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El fin de la producción nacional

Mario Alejandro Valencia Barrera, Las2orillas, Bogotá, abril 18 de 2016

La semana pasada la Corte Constitucional declaró exequible el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Corea del Sur. En su fallo exigió al presidente de la República una declaración interpretativa sobre la salvaguardia por un año a la posibilidad de poner límites a las transferencias de capitales, la cual está en todos los otros acuerdos, pero esto no impide que el TLC se pueda implementar.

Los colombianos que no han leído los acuerdos internacionales los defienden con la falsa ilusión de que los consumidores se van a beneficiar, comprando mercancías de mejor calidad y más baratas. Lo cierto es que quienes se benefician son un pequeño sector de la población, pero para la mayoría reemplazar producción de alimentos y manufacturas colombianas por extranjeras significa el cierre de empresas y el despido de empleados. Es lo que ha venido ocurriendo desde hace más de dos décadas, llevando a una precarización del trabajo y por ende de los consumidores. Por eso la mitad de quienes logran encontrar alguna actividad están en el rebusque, y el empleo en el agro y la industria cada vez pesa menos en las cifras laborales.

El TLC con Corea se suma al listado de acuerdos lesivos. El Gobierno Nacional escogió el camino de abandonar a la producción nacional a su suerte, promoviendo la importación masiva de alimentos y mercancías. Como resultado, Colombia está padeciendo las dos enfermedades más graves de la economía, descubiertas en la década de 1970: i. estanflación, altas cifras de inflación acompañadas de ralentización en el crecimiento y aumento del desempleo. ii. Déficit gemelos, en al ámbito fiscal y en el comercial. Después del derroche de mermelada las arcas quedaron raspadas y los malos negocios conllevaron al peor desfalco comercial en la historia del país.

El TLC con Corea somete a los productores a una competencia desleal que los arruinará, siendo este acuerdo —en la práctica— un mecanismo expropiatorio

Es lamentable que la Corte, encargada de proteger la Constitución, haya pasado por alto los gravísimos hechos violatorios a la carta política, como impedir la libre competencia, atacar el derecho a la prosperidad, al trabajo y a la propiedad privada. El TLC con Corea somete a los productores a una competencia desleal que los arruinará, siendo este acuerdo —en la práctica— un mecanismo expropiatorio. Para colmo, en una clara violación a la soberanía, los TLC permiten que multinacionales puedan demandar al Estado por decisiones que afectan sus expectativas de ganancia, como por ejemplo reversar la licencia ambiental para dañar a caño Cristales.

Es importante insistir que la anterior no es una discusión estrictamente académica. Menos es una confrontación de opiniones en donde todos pueden tener algo de razón. La realidad demostró que los defensores de los TLC se equivocaron, provocando un costo económico y social enorme. Por eso la única posibilidad de frenar este modelo es impidiendo democráticamente que ellos sigan gobernando.

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