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El fracaso del neoliberalismo

Alejandro Cifuentes Sanchez, El Mundo, Medellín, junio 9 de 2009

Desde que estamos, no sólo nosotros, el mundo entero, en manos del gran capital representado por el sistema bancario y sus tentáculos internacionales (FMI, BM, BID) la economía se asemeja al ardid de los tramposos de siempre con aquél “con sello gano yo, con cara pierde usted” y que en el argot de la moderna economía se conoce como “socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias”.

Ni más ni menos. Ningún país, mucho menos los pobres y subdesarrollados, puede tomar medidas que se salgan de los dictados del sistema; más aún, todos deben seguir una cartilla que es revisada periódicamente y cuyo cumplimiento se asegura mediante el paso, por la “puerta giratoria”, de ministros de hacienda, gerentes de organismos descentralizados del sector productivo y todo tipo de “asesores”. Cuando se dan resultados positivos, las ganancias pasan al gran capital internacional, con pingües ganancias para los intermediarios nacionales con lo que aseguran la “normatividad”. Cuando hay pérdidas o las ganancias no aparecen, la responsabilidad es sólo de la comunidad local porque no se han apretado suficientemente el cinturón o porque se han concedido garantías ambientales o sociales para condiciones mínimas de vida. ¿Recuerdan la crisis económica nacional de finales del siglo pasado? Un sistema usurero de financiación de vivienda, una verdadera “pirámide dentro de la ley”. Cuando el sistema quebró, un impuesto general para resarcir las “pérdidas” de los bancos mientras millones de colombianos se quedaban sin vivienda y sin los ahorros de toda la vida.

Nos toca ahora la crisis mundial desatada por la quiebra de otra gran pirámide de usura (llamada burbuja y que sólo es la punta del iceberg que es el sistema económico especulativo mundial). Y, ¿qué hace el tesoro norteamericano? Corre con millonarios subsidios a la banca privada, millones que, a no dudarlo, se cubrirán con emisiones extras que pagará el mundo entero con inflación y recesión.

¿Será esta la solución? Muchos críticos se han atrevido a dudarlo basados en una gran verdad: lo que ha fracasado es el sistema económico mundial llamado neoliberalismo y la solución debe estar fuera de él, nunca dentro (como trata de hacerse fortaleciendo la banca privada).

Escuchando las disquisiciones al respecto aparecidas en diferentes medios, me viene a la memoria este sabio e interesante análisis: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, en seguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron”. ¿Quién será el autor de esta reflexión? ¿Algún comunista? ¿Alguien del Polo o de la oposición? ¿Algún antiuribista visceral? Fríos, fríos; lo dijo, en 1802, nada menos que Thomas Jefferson, uno de los padres de la democracia norteamericana, tercer presidente de ese país y redactor principal de la Declaración de Independencia de Estados Unidos ¡Cuánta razón tenía!

Anónimo - 2009-06-25 22:34:11

Cómo era de visionario Francisco Mosquera cuando advertía, nadando contra la corriente predominante en las postrimerías del siglo XX (" bienvenidos al futuro", la aldea globalizada, libre comercio como factor de desarrollo y equidad social para todo el mundo, la revolución científica y tecnológica llevando prosperidad a los pueblos, los TICs al alcance de la gente del común ) que la globalización no era otra cosa que la expansión mundial del Imperialismo norteamericano, ya sin el contrapeso de la otra potencia que colapsaba bajo los efectos perniciosos del virus ideológico inoculado por el revisionismo. Que la "Apertura Económica" o Neoliberalismo era la forma que adoptaba la política expansionista. Que si antes nos dejaban el bagazo ahora venían por todo: el trapiche, la caña y quien la muele. Y por disentir de la corriente en boga que veía a la banca mundial, a las multinacionales y al “libre comercio” como dinamizadoras de la economía en beneficio de toda la humanidad ( idea propalada entonces por la intelectualidad, que habiendo renegado del marxismo por estimarlo desueto, abrazan el “ pensamiento de la postmodernidad”, un amasijo de irracionalismo y subjetivismo trasnochados, atrincherada en la social democracia europea, y que prendió en ciertos sectores de nuestra izquierda, luego del derrumbe del muro de Berlín y de la perestroika rusa), a Mosquera le endilgaban el remoquete de dinosaurio. El asunto lo planteaban en los términos de desarrollo vs. atraso, entre los novísimos abanderados del desarrollo y quienes supuestamente hacían la apología del atraso. Mosquera les enrostraba que en la época de la expansión imperialista no es dable hablar de desarrollo en abstracto, haciendo abstracción de qué capital es el que se desarrolla, si el foráneo o el nacional. Los hechos le dieron la razón. La quiebra de la producción nacional bajo el conjuro de la Apertura en la década de los noventa y la crisis financiera mundial con recesión a bordo atribuida al modelo imperante y que las potencias se resisten a cambiar, recetándole a la humanidad mas capitalismo salvaje, como la avanzada de la UE en América Latina, presidida por un monarca que manda a callar a las voces disonantes. Hoy ningún economista que se respete defiende sin sonrojarse al Neoliberalismo y al "libre comercio" y la izquierda tiene claro el asunto, pero con sus bemoles. Algunos plantean, por ejemplo, que los TLC con la UE son benévolos porque Europa defiende los derechos humanos, ingenuidad desmentida por los voceros de la nueva Europa con afanes imperiales “El asunto de los derechos humanos no tiene nada que ver con las cuestiones comerciales”, recordando el pragmatismo que los mueve, más allá de embelequerías moralistas. Y en Colombia cómo se cocina ese TLC. Con el mismo manido argumento: que los textileros y pequeños productores quebrarían porque no tendrían donde colocar sus mercancías…y lo curioso es que los directos damnificados de la política aperturista continúan creyéndoles el cuento. Jorge Enrique Robledo en reciente debate en el Senado les recordaba que fue la Apertura la que arruinó a la promisoria industria textil colombiana de finales del siglo pasado y no obstante, agrego yo, la ANDI y los PIMES dieron su respaldo a la firma del TLC con los EEUU. Definitivamente deben ser los trabajadores del campo y de la ciudad quienes se abanderen de la lucha en defensa de la producción nacional y terminen con los recelos y temores que inspiran en la burguesía nacional.

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