En una carrera de relevos, dos o mas individuos corren a través de una pista de determinada longitud, en la que un participante, arrancando del punto de partida, deberá transportar un objeto a lo largo de cierto tramo de la pista hasta entregárselo a otro participante, que hará lo mismo, y así sucesivamente, hasta llegar a la meta.
El objetivo es: hacer que el objeto mencionado recorra toda la pista, a través de distintas manos, en el menor tiempo posible y sin tocar el piso. Esto lo hacen personas distintas, a distintas velocidades, con distintos ritmos cardiacos, etc.
En un país neocolonial como Colombia, sojuzgado por el imperialismo norteamericano, los distintos gobiernos recorren la pista de la historia, portando en sus manos los intereses de nuestra nación, siendo relevados cada cuatro años, o, en el caso de Uribe, después de ocho (unos atletas rinden más que otros). El objetivo: no dejar que los intereses nacionales sean disfrutados por el grueso del pueblo colombiano y que lleguen lo más intactos posible a las arcas de Wall Street.
En esta carrera de relevos, el equipo de atletas llamado gobierno es dirigido y financiado por la gran burguesía y los grandes terratenientes. La meta es siempre Wall Street y el premio es el apoyo de Estados Unidos a sus antinacionales iniciativas y el mantenimiento de su opresora y ya caduca forma de vida.
Esto lo hacen personas distintas, con distinta eficacia, con mayores o menores índices negativos como pobreza, desempleo, etc. Pero siempre lo hacen, desde hace ya mas de cien años, y en el caso de Uribe y muy seguramente en el de Santos, con increíble eficacia y con los peores índices sociales de la historia.
El relevo en el gobierno cada cierto tiempo es necesario para mantener la apariencia de una república democrática, con elecciones periódicas, separación de poderes, etc. Requisito que quienes entregan el premio (el imperialismo) exigen a los atletas contemporáneos, con el fin de que esta pacífica carrera de relevos no se convierta en una tormentosa carrera de obstáculos.
Esto lo sabemos muchos, es decir, es por todos conocido que nuestros gobiernos desde la pérdida de Panamá son financiados por el imperialismo, la gran burguesía y los grandes terratenientes. Sin embargo, desde hace ya algún tiempo, cunde una especie de mito, un fetiche, un acto de urbanidad, el mito de los cien primeros días.
Como todo mito, tiene su lado místico, y es que el atleta que hace el relevo, el nuevo gobierno, tan pronto es elegido queda huérfano de prontuario, inmaculado por las aguas benditas del poder.
El mito de los cien primeros días consiste en que a quien hace el relevo en el gobierno, el nuevo presidente, el nuevo Congreso, se le debe dar una lapso de tiempo, un compás de espera, de cien días por lo menos, los cien primeros días, para que este, sin oposición alguna, o cuando menos con una oposición “inteligente, propositiva y dialogante” ponga en marcha "su" programa de gobierno.
Este mito, construido y divulgado por la gran burguesía y los grandes terratenientes, se ha convertido, como decíamos, en una especie de fetiche o acto de urbanidad, de tal forma que quien en su accionar político no lo observa y comete el pecado de declarar su franca, antagónica, frontal y por lo demás legal oposición queda automáticamente convertido en dinosaurio, troglodita o cuando menos en agente de un gobierno extranjero.
A quienes por franco desconocimiento de la contradicción principal de la sociedad colombiana, a saber, la contradicción entre las fuerzas productivas y el pueblo, por un lado, y el imperialismo, la gran burguesía y los grandes terratenientes por el otro, o por solapada indignidad, proponen hacerle el juego al mito de los cien primeros días, extendiéndolo durante todo el cuatrienio, mediante formas diversas como la oposición inteligente, dialogada, deliberativa, propositiva, etc., o los llamados acuerdos sobre lo fundamental, los invitamos a reflexionar sobre lo siguiente: ¿Quien ha encontrado la gallinita de los huevos de oro va a compartirla con otro, por lo general “aparecido”, siendo que lo que busca es reducir el círculo?
O mejor ¿quien ha subido al último piso del edificio del poder va a prestar la escalera a otros para que también suban, siendo que mientras menos convidados haya a la fiesta, más grandes son los pedazos del pastel que le tocan a cada uno?
Faltaba que llegara un atleta que propusiera una carrera de unidad nacional, para que hasta en las filas de los más esclarecidos y consecuentes representantes del pueblo colombiano cundiera cual torrente con furia desbordado el mito de los cien primeros días.
En hora buena el Polo Democrático Alternativo ha declarado su oposición frontal al gobierno de Santos, por no ser más que el relevo neoliberal, desechando las propuestas de convertirse en oposición con apellidos, y otras cosas que le hacen el juego al mito de los cien primeros días.
Puede estar seguro el pueblo colombiano de que en medio de la noche negra que aún no acaba, el Polo Democrático seguirá siendo ese faro que lo guiará un día al poder, para construir una Colombia soberana, democrática, próspera y en paz.
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