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El soporte científico de la reserva van der Hammen que ignora el alcalde

M. Gonzalo Andrade C*, UNPeriódico, No 197, marzo 12 de 2016

Desde el mismo día de su posesión, el alcalde Enrique Peñalosa ha manifestado que la reserva es un potrero lleno de vacas, con zonas de invernaderos, colegios, cementerios y no hay estudios científicos que soporten la declaratoria de la reserva. ¿Desconocimiento u oídos sordos? Una breve cronología científica da cuenta del riesgo de edificar sobre este patrimonio ambiental.

La reserva Thomas van der Hammen fue creada mediante el Acuerdo 011 del 2011 y su plan de manejo establecido en el Acuerdo 022 de 2014, ambos, actos administrativos del Consejo Directivo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, CAR.

Similar a las otras áreas protegidas en Colombia, para su declaratoria se siguió la ruta establecida en el Decreto 2372 de 2010, en la cual se estudian aspectos biológicos, sociales, económicos y culturales del territorio, que no se pueden desconocer.

Desde Humboldt hasta hoy

En 1801, Alexander von Humboldt se refirió a los restos de canales y terrazas de los muiscas en la zona al norte de Bogotá, representados en grandes porciones de terreno descubierto. Esto permite suponer la presencia de extensas áreas boscosas, descritas luego por Manuel Ancízar en el libro Peregrinación de Alfa.

Más de un siglo después, en 1962, los científicos Thomas van der Hammen, Roberto Jaramillo y María Teresa Murillo (del Instituto de Ciencias Naturales –ICN– de la UN) caracterizaron los parches del bosque andino en los alrededores de Suba y Usaquén; para ello registraron bosques naturales en Torca, la Hacienda Las Mercedes y el Cerro de la Conejera.

El botánico Enrique Forero realizó, en 1965, un estudio fitosociológico de un bosque subclimático en el altiplano de Bogotá, sobre el Bosque de las Mercedes o Malezas de Suba, único relicto de bosque andino bajo de planicie en el territorio del Distrito Capital y en la Sabana de Bogotá. Según la investigación, ocupaba un área cercana a las 12 hectáreas y habría perdido cerca de 25 hectáreas entre 1940 y 1965. Hoy, este importante bosque se reduce a 6 hectáreas aproximadamente.

Entre 2009 y 2010 cerca de 13 estudios sirvieron de soporte para la declaratoria de la reserva. El primero, sobre distribución y características de los suelos, realizado por Ricardo Siachoque del IGAC, encontró que en su mayoría son antrópicos (construidos por los muiscas), ricos en materia orgánica y en productos minerales derivados de cenizas volcánicas debido a los vientos en las erupciones pasadas de la Cordillera Central. Asimismo, son excepcionales para la agricultura y se consideran los mejores del país.

Las aguas freáticas, los sedimentos superficiales y su interacción con los suelos fueron estudiados por el investigador de la Universidad Nacional, Sergio Gaviria, Luz Marina Cabrera y Alfonso Romero de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA). En la zona de planicie, como resultado de la exploración, las aguas subterráneas mantienen niveles muy cercanos a la superficie, aun en épocas de sequía, y aumentan la productividad de los suelos y la diversidad de los ecosistemas. Por lo tanto, la idea de edificar en esta zona y construir un circuito de parques sería calamitosa, pues sepultaría este geoecosistema extraordinario y los flujos de agua acumulada en el subsuelo, que ayudan a descontaminar el río Bogotá, desaparecerían.

Asimismo, son relevantes las investigaciones sobre clima local y sus interacciones regionales, del geógrafo de la UN Daniel Pabón; coberturas vegetales y sus dinámicas ecológicas, de la bióloga de la UN Sandra Cortés, quien señala la presencia de bosques, pastizales y humedales con una enorme diversidad (486 especies nativas con posibilidad de aumentar a 514 si se suman líquenes, musgos y hepáticas); por último, la distribución y carácter ecológico de los anfibios y reptiles, de Laurinette Gutiérrez del Instituto de Estudios Urbanos de la UN.

Riqueza en fauna e historia

En este inventario se describen los pequeños mamíferos, estudio de Francisco Sánchez y Karin Osbhar de la UDCA, quienes hallaron seis especies en la zona oriental del polígono de la reserva, que no están reportados en otras zonas al norte de Bogotá. Durante el estudio sobre mariposas del Borde Norte de Bogotá, el zoólogo e investigador del ICN, Gonzalo Andrade-C. encontró 23 especies de mariposas que viven dentro y fuera del polígono de la reserva, y dos especies nuevas para la ciencia, que solo están en ese sector del norte de Bogotá.

Complementa la diversidad de especies de la reserva el estudio sobre la distribución, conectividad, hábitat y ecología de las aves, del ornitólogo de la UN Frank G. Stiles. El científico descubrió que las aves, vinculadas a los ecosistemas de bosque, pastizales y humedales, indican una actividad muy importante de conexión con los ecosistemas de los cerros orientales y los cerros de Suba, Chía y Cota; igualmente, la persistencia de especies amenazadas, muchas de ellas endémicas.

