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I. En el comienzo de una nueva etapa mundial y nacional

La pérdida de Panamá se inscribe en una nueva etapa de la historia mundial y así mismo define una segunda etapa histórica de Colombia desde la independencia nacional. Conmemorar el cente-nario de un acontecimiento tan trágico para el país, permite examinar la etapa histórica que se ini-cia allí y que todavía está en pleno desenvolvimiento. Me propongo escribir una serie de artículos cortos dos veces al mes hasta noviembre, fecha de tan aciaga conmemoración.

Es indispensable situarnos en el momento histórico que vivía el mundo; en el desarrollo económico y político de Estados Unidos; en la situación dramática que vivía Colombia; y trasla-darnos a los hechos que condujeron al desmembramiento del territorio nacional. No sobra recor-dar que este país ha perdido más de un millón de kilómetros cuadrados, es decir, una extensión casi igual a su territorio actual, por gracia—o desgracia—de tratados, concesiones, anexiones y conflictos.

Inglaterra venía dominando la escena mundial desde la revolución industrial a principios del siglo XIX y había comandado el auge del colonialismo de las potencias europeas. Pero Ale-mania se levantaba como una amenaza para todos desde la unificación bismarckiana, carente co-mo estaba de colonias y zonas de dominación, premonitoria de la Primera Guerra Mundial. Esta-dos Unidos culminaba un período de gigantesco desarrollo capitalista desde la guerra civil y aven-turaba sus primeros pasos expansionistas en el Caribe y Filipinas. Aunque Francia había abierto el Canal de Suez, no sacaba el fruto colonial que esperaba de él y buscaba apoderarse del de Pana-má. Cuando Colombia pierde a Panamá, el mundo está sólo a once años de la Guerra del 14 y a trece de la Revolución de Octubre en Rusia.

Pocos momentos históricos tan dramáticos, tan trágicos, tan trascendentales para el futuro, como los vividos por Colombia desde el arribo de la Regeneración en 1885 a la caída del gobierno de Reyes en 1910 y a la firma del tratado Urrutia-Thompson en 1914. Primero, la Constitución de 1886; después, la persecución al Partido Liberal durante la Regeneración; en seguida la Guerra de los Mil Días; el tratado Herrán-Hay; la pérdida de Panamá; la Conferencia Panamericana de 1906; la reconstitución del Partido Liberal; la hegemonía del Partido Conservador; y finalmente la venta de Panamá por veinticinco millones de dólares—denominada en los manuales de historia, “la indemnización”. Esta historia de comedias y tragedias, culmina con la aceptación por las dos partes—Estados Unidos y Colombia—de la pérdida de Panamá y del dominio norteamericano so-bre el canal. En 1922 asume el gobierno Pedro Nel Ospina y aparece ese fenómeno que yo he de-nominado “modernización por endeudamiento externo” para caracterizar el particular desarrollo económico de este país. Patiño Rosselli, en su famoso libro sobre la deuda de la década de 1920, la llamó en sus inicios “prosperidad a debe”. Lo que pasa es que ya de “prosperidad” no queda nada.

No cesaré de insistir—como lo he hecho en otras ocasiones—en que la historia del desa-rrollo del capitalismo dio un viraje de proporciones gigantescas precisamente en estos treinta años, digamos de 1880 a 1910 que iba a determinar el devenir de todo un siglo, dentro del cual es necesario situar la pérdida de Panamá: los grandes monopolios, la “transnacionalización” de la gran industria, los inmensos capitales financieros desligados de la producción directa recorriendo el planeta, el control ejercido por los organismos financieros internacionales, la expansión eco-nómica por encima de la dominación militar, en otras palabras, el fin del colonialismo militar y su sustitución por el colonialismo económico. Jamás la humanidad había padecido tanta miseria, hambre y penuria como en esta etapa del más grande desarrollo tecnológico, de las armas jamás imaginadas—las bombas inteligentes de la invasión estadounidense—y de las guerras en vivo y en directo por televisión, como nos ha tocado ver la de Irak. Quince países de economías desarro-lladas frente a más de ciento cincuenta a cinco, seis, diez veces y más de distancia de su ingreso por habitante.

Panamá podía ser más estratégico que Suez. En 1903 el petróleo del Medio Oriente no te-nía todavía el papel estratégico de hoy, porque no había aparecido todavía la era del automóvil. En cambio para Estados Unidos constituía la unión del Este y el Oeste de su territorio y la vía de expansión sobre toda América. Y para Francia significaba asegurarse el taponamiento de un rival que se venía venir en la contienda, no por un continente, sino por el mundo.

En un momento en que la prédica de la desaparición de las fronteras se impone, en que la globalización sirve para darle un cariz de elegancia a la dominación económica, en que la preven-ción del terrorismo se utiliza para invadir países por doquier, en que la expansión económica y el control de los recursos petroleros tienen que asegurarse por el despliegue armamentístico más so-fisticado de la historia, volver sobre nuestra propia tragedia de hace un siglo, puede servir de lec-ción para no repetirla.

24 de abril de 2003

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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