicos que desfiguran el contrato laboral como las Cooperativas de Trabajo asociado, los mal llamados contratos sindicales, las órdenes de prestación de servicios, los contratos a término fijo y las falsas agencias de empleo que encubren al empleador, como en los Call Center, y otras trampas impiden legalmente la organización sindical y el reclamo colectivo.

Ante esto los trabajadores se ven compelidos, para ejercer sus derechos fundamentales a ejercerlos de hecho, como los corteros de la caña de azúcar, los docentes de educación básica, los pilotos, los controladores aéreos y los trabajadores de la salud.

Los demócratas sinceros deben ayudar a que se acepten los derechos de organización sindical, negociación colectiva como derechos fundamentales de los trabajadores.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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