El componente social, económico y cultural está representado por los estudios sobre Historia de las haciendas y los predios entre los siglos XVI y XIX, de Henry Santiago de la UDCA; Distribución predial e historia de la fragmentación entre 1941 y 2010, de los profesores Gerardo Ardila y Nelson Pérez, Historia y análisis económico y la evaluación económica de propuestas alternativas, de Jorge Iván González, e Historia y análisis normativo y jurídico, autoría de María Mercedes Maldonado. Estos últimos, investigadores del Instituto de Estudios Urbanos de la UN.

Soportes de peso

Economistas, abogados, antropólogos, biólogos y demás científicos del proyecto, consideramos que la declaratoria de la reserva era posible y recomendable para que esta zona de la Sabana de Bogotá fuera un modelo de protección del ambiente, capaz de contribuir a la preservación de la vida y el bienestar humano. Asimismo, a la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero; captura y almacenamiento de carbono; conectividad y mantenimiento de los ecosistemas regionales; construcción de una sociedad más igualitaria y democrática; y a la creación de un laboratorio para hacer más investigaciones sobre su naturaleza y dinámicas.

El Componente de Ordenamiento Ambiental Reserva, dado en el Plan de Manejo Ambiental (PMA) del Acuerdo 022 de 2014 de la CAR, señala este territorio como un modelo de trabajo colectivo para su ocupación y uso sostenible, con énfasis en la conservación y reconversión de los sistemas productivos hacia prácticas amigables con el ambiente.

Dentro de las estrategias desarrolladas hacia la conservación, se define la adquisición de áreas de interés público para la recuperación de ecosistemas deteriorados, la conectividad y tránsito de especies entre los cerros orientales, el río Bogotá y los demás ecosistemas de importancia regional, como el bosque de las Lechuzas, el humedal Torca Guaymaral, el bosque de Las Mercedes, cerro Majuy en los municipios de Cota y Chía.

De esta manera, la reserva se constituye en un espacio estratégico para los habitantes de Bogotá y la región, ya que provee bienes y servicios ambientales, y un área de amortiguación y regulación para los fenómenos de cambio y variabilidad climática, como las inundaciones que han afectado históricamente a los pobladores de la zona.

La producción agropecuaria de la reserva está fundamentada en sistemas de producción con enfoque ambiental que permiten aumentar la densidad y diversidad florística del polígono y favorece la conectividad ecológica. La producción ganadera se desarrolla a partir de modelos silvopastoriles.

Zonas de manejo ambiental

El plan de manejo aprobado por la CAR para la reserva contempla una zona de preservación que, por procesos de sucesión natural y/o restauración ecológica, favorece el desarrollo de las coberturas nativas y otros tipos de ecosistemas regionales. De esta manera, se busca mantener las cualidades naturales y la diversidad biológica en su desarrollo evolutivo; además de evitar la intervención humana.

Para la preservación se cuenta con los sistemas hídricos (humedales naturales y la quebrada La Salitrosa), la vegetación natural y seminatural representada en bosque secundario, matorral y vegetación de ronda y los canales o cauces artificiales, probablemente revestidos, construidos para conducir las aguas lluvias al río Bogotá o al humedal Guaymaral.

La zona de restauración del plan corresponde a la franja de 30 metros, localizada cerca al cerro La Conejera y el costado oriental del polígono, en la localidad de Usaquén contra la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá. Allí existen unidades de manejo que corresponden al corredor ecológico sobre el área del nacimiento de la quebrada La Salitrosa; también, coberturas exóticas e invasoras como plantaciones forestales y cercas vivas con especies exóticas, como pinos, cipreses, eucaliptus, acacias y zonas invadidas por retamo espinoso y liso.

El suelo de protección por riesgo corresponde a terrenos en condición de riesgo alto y medio asociado a la degradación, debido a fenómenos de remoción de suelo en masa o condiciones de amenaza alta por inundación. Entre tanto, con los conectores ecológicos, se busca articular funcionalmente la reserva y la estructura ecológica regional, para contribuir al equilibrio ambiental de la ciudad y la región.

Conectividad ecológica

Para el manejo de la reserva, se considera igualmente una zona de uso sostenible que incluye los espacios para adelantar actividades productivas y extractivas, compatibles con los objetivos de conservación. Por ello, en las áreas es importante utilizar los componentes de la biodiversidad de un modo y a un ritmo, para evitar su disminución o degradación a largo plazo.

Finalmente, el Acuerdo CAR 16 de 1998 establece una zona de protección de paisaje o área de manejo especial, declarada como monumento digno de conservación por albergar un valor histórico, cultural y paisajístico. En la reserva concierne a la Casa Hacienda La Conejera y su inmediato terreno perimetral, ubicados en el lote Barajas Norte de la localidad de Suba, declarados por el Ministerio de Cultura como Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional (Resolución 1640 del 24 de noviembre de 2004).

Si se desarrolla el proyecto Ciudad Norte, propuesto por el alcalde Enrique Peñalosa, que implica construir 494.000 viviendas en 5.924 hectáreas, que corresponden a las 1.395 de la reserva, afectará el objetivo de la estructura ecológica principal, el cual busca sostener y conducir los procesos ecológicos esenciales, que garanticen la conectividad ecológica y la disponibilidad de servicios ambientales en todo el territorio, así como elevar la calidad ambiental.

*Profesor asociado, Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia.

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