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El otro Carlos Gaviria

Alejandro Arcila, Medellín, febrero 2 de 2016

Carlos Gaviria es ya una institución: el gran maestro, el filósofo audaz, el impecable magistrado, el jefe natural del Polo Democrático. Casi imposible que haya alguien en el país que no sepa de su existencia. Hoy el sistema constitucional colombiano está influido de un modo innegable por su lucidez y si gozamos de alguna suerte de protección a los derechos constitucionales es gracias a su incansable lucha por dotar de verdadera eficacia a la tutela, minada ahora soterradamente por Santos y por su ministro Alejandro Gaviria.

Todos conocemos al gran hombre que fue Carlos Gaviria, pero hay un Carlos Gaviria a quien no conocemos sino unas pocas personas, otro Carlos Gaviria que también ha luchado durante toda su vida por la dignidad. Es Carlos Alberto Gaviria Pérez, un hombre humilde de Yalí, Antioquia. Algo más que el nombre lo une al maestro: es un líder comunitario que ha padecido las injusticias del sistema de salud y que hoy, a pesar de su estado de salud, sigue peleando con valor por sus derechos.

Carlos fue a mi oficina hace más de dos meses y una de las primeras cosas que me dijo fue: “Yo quiero morirme, pero no voy a suicidarme. Tengo derecho a que un médico me asista”.

Cada vez que lo recuerdo me abismo. Es ver la escena de un hombre en silla de ruedas y que parece estar contorsionándose del dolor. Padece una enfermedad que hace que sus músculos dejen de responder y que lo somete a terribles jornadas. La mielopatía y la encefalopatía son enfermedades tan dolorosas, que no sirven para controlarlas ni los analgésicos más fuertes. Algunas sustancias le producen descanso por un par de horas, pero siempre después del alivio viene la angustia de saber que en unos minutos el dolor volverá a atacar. Carlos Gaviria no puede moverse,y los dolores no lo dejan a veces ni siquiera respirar bien. Y está dispuesto a dar la pelea.

Cada vez comprendo más las coincidencias entre este Carlos Gaviria y el maestro de todos nosotros. Ninguno de los dos estaría dispuesto a ceder si de lo que se trata es de defender la dignidad.

Hace casi dos meses radicamos una tutela buscando que se protegieran su derecho a morir dignamente y a recibir atención médica para tratar el dolor hasta el día en que por fin la EPS respete su voluntad legítima de partir. Hoy ajustamos casi 40 días desde que una juez, aplicando sentencias del otro Carlos Gaviria, tomó la decisión de proteger su dignidad ordenando que se le brindaran los medicamentos y que se iniciara el trámite para determinar la viabilidad y resolver la petición de Carlos en 10 días. Lo que le respondió fue el silencio sepulcral de Savia Salud, otra EPS indolente, si no hubiera ya tantas.

Hoy cursa ante ese despacho un incidente de desacato, tampoco contestado por el Gerente de Savia Salud. Mientras tanto, Carlos vive uno de los momentos más difíciles de su vida, pues la EPS no le está brindando ni siquiera los medicamentos para poder resisitir el dolor. Mientras Carlos Gaviria libra una de las batallas jurídicas más heroicas que he visto, una empresa se lucra al son de negar servicios a sus pacientes terminales, quizá aguardando a que Carlos Gaviria muera antes del cumplimiento de la sentencia.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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