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LA HIDROELÉCTRICA MIEL I

Isagen está ofreciendo apenas cinco millones de dólares por el proyecto de trasvase del río Guarinó, cifra muy pequeña cuando se saben la utilidades esperadas en ese negocio, y por Miel I, 13.5 millones de dólares, cuando en libros esa inversión vale 28 millones de dólares

Luego de décadas de esfuerzos de gerentes, ingenieros y trabajadores de la Chec, se logró convencer al gobierno nacional de la importancia de aprovechar los enormes recursos hídricos de los ríos La Miel, Guarinó y otros afluentes, en el oriente de Caldas, los cuales se nutren de la muy estable y gran pluviosidad del Bosque de Florencia. Para tal efecto, se creó Hidromiel, con aportes de la Chec (37.7 por ciento), de ISA, hoy Isagen (60.7 por ciento) y de otros (1.5 por ciento). Hidromiel sería la encargada de desarrollar los 14 proyectos diferentes que había detectado la Chec en la región, y principalmente los dos más importantes: las centrales hidroeléctricas de Miel I y Miel II. En el furor neoliberal, el gobierno de Gaviria decidió que Miel I sería un project finance, es decir, un proyecto autofinanciado por la empresa privada. Una de las razones por las que el consorcio privado liderado por Obdebrech se ganó la licitación, fue porque se comprometió a hacer de socio con una importante inversión de capital y a conseguir con la banca extranjera los 407.4 millones de dólares que se necesitaban para acabar de financiar las obras. Para manejar los dineros destinados a la construcción de la hidroléctrica sobre el río La Miel, se creó el Fideicomiso Miel I, en el cual debían aportar Isagen (108 millones de dólares), Hidromiel (65 millones de dólares), la Chec (25 millones de dólares) y el consorcio de Obdebrech (80 millones de dólares). Además, se definió que el consorcio de Obdebrech construiría la hidroeléctrica, vendería las turbinas y los demás equipos necesarios y aportaría su capital sólo al final de las obras. A esas alturas, el cacareado project finance ya iba exigiendo casi 200 millones de dólares de inversión pública. Para poder interesar a los banqueros extranjeros, Isagen tuvo que garantizar el PPA, sigla en inglés que quiere decir que la Nación, a través de Isagen, se compromete a comprar toda la energía que pueda producir la hidroeléctrica durante treinta años, prorrogables a otros veinte, y a un precio que le da absoluta garantía al pago de la deuda bancaria. Por razones obvias, era un negocio redondo para las banca extranjera, para el consorcio de Obdebrech y, de paso, para la Chec, pues estaba garantizada la venta a buen precio de la energía que pudiera producirse, pero de riesgo para Isagen, que tenía que pagarla así no la necesitara y a un precio predeterminado que podía terminar siendo muy alto. Pero no obstante las garantías otorgadas a los banqueros extranjeros, los bancos hicieron exigencias de tasas de interés que terminaron siendo inaceptables para Isagen, porque podían disparar el precio de la tarifa que garantizaba el PPA. Y para evitar que el proyecto se hundiera definitivamente, le tocó a la Nación, esta vez por medio de la Financiera Eléctrica Nacional (FEN), prestar los 407.4 millones de dólares que exigía la financiación de las obras, recursos que, a su vez, tomaría con bancos extranjeros. Luego, se estableció que Isagen y Chec comprarían los aportes del consorcio de Obdebrech en el Fideicomiso Miel I, quedando el consorcio sólo como constructor y suministrador de equipos. De esta manera terminó por desaparecer todo aporte privado en el capital de riesgo de inversión y financiación de la hidroeléctrica. Al decir un conocedor del tema, el proyecto Miel I, "donde novedosamente se pretendía una mínima participación del Estado, rompiendo todos los paradigmas que hasta ahora habían caracterizado este tipo de procesos, no tuvo el fin que se quiso. Las señales que da el mercado no permiten aún que los agentes privados asuman los riesgos inherentes a estos macroproyectos". Esto se debe a que las hidroeléctricas