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Génesis llanero: Pedro Jesús engendró a Casimiro, quien engendró a Sérvulo, el cual engendró a Bernabé

Francisco Torres Montealegre, Secretario de Relaciones Internacionales de Fecode, Bogotá, junio 29 de 2014

Sentado con mi compañero Bernabé Betancourt Estepa en el corredor del patio de su casa que quedaba muy cerca de la costa del Río Arauca pasamos de hablar de los asuntos del día a la charla sobre la vieja historia del Llano. Ya me había narrado sus triunfos y sufrimientos en las desbrozadas tierras de Betoyes, de sus días en Venezuela, de cómo había terminado cerca de las míticas aguas del río en el barrio Primero de Mayo construyendo casas, dirigiendo la lucha de los vecinos y ayudando a hacer tareas a los muchachos de bachillerato, él, que sólo había estado unos meses de estudiante del párroco de su pueblo natal, en las bravas tierras casanareñas. Ya habíamos pasado las terribles hojas de la historia de la rebelión llanera contra la dictadura laureanista y como siendo apenas un inocente joven terminó en la cárcel de Tunja, junto con su padre y sus amigos en el frío apesadumbrante, amontonados como gusanos en herida de buey.

Viendo como mis hijas devastaban las cuatro cañas de azúcar que crecían en el diminuto arenal de su patio Bernabé se rascó la cana cabeza y me habló de la biografía de la familia Betancourt. Fue algo súbito e increíble: ese hombre campesino de habla tranquila, de revolucionarias convicciones, que construía casas con ordenado esfuerzo se sabía de memoria una historia de casi dos siglos. Antes de irme dijo que pondría por escrito aquella maravillosa crónica, ya que era compositor y escritor.

Semanas después fue a mi casa. Sentados en la deslumbrante mañana llanera hablamos de lo que íbamos a hacer la semana que entraba. Tomamos café y dejamos que el sol nos lamiera los pies. Llevaba una vieja carpeta. Pero las cosas debían seguir su curso. Tomó sus herramientas y se puso a arreglar una puerta. En mi casa sonaban el martillo y el villabarquín, pero más retumbaba en mi cabeza la promesa que me hiciera y cuyo cumplimiento debía ahora dormitar entre las amarillas hojas.

Almorzamos y después volvimos a tomar café, como a él le gustaba, negro como un diablo. Entonces, cuando la conversación languidecía ante el sopor, dio su golpe. Tomó la carpeta, la abrió y leyó el título:

Biografía de la familia Betancourt en los Llanos Orientales de Colombia y que se denominan en su mayoría, Casanare.

Me la dejó con esa sonrisa de cazurra campechanía que tenía. Por la tarde lo llevé a su casa. En el camino dijo lo que siempre decía: “se va sereno y rápido en estas motos”. Por la noche me leí de un bocado su texto. Aquí está:

En el año 1826, procedente de la República de Venezuela, llegó a territorio casanareño un señor que dijo llamarse Pedro Jesús Betancourt. Venía guiado por un pariente cercano de nombre José Reyes Betancourt. José Reyes fue maletero de Simón Bolívar Palacio durante el levantamiento de los campesinos antes y después de la independencia de Colombia y Venezuela.

José Reyes conoció muchas tierras tanto de Venezuela como de Colombia, pues por donde quiera que pasó Bolívar por allí pasó José Reyes. Él era el que le ensillaba el caballo, le guindaba la hamaca y se la desguindaba donde quiera que llegaban. Cuando el ejército granadino marchó de Pore, Casanare, con rumbo al interior del país, allá iba José Reyes. Después del Congreso de Angostura cuando Bolívar volvió a Venezuela José Reyes iba con él, pero al llegar a su país José Reyes le hizo algunas exigencias a su jefe Bolívar, entre ellas que le regalara un caballo, pero este no le quiso reconocer nada.

En vista de la actuación de su jefe José Reyes le abandonó y buscó un familiar y pariente cercano que tanto estimaba, a Pedro Jesús Betancourt. Y como en Venezuela seguían los levantamientos, José Reyes le instó a su pariente a que se vinieran a Colombia, que él conocía un lugar muy bonito donde creía podían vivir tranquilos, que él le acompañaría toda su vida.

Pedro Jesús, a la voz de su pariente, tomó la decisión, abandonó su país y marchó con su joven compañera y dos vaqueros más. Traía setenta y cinco reses vacunas de cría.

