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Entre Santos y Zuluaga, Voto en blanco: el dilema de “guerra o paz” encubre el oprobio que representan los dos candidatos contra la nación

Pedro Pablo Rojas Laiton, Bogotá, junio 6 de 2014

“Repudiamos todas las formas de terror: el atentado personal, el secuestro, la extorsión, los falsos positivos, las acciones armadas contra la población civil, que en modo algunos son formas legítimas de la lucha de los pueblos, por lo que condenamos todo acto de esta naturaleza. Nos oponemos a la concepción de la “lucha antiterrorista” que los gobiernos norteamericano y colombiano utilizan como pretexto para recurrir a métodos absolutistas y perseguir las expresiones de lucha popular que se oponen a la política imperante. Apoyamos la solución política al conflicto armado interno.”

IDEARIO DE UNIDAD DEL POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO


Por obra y gracia del santismo y de algunos de sus seguidores que se dicen de izquierda, la elección del 15 de junio es la suprema gesta que han visto y verán los siglos venideros, porque ese día Santos y Zuluaga, cual dioses tonantes, librarán el combate definitivo para la suerte de la paz y de la guerra. De esta premisa desprenden que si no gana el actual presidente, se cerrará para siempre la posibilidad de una salida negociada al conflicto armado, ya de cincuenta años, entre las guerrillas y el Estado; de ahí que extraigan el peregrino designio de que quienes en la primera vuelta sufragaron por el Polo Democrático Alternativo, tengan que hacerlo por Santos en la segunda, para superar la ventaja que de entrada sacó Zuluaga y que ya se acrecentó con los votos de Marta Lucía Ramírez, so pena de cargar con el estigma eterno de la derrota del aspirante a la reelección y, en consecuencia, de la hipotética debacle de la paz. ¡Ver para creer: el partido de oposición, combatido con ferocidad por el gobierno de Santos, convertido por toda laya de oportunistas en esperanza de la voracidad de poder de su implacable perseguidor!

El corolario ha sido la campaña dirigida a abstencionistas y partidarios del voto en blanco, pero sobre todo a los sectores del Polo, enfilada a arrancar su apoyo a como de lugar. Con el Polo Democrático Alternativo, han utilizado los más variados recursos en el empeño de doblegar su espíritu de resistencia y de oposición. No han escatimado ninguno de los grandes medios de comunicación, y cuanto columnista de prensa y comentarista de radio, televisión o red social, comprometido con la campaña del santismo, no ha perdido la ocasión para recurrir a todo tipo de ardides, desde la adulación hasta la mentira, el improperio, la calumnia y otras vilezas, al tenor de los momentos, los personajes y las determinaciones del partido. Así, han atentado contra el derecho del ciudadano y de las organizaciones políticas a tomar autónomamente sus decisiones.

La siguiente secuencia lo ilustra. El país ha sido testigo del trato dado al Polo por este gobierno, en respuesta a su presencia y solidaridad con las movilizaciones y paros de trabajadores y empresarios de la producción, dentro de la tradición de la administración de Uribe de acusarlo, contra toda evidencia, como promotor de actos violentos, de nexos con la guerrilla, etc., entre otras cosas por defender con ahínco la solución negociada al conflicto armado. Inmediatamente antes de las elecciones parlamentarias, con la intención de desprestigiarlo, su trato era despectivo dizque por representar una izquierda “ortodoxa”, “sectaria”, “anquilosada” y “desconectada de las condiciones de la política contemporánea”; pese al gran éxito del partido en esas elecciones, esta misma perorata fue reiterada antes de la primera vuelta presidencial; pero cuando los resultados arrojaron la ventaja de Zuluaga y la votación significativa por el Polo, éste se tornó un partido “respetable” y junto con su candidata fueron objeto de las embestidas del cortejo y demás ardides ya señalados. El partido no cayó en la trampa, lo cual es una muestra de garantía para los diversos sectores de la población. Así lo expresa la declaración unánime de su Comité Ejecutivo del 29 de mayo:

“Quienes votaron por nuestra propuesta lo hicieron convencidos de que estaban apoyando un cambio de rumbo y que eran contrarios a las propuestas de los otros cuatro candidatos en disputa. El próximo 15 de junio de 2014 deberán decidir por quién votar, en blanco o abstención. Es de la autonomía y conciencia de cada elector tomar su decisión, en el entendido de que el Polo es y será opositor al programa de los dos candidatos en competencia, los señores Santos y Zuluaga…”

