Cuando niño una de las distracciones favoritas era el cine. Las películas de la época que más nos emocionaban eran las de aventuras, especialmente las de Tarzán, el hombre mono, uno de los héroes que el cine norteamericano, difundía en nuestros teatros. Un episodio de especial emoción en una de esas películas mostraba cuando el protagonista caía en un pantano de arenas movedizas en las que se hundía lenta e inexorablemente; su salvación dependía de que un amigo desde tierra firme le alcanzara un lazo o un palo del cual asirse para salir del fangal, asistencia que llegaba en el último momento. La actitud clave mientras llegaba la ayuda era quedarse inmóvil, porque el movimiento aceleraba el hundimiento.
El escenario de crisis que atenaza lenta y progresivamente al sistema capitalista mundial, me trajo a la memoria la escena arriba descrita: pareciera que el capital financiero monopolista, gestor de la crisis, se estuviera hundiendo en un pantano de arenas movedizas creado por su irrefrenable ánimo de lucro. Para poder garantizar la tasa de ganancia monopólica que ha impuesto en los negocios durante los últimos 23 años extendió la globalización del capital hasta los límites insoportables que hoy agobian a los pueblos del mundo. En el fondo el capital se impuso sobre la fuerza de trabajo a la que fue despojando de todas sus prerrogativas, imponiéndole cargas cada vez más gravosas. Al hacerlo va profundizando su crisis.
De manera paralela, construyó un sistema financiero especulativo para darle cabida y oportunidad de generar más riqueza, así fuera ficticia, a los fabulosos capitales acumulados por los grandes monopolios en décadas de explotación del trabajo y la riqueza de los pueblos. El engendro ha terminado fuera de control y como la culebra de la fábula está engulléndose a sí misma por la cola.
La crisis destacada por estos días es la de Europa, aunque están en remojo la misma norteamericana, la asiática –incluida China –, y otra vez Japón…y con ellas el resto del mundo. En estos días se está tratando de salvar a España, a quién le envían la tabla de salvación para salir de las arenas movedizas, con el agravante de que lo hacen quienes están también en el pantano. Y en situación similar está Irlanda, Portugal, Italia, la alicaída Grecia…y hacen fila Inglaterra, Francia y unos cuantos más.
Las crisis capitalistas, como lo enseñara Marx, son causadas por los excesos de producción de bienes y servicios. La inusitada crisis de hoy es causada por los excesos de capital, que sobra a raudales, mientras gravita parasitariamente sobre los sectores productivos reales. La resolución de esta contradicción hace prever que los tiempos por venir serán apasionantes.
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