exigen inversiones muy cuantiosas, con plazos de recuperación del capital muy largos y con grandes imponderables en su construcción. Posteriormente, y con el propósito de mejorar la capacidad de generación de Miel I en cerca de 400 gigavatios al año, se iniciaron las gestiones tendientes a trasvasar las aguas del río Guarinó al caudal que nutre a la hidroeléctrica. Este proyecto de trasvase, que pertenece a Hidrolmiel, sería tan bueno que recuperaría su inversión en dos años, de acuerdo con la tarifa pactada en el PPA, porque se está "hablando de unos 18 millones de dólares al año de ingresos adicionales, mientras que su costo estaba estimado en aproximadamente 25 millones de dólares", ha explicado Carlos Tadeo Giraldo, ex gerente de la Chec. Así estaban las cosas de la construcción de Miel I, cuando el gobierno de Andrés Pastrana decidió privatizar lo que queda del sector eléctrico estatal. Y, entonces, Inverlik, la empresa extranjera contratada para valorar a Isagen, advirtió que los posibles compradores no tenían el menor interés en terminar Miel I, que preferían que se suspendieran las obras así se perdiera lo invertido y hubiera que pagarle una multa de 80 millones de dólares al consorcio constructor de Obdebrech. Según cifras conocidas, Inverlik calcula que Miel I tiene un peso negativo de 150 millones de dólares en la valoración de Isagen, suma que sustenta con dos argumentos. Inverlink supone, arbitrariamente afirman los conocedores del tema, que el PPA actuará en contra de los intereses de Isagen en el conjunto de los 30 años a los que está pactado. También se apoya en que para un inversionista privado no tiene sentido terminar de construir de su bolsillo una hidroeléctrica en Colombia, cuando ese es un negocio de alto riesgo y cuando el gobierno viene sacando en venta el kilovatio instalado de generación a la mitad del precio de lo que cuesta construirlo, como ya ocurrió con las hidroelécricas de Betania y Chivor. Ante la amenaza de la privatización y de dejar inconclusa Miel I, se produjo una notable reacción entre los caldenses, porque se golpearía un sector estratégico en la vida nacional, porque se dejarían de invertir importantes recursos en la zona más pobre del departamento, porque Hidromiel, que tiene su sede en Manizales, determina el gasto de cuatro mil millones de pesos en sólo 1999 en el proyecto de manejo ambiental y porque la Chec perdería una suma considerable. Entonces, el gobierno nacional ha dicho que Miel I se concluirá, así haya que descontarle al precio total de Isagen los recursos para que el inversionista privado que la compre termine la hidroeléctrica, en una operación que si bien es evidentemente contraria al interés nacional no resulta extraña en la lógica que acompaña a los procesos de privatización. Lo que se da en el momento es el intento de Isagen de comprarle al departamento de Caldas la participación que la Chec tiene en Hidromiel y en el Fideicomiso Miel I, con el propósito de poder desmontar el PPA y, de esa manera, facilitar la privatización de Isagen. La dificultad reside en que se sabe que los privatizadores apenas dan por lo que compran una fracción de lo que ha costado y en que los caldenses no tienen ningún afán en desprenderse de sus acciones en Hidromiel y Miel I, porque tener la dirección de Hidromiel favorece al departamento y porque el PPA le asegura utilidades atractivas a la inversión, además de que las concepciones privatizadoras están de capa caída en la región. Para complicarle las cosas a los neoliberales, Isagen está ofreciendo apenas cinco millones de dólares por el proyecto de trasvase del río Guarinó, cifra muy pequeña cuando se saben las utilidades esperadas en ese negocio, y por Miel I, 13.5 millones de dólares, cuando en libros esa inversión vale 28 millones de dólares, con lo cual pretende que los funcionarios que tienen que decidir puedan hasta incurrir en la figura de "detrimento patrimonial" en contra de los intereses del departamento que representan.

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