Pero, al no haber podido torcer esta determinación de ser oposición a los dos candidatos, de nuevo ha llovido la presión intimidatoria, el sofisma y la infamia sobre la corriente polista, intentando desprender algunos de sus militantes y simpatizantes. Puede que lo logren con alguna personalidad que desprecia la grandeza de contribuir, pacientemente, a la construcción de la organización y el proceso que conduzca con certidumbre a un poder democrático y popular, y se deslumbra con la espectacularidad palaciega y la retórica de la “vocación de poder”, que en este caso no es otra cosa que la inclinación a echar por la borda los logros heroicos del pueblo y la nación y a apoyar “el poder de la ocasión”.

Por fortuna está claro en la historia y la memoria de nuestra gente que los intereses, la ideología y las acciones concretas en el inmediato pasado de Santos y Zuluaga, los retratan de cuerpo entero como ejecutores del modelo neoliberal impulsado por el poderío estadounidense y los monopolios trasnacionales, que al unísono y de tiempo atrás, con sus partidos y gobiernos han causado las calamidades del país, entre ellas la consuetudinaria demagogia de la paz y los inenarrables dolores de la guerra. ¿Alguien quiere olvidar que ambos fueron ministros de administraciones neoliberales, que juntos lo fueron en el gobierno de Uribe y que con este mandatario celebraron el frenesí de la represión, de los falsos positivos, del arrodillamiento al imperialismo estadounidense, del libre comercio, de la quiebra de la producción y del recorte al bienestar de la mayoría de la población, tarea que quiere dirigir Zuluaga y que Santos lideró y aplicadamente desea continuar?

Como puede verse, el momento sí es de gran importancia pero no porque el pugilato Santos-Zuluaga represente la posibilidad remota de un cambio de modelo de desarrollo económico y social, y ni siquiera porque exprese diferencias de fondo sobre el proceso de paz, que es el caballito de batalla de los cruzados santistas, sino porque si no comprendemos la trampa tendida con el falso dilema de paz santista o guerra zuluaguista, estaríamos perdiendo la oportunidad más relevante de los últimos decenios de elevar la conciencia política al identificar que las clases dominantes nos obligan cada cuatro años a elegir gobernantes para que todo siga igual o peor y que por ello es inaplazable seguir construyendo nuestra propia organización política que avance segura hacia la toma del poder en interés de todos los colombianos. En términos simples, ¿qué más da que gane Zuluaga o Santos, si los dos encarnan el mismo modelo que combatimos?

Pero los panegiristas de Santos, especialmente los intelectuales que declaran respetar la izquierda o que dicen provenir de ella o hablar en su nombre, insisten en presentar la disputa Santos-Zuluaga como la palestra suprema para la democracia y la paz. “La mayor apuesta política de nuestro tiempo” la calificó un columnista de El Tiempo. No quieren darse cuenta de que el espectáculo que ofrecen solo es una farsa en la que los dos candidatos son muñecos sin autonomía, movidos ideológica y políticamente por el imperialismo estadounidense y las clases más pudientes del país, y que la diferencia no va más allá de la que hay entre un títere y una marioneta: piénsese si corresponde Zuluaga con el títere (“muñeco manejado con las manos”), por la orientación actual y directa de Uribe…, piénsese si corresponde Santos a la marioneta (“muñeco manejado con hilos”), por la orientación del mismo Uribe, un poco distanciada en el tiempo… No quieren recordar que los dos candidatos se han disputado el celoso cuidado de los “tres huevitos” autoritarios y neoliberales del titiritero y marionetista…

¿Queda alguna duda acerca del papel y el significado del voto en blanco, cuando lo que buscan los panegiristas de uno y otro bando es que, una vez más, el pueblo colombiano se trence en una pugna que no es la suya y legitime con su voto el mandato de sus dominadores?

¡Votemos en blanco!

¡Denunciemos y venzamos la treta de convertir la necesidad de la paz y el apoyo patriótico, democrático y noble a su feliz y, ojalá, cercano logro, en la mampara que encubra el oprobio que representan Santos y Zuluaga contra la nación colombiana y su pueblo!

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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