La familia Betancourt tomó la ruta o vía que utilizó Bolívar con su ejército. Pasaron por la pica llamada La Ceiba y vadearon el Río Arauca más abajo del punto denominado Cañafístula. Pasaron por el lado oriental de la población de Tame. Pasaron el Río Casanare en el punto denominado San Salvador. Llegaron a la población de Chire, Moreno, Pore, hasta llegar al Río Pauto y vadearlo en el paso de Limoncito, luego tuvieron el alto de Petaquero, divisaron la belleza de valle de Tamuria y se hospedaron en la casa de un venezolano que vivía allí, llamado Julián Arévalo Cedeño Zapata. Este era curandero y le ayudó a Pedro Jesús a buscar el lugar donde podía edificar su casa.

En una mesetica, en medio de dos arroyos veraneros, construyó Pedro Jesús su nueva vivienda y le puso por nombre Santa Teresita.

Pedro Jesús era de pequeña estatura, macizo, tez blanca, ojos verdes, cabellos ensortijados, pero tenía la piel cubierta de manchas llamadas carate y una edad de treinta y cinco años. Su joven compañera de edad de veintidós años era de color trigueño, alta de cuerpo pero bien formado, ojos negros, cabellos ensortijados, no tenía hijos y dijo llamarse Rosalba Pinzón Camargo.

José Reyes era de color trigueño, ojos castaños, cabellos también ensortijados, hablaba muy poco, siempre obediente y muy malicioso, vivía pendiente de los trabajos de la casa. Sus otros dos compañeros volvieron nuevamente a Venezuela.

Al hogar Betancourt Camargo le nacieron cinco hijos: tres mujeres y dos varones. La primogénita, Ana Dolores; la segunda, María de Jesús y la menor, Pascuala. El mayor, que seguía a Ana Dolores, Avelino; y el menor de la familia, Casimiro.

Ana Dolores se casó con Lucas Adán. Estos vivieron los primeros años en la vereda de Cofradía, en un rincón de sabana llamado Rincón Doloreño y que así se llama hasta hoy. Luego bajaron a pie de monte y vivieron cerca del Hato del Desecho, de ahí fueron a vivir a la costa del Cusiana.

María Jesús se casó con Gabino Granados, viejo, porque hay más Gabinos y María de jesuses con el mismo apellido, y fueron a habitar en el municipio de Trinidad, lado occidental.

Pascuala se casó con Ananías Pidiache. Vivieron cerca de la casa paterna hasta su muerte.

Avelino fue y habitó el municipio de Trinidad, lado oriental. Desconócese el nombre de su esposa. Avelino se metió a cachilapero y fue puesto preso y trasladado a la cárcel de Ororcue donde murió de fiebres palúdicas.

Casimiro se casó con Eustaquia Tumay y vivió también cerca de la casa paterna.

Los hijos de Ana Dolores, María de Jesús y Pascuala no los pronunció por llevar apellido distinto.

Los hijos de Avelino fueron Sinforoso, Segismundo, Amadeo, Bernabé, Casimiro, Caicedito, Cupertino y Lucrecia. La descendencia de estos ocho hermanos vive en su mayoría a los alrededores de la población de Trinidad y algunos pocos en los vecindarios de Orocue.

Los hijos de Casimiro fueron Gumercindo, Jerónimo, Aristóbulo, Abel, Temístocles, José Miguel, Praxedes y Sérvulo. Sérvulo fue el menor de toda la familia y quien llegó a ser mi padre. Los descendientes de estos ocho hermanos tomaron posesión a los alrededores de Nunchía y Trinidad.

La familia Betancourt es muy numerosa, pero entre sí no nos distinguimos. Sabemos que es la misma descendencia por llevar el mismo apellido. Los Betancourt o Betancures como nos llaman han sido en su mayoría de origen campesino. Agricultores, ganaderos y algunos bastante capitalistas con un buen número de cabezas de ganado vacuno y caballar. Entre ellos hay diestros y atrevidos jinetes, músicos, cantantes, compositores de poesía llanera y defensores de la misma. Su idiosincrasia es ser llaneros de cepa.

Jamás se ha oído que un Betancourt haya desempeñado un cargo burocrático. En cuanto a la política se han distinguidos como simpatizantes del partido liberal. Sin distinción fueron seguidores de Jorge Eliecer Gaitán. En cuanto a lo religioso todos creen en un ser supremo o Dios, pero han sido poco fanáticos.

Lo que no he podido saber era si Pedro Jesús era de origen venezolano o extranjero, porque en Venezuela no se encuentra casi el apellido, mientras en la isla de Cuba abunda mucho. En todo caso, en los Llanos Orientales de Colombia, y en especial en Casanare, se empezó a oír desde 1826.

Bernabé fue conmigo un día a Yopal a un encuentro de escritores. Cuando volvíamos hacia Arauca se bajó del bus en un punto que daba entrada a su vereda de Barranquilla. Volvió a ver a sus parientes después de muchos años, volvió a una tierrita que tenía. Luego moriría solitario en la casa de su tierra.

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