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Hace 100 años la firma de un tratado secreto con Estados Unidos origina en Colombia una rebelión popular que obliga a renunciar al presidente Rafael Reyes

Alberto Luna Avila, Barranquilla, septiembre 24 de 2009

Mosquera (Tomás Cipriano), vivió bastante para engrandecer su patria; Reyes (Rafael), ha vivido bastante para venderla; aquél, hizo de Colombia, un país al servicio de su propio progreso; éste, hizo de Colombia, una factoría al servicio de los yanquis; aquél, fue a defender a su patria, más allá de sus fronteras; éste, fue a venderla a Washington, por un puñado de monedas. (Del libro Históricas y Políticas, de José María Vargas Vila)

El nueve de enero de 1909, el gobierno de Rafael Reyes, por sus características, el más similar en la historia nacional, con el actual régimen de Alvaro Uribe Vélez, firma en Washington, un tratado secreto entre Estados Unidos, Panamá y Colombia, llamado Tratado Cortés-Root, por los apellidos de los principales negociadores del acuerdo, el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Colombia, Enrique Cortés y el Secretario de Estado norteamericano Eliuth Root, y por el cual nuestro país, en compensación de una miserable indemnización estadounidense de 2,5 millones de dólares, reconocía la independencia panameña, territorio éste que le había sido arrebatado a la nación colombiana en 1903, por la misma potencia, que ahora nos quería imponer tan vergonzoso tratado.

En febrero, la opinión nacional, se entera del pacto secreto aprobado por el dictador-presidente Rafael Reyes, al tratar de imponerle a la Asamblea Nacional, organismo que él mismo había designado después de cerrar el Congreso de la República, este acuerdo sin ningún tipo de modificación.

Pero aún, en la Asamblea Nacional, con la cual el dictador Reyes había sustituido el Congreso, se presentaron fuertes discusiones en torno a este convenio. Un diputado en una intervención, en alusión al carácter imperialista de Estados Unidos, decía que, "quienes rigen en materia de intereses internacionales son los cañones y los rémingtons". Voces patrióticas, se escucharon inmediatamente contra esta traición a la patria, entre ellas, la del jurista Nicolás Esguerra, quien presentó un memorial a dicha Asamblea, donde se negaba la competencia de ésta para aprobar tratados internacionales. El doctor Esguerra, recusando la Asamblea, señalaba que solo un Congreso elegido democráticamente podía aprobar el tratado.

Mientras tanto, una oleada de indignación se levantaba en toda la nación. La opinión pública le exigía al gobierno de Reyes, la publicación del texto completo del tratado. A principio de marzo, se originaron actos de protesta en varias ciudades del país. En la capital de la República, estudiantes de la Universidad Nacional y de otros centros universitarios, acompañados de profesores, intelectuales, artesanos y obreros, realizaron marchas y mítines, por las principales calles de la ciudad.

El nueve de marzo, miles de personas colmaban las vías centrales de la capital. Ciudadanos, empleados y grupos estudiantiles de la capital y ciudades vecinas, agitaban consignas contra el General Reyes, exigían la discusión pública del tratado y que se convocara a la elección de un nuevo Congreso. Nada más se oía dentro de la multitud los gritos de, "Abajo los tratados", "Muerte a los traidores de Panamá", "Muerte al tirano".

Era tan grande el ambiente anti-norteamericano que se vivía en la nación, que el gobierno le toco echar atrás la concesión de la operación del tranvía de Bogotá, que estaba en manos de una empresa de origen estadounidense, ante el boicoteo permanente de la ciudadanía a su utilización y a los ataques a sus vehículos.

La situación se agudizaba cada día más, no cesaban las manifestaciones diarias. La fuerza pública prohibió las reuniones de más de cinco personas, lo que hizo exacerbar aún más los ánimos. El 13 de marzo, la muchedumbre insurrecta, apedreó los edificios públicos, la casa arzobispal, el periódico reyista Nuevo Tiempo y las residencias de los personajes más afectos al régimen. Se presentaron arrestos masivos y actos violentos contra la Asamblea Nacional. Varias personas murieron ese día en enfrentamientos con la tropa.

El mismo 13 de marzo, por la noche, el Presidente se reune en Palacio con los dirigentes estudiantiles, donde decide renunciar a su cargo, nombrando a Jorge Holguín como su sucesor. Una de las primeras medidas tomada por el general Holguín, fue retirar el tratado, de su discusión en la Asamblea.

Aunque al otro día, ante la continuación de las manifestaciones, Reyes reasume la presidencia, declarando el estado de sitio en todo el país y la interinidad de los empleados públicos, retomando el control de la capital, lo importante de resaltar, es que esta grandiosa gesta patriótica del pueblo colombiano, obligó al gobierno a renunciar al lesivo tratado firmado con Estados Unidos y también significó el principio del fin de la dictadura reyista.

El General Reyes ante la oposición creciente, los escandalosos negociados en su gobierno, la pérdida de credibilidad de su régimen, su aislamiento político y el rechazo de la opinión pública y la nación a la dictadura, decide huir del país. Utilizando como pretexto un viaje a la Costa Atlántica, en una escala en Magangué, el ocho de junio, redacta en forma secreta el documento de su renuncia, encargando de la presidencia al general Holguín, hasta cuando el Congreso se reuniera el 20 de julio y designará un nuevo presidente. Días más tarde se embarca en el puerto de Santa Marta, en un buque bananero hacia Inglaterra.

Hoy, una centuria después, cuando un gobierno despótico y apátrida, similar al de Rafael Reyes, el actual régimen de Alvaro Uribe Vélez, pretende imponerle a Colombia, otro tratado secreto con Estados Unidos, que viola nuestra soberanía nacional, al aceptar la instalación de siete bases militares norteamericanas en nuestro sagrado territorio, es necesario recordar y retomar el heroico ejemplo de los patriotas colombianos de hace cien años, que con su combativa y valerosa lucha, obligó al gobierno de entonces a echar atrás un tratado que era una ofensa para el pueblo colombiano.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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