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El primer paso es admitir el error

Mario Alejandro Valencia Barrera, Las2orillas, Bogotá, marzo 7 de 2016

La discusión no debe ser sobre si hay crisis económica o no, sino cómo resolverla. En este punto, la valoración que el Gobierno hace de la situación lo lleva a tomar decisiones equivocadas, que traerán como consecuencia inevitable una profundización de los problemas de los ciudadanos.

Tanto el presidente Santos, como su ministro Mauricio Cárdenas parecen estar más preocupados por lo que piensan las agencias calificadoras de riesgo y los organismos internacionales, que por la salud de la economía. Si estuvieran interesados en el bienestar de la población y el crecimiento económico, estarían buscando la forma de estimular el desarrollo económico.

No obstante, las medidas van en contravía de este principio. Primero, en materia fiscal, el Gobierno decidió recortar el gasto cuando ya las arcas estaban vacías. Sin embargo, años de dilapidación de recursos públicos, que tienen al borde de la quiebra a Ecopetrol, la empresa más grande del país, no se reflejaron en un aumento de la capacidad nacional de competencia. La prueba es que entre 2008 y 2014 la productividad de los factores decreció 1 % y que de las 11 estrategias del Plan Nacional de Desarrollo del primer gobierno de Santos, solo se cumplió la meta en una de ellas. Es por esto que, a pesar de la fuerte devaluación, en 2015 se perdieron US$19.105 millones en exportaciones. Este fenómeno se debe a las barreras en contra de la producción nacional.

En el ámbito monetario la solución parte del dogma equivocado según el cual el peor impuesto es la inflación. No es cierto: el peor impuesto es la falta de empleo.

Segundo, en el ámbito monetario la solución parte del dogma equivocado que constituye el principio constitucional del Banco de la República, según el cual el peor impuesto es la inflación. No es cierto: el peor impuesto es la falta de empleo, que impide generar los ingresos necesarios para consumir. Con tasas de 6,25 % en Colombia y subiendo, será muy difícil para los empresarios competir –por ejemplo- con Japón donde las tasas son negativas o con Estados Unidos donde se acercan a cero. Mientras a Europa le preocupa que no hay inflación, porque la gente no consume lo que se produce, en Colombia se produce poco y está obligada a dejar de consumir o a comprar más caro los alimentos y mercancías que se importan con dólar caro; por eso la inflación es alta.

La tercera tiene que ver con que Colombia no es capaz de generar los suficientes dólares para comprar las mercancías que necesita. 2015 cerró con el peor déficit comercial de la historia, US$15.907 millones. La solución de Santos ha sido incentivar más importaciones costosas en reemplazo de producción y trabajos nacionales, además de perder recursos de impuestos por aranceles.

La preocupación del Gobierno es evitar que los mercados se pongan nerviosos, aunque sus ciudadanos sufran la crisis. La solución, en una nación seria, es invertir en la producción; recortar las tasas de interés para que aumente el consumo y la inversión; e incluso restringir el comercio exterior si este afecta a la economía nacional. Los recursos están a la mano, lo que falta es voluntad política.

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