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¿Hay vida más allá de la Tierra?

Gonzalo López Sánchez, ABC, Madrid (España), mayo 19 de 2016

El astrobiólogo Carlos Briones habla sobre la importancia y las implicaciones de un reciente hallazgo que ha identificado el que podría ser un paso clave en el origen de la vida, la aparición del ARN a partir de «polvo» de cometas

Recientemente, un artículo publicado en Science ha desvelado cómo pudo ser la química que estuvo detrás del origen de la vida. En concreto, una investigación dirigida por Thomas Carell, a raíz del hallazgo de 16 compuestos orgánicos en el cometa 67 P7/Churyumov-Gerasimenko, sugirió varios mecanismos que podrían explicar cómo apareció en la Tierra el ARN, probablemente el primer material genético.

A partir de ahí, es posible que las primeras formas de vida se abrieran paso en una Tierra primitiva. El astrobiólogo Carlos Briones, investigador en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), explica cuáles son la importancia y las implicaciones de este hallazgo. Actualmente dirige un grupo que investiga sobre diferentes aspectos relacionados con el origen y la evolución temprana de la vida, y cree que estamos ante un avance muy relevante.

- ¿Por qué se buscan respuestas al origen de la vida en la Tierra en cometas y asteroides?

En primer lugar, conviene recordar que los ácidos nucleicos ADN y ARN son las moléculas que contienen y transmiten la información genética, y están formados por una larga sucesión de unidades o monómeros que se llaman genéricamente «nucleótidos». Esos nucleótidos están, a su vez, constituidos por tres partes diferentes: una molécula cíclica llamada «base nitrogenada», una molécula de azúcar (desoxirribosa en el ADN y ribosa en el ARN) y un grupo fosfato. La base nitrogenada puede ser adenina (A), guanina (G), citosina (C) o timina (T, que en el caso del ARN es uracilo, U), cuando está unida al azúcar se llama nucleósido, y junto con el fosfato forma el nucleótido como tal. Pues bien, en esta investigación publicada el día 13 de mayo en la revista Science, se muestra un nuevo mecanismo por el que se pueden sintetizar con mucha eficiencia bases nitrogenadas de tipo purina, entre ellas la A y la G.

Los ingredientes químicos para formar estas bases nitrogenadas se podían encontrar en la Tierra primitiva, pero también en los meteoritos y núcleos de cometas que cayeron masivamente sobre nuestro planeta durante sus primeros cientos de millones de años de existencia. De hecho, algunas de las moléculas de partida para formar dichas bases nitrogenadas y los nucleósidos correspondientes (como el ácido cianhídrico, el ácido fórmico y la formamida) se detectaron el año pasado en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko gracias a la misión Rosetta (con su módulo Philae) de la ESA. Por tanto, quizá los cometas y los meteoritos trajeron una serie de componentes moleculares que, al combinarse con los que había en la Tierra, posibilitaron la aparición de la vida.

- ¿Por qué hay moléculas orgánicas en asteroides y cometas? ¿De dónde provienen?

Los asteroides y los cometas son los denominados «cuerpos menores» del Sistema Solar, y su composición química nos habla de las fases más tempranas de la historia del sistema planetario al que pertenecemos. Se conocen distintas rutas químicas por las que se pudieron originar moléculas orgánicas en estos cuerpos menores. De hecho, algunos tipos de meteoritos contienen un repertorio muy amplio de moléculas orgánicas (entre ellas, aminoácidos), similar al que se formó en el famoso experimento realizado por Stanley Miller en 1953, en el que hizo reaccionar los gases que se pensaba que habían compuesto la atmósfera terrestre primitiva. Por su parte, los núcleos de los cometas son bloques de hielo «sucio» formado por agua congelada (y, en menor medida, por hielo de CO2), silicatos y un amplio repertorio de moléculas, entre ellas algunos compuestos orgánicos que se han ido formando por efecto de la radiación solar sobre el hielo.

- ¿Es muy complicado que a partir de esas moléculas orgánicas aparezca una célula?

El descubrimiento del que estamos hablando es muy relevante porque con él se muestra el primer mecanismo realmente plausible para sintetizar las bases nitrogenadas A y G y los nucleósidos derivados de ellas, un tema en el que se viene investigando desde que en 1959 el bioquímico español Joan Oró descubrió la primera ruta de síntesis de la adenina por condensación de cinco moléculas de ácido cianhídrico. Por su parte, una vía muy eficiente para la formación de los nucleótidos basados en pirimidinas (C y T/U) se describió por otros investigadores (el grupo de John Sutherland, en Cambridge) en el año 2009. Con ello, ya se dispone de mecanismos químicos por los que se pudieron formar las cuatro bases nitrogenadas, ingredientes fundamentales para la aparición del ARN.

En el ámbito de investigación sobre el origen de la vida se considera que el ARN apareció antes que el ADN, y protagonizó el denominado «Mundo ARN», la fase intermedia entre las primeras moléculas químicas que iniciaron el camino hacia la vida y las primeras células de las cuales somos descendientes gracias a la evolución por selección natural. Pero el camino que llevó de las primeras moléculas a las primeras células fue muy complejo, y asumimos que requirió entre 100 y 300 millones de años de «experimentos prebióticos». Ese ese el ámbito de trabajo de muchos científicos que buscan cómo pudo producirse el origen (o los orígenes) de la vida.

- Teniendo en cuenta lo difícil que es que la vida se origine pero a la vez el gran número de estrellas y planetas que existen, ¿cree que existe vida más allá de la Tierra?

Esa es una de las grandes preguntas que tenemos planteadas en el ámbito de la Astrobiología: si el origen de la vida es algo excepcional que sólo ocurrió en la Tierra, o si la transición entre la química y la biología puede haber ocurrido en muchos lugares del Cosmos. El azar o la necesidad, una vez más.

Actualmente se considera que quizá la mitad de las estrellas que existen en el Universo (cuyo número es tal vez de un uno seguido de veintidós ceros, una cifra inimaginable) podrían tener sistemas planetarios a su alrededor, y muchos de esos planetas tendrían a su vez satélites. Los planetas extrasolares detectados hasta ahora (que no llegan a 3.000, contando los últimos encontrados por la misión Kepler de la NASA) son poquísimos en comparación con los que puede haber, pero aún así ya se han identificado entre ellos varios que podrían ser «habitables» por una vida químicamente similar a la que existe en la Tierra, ya que sería posible que en ellos haya agua líquida. Por tanto, las posibilidades de que exista algún tipo de vida extraterrestre son muchas, pero a día de hoy no hay ninguna evidencia de «otras vidas» fuera de nuestro planeta. Por tanto, de momento los organismos que formamos parte de la biodiversidad terrestre «estamos solos» en el Universo.

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