Florencia afronta un drama humanitario desde la inundación del 4 de octubre de 1999. Cada año se repite esta catástrofe varias veces, y los pobladores de 14 barrios son cada vez más pobres para enfrentar la pérdida de sus haberes domésticos. En el crudo invierno del primer semestre del 2010 la catástrofe llegó también con masivos deslizamientos en el área rural, principalmente en las veredas del piedemonte, con pérdidas productivas incalculables. El accionar gubernamental es improvisado y negligente: una mínima atención inmediata con algo de frazadas y sopa caliente, un radiotón para recolectar ayudas de la ciudadanía, exiguos aportes para reubicación de viviendas.
Pero la incapacidad de nuestros gobernantes municipales llega a límites intolerables. Se asignaron $4.000 millones en el presupuesto General de la nación de 2006, que según el representante Serrano fueron “recursos que por diferentes dificultades no fueron comprometidos ni contratados y por lo tanto fenecieron”. En el 2007 se asignaron del Fondo Nacional de Regalías 3200 millones de pesos; la Alcaldía de Florencia entregó un anticipo de $ 1600 millones, la mitad de la plata, y la obra nunca se inició por lo que el contratista y el interventor están judicializados; lo paradójico es que pese a haber incumplido todas las obligaciones contractuales de obra se les acaba de entregar los restantes $1600 millones. Al ritmo lerdo de la actual administración no habrá casas en el presente año para los damnificados favorecidos, pese a estar en ejecución, hace más de un año, 600 soluciones plenamente financiadas. Y no hubo nada para los campesinos damnificados que perdieron sus cosechas, ni siquiera merecieron la recuperación de sus vías.
Mucho menos existe una visión gerencial para enfrentar este problema social y ambiental. Vale la pena acoger el concepto aportado por la Universidad Nacional para superar las inundaciones y deslizamientos de Florencia, el cual sugiere un plan integral de manejo de la red de drenaje natural, conformada por las cuencas de los ríos y afluentes que surcan la ciudad, como un eje organizador del desarrollo urbanístico de la ciudad. Se trata de un plan que propicie la recuperación de la estabilidad de las laderas para reducir el aporte de sedimentos a las corrientes hídricas, el establecimiento de rondas y manejo de los cauces, medidas de uso del suelo, articulación armónica e integrada con el sistema de drenaje del alcantarillado de la ciudad. Es con un plan integral basado en estudios serios como se podrán entrar a plantear obras de control fluvial y de mitigación, para lo cual deberá contarse con los aportes y sugerencias de las comunidades afectadas. No más demagogia con el dolor ajeno, generemos un amplio frente por soluciones de fondo para Florencia y su población damnificada.
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