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LAS CUMBRES DEL G20 O LA REAFIRMACIÓN DE LA GLOBALIZACIÓN IMPERIALISTA Y EL NEOLIBERALISMO

Raúl Arroyave Arango, Director Departamento de Relaciones Internacionales de la CUT, Bogotá, junio de 2009

I. INTRODUCCIÓN

Las potencias del Grupo de los 20 resolvieron reunirse, en medio de la zozobra producida por el colapso económico. Buscaban paliativos para aliviar la crisis y acuerdos para remendar el desvencijado sistema capitalista. Las salidas que se les ocurrieron, por supuesto, no van más allá de unos cuantos lamentos, golpes de pecho, declaraciones de contrición, superficiales enmiendas y plena reafirmación de los principios de la globalización y del neoliberalismo. Tratan así de corregir los erráticos rumbos y bregan porque el sistema capitalista siga funcionando como un relojito en su papel expoliador y depredador de los recursos del planeta que empuja al hambre y la pobreza a millones de seres humanos.

La crisis ha sido diagnosticada falsamente por las grandes potencias. Se la han atribuido a las desreguladas especulaciones de unos financistas y a la demasiada avaricia de algunos corredores de mercado. Es decir, de acuerdo con esta tesis, en vez del cumplimiento de la ley de la máxima ganancia inherente al capitalismo y al padecimiento de sus recurrentes e inevitables crisis cíclicas, pareciera que simplemente nos encontráramos frente a unas veniales violaciones de la ética calvinista.

Después de más de tres décadas de prédicas dogmáticas sobre las virtudes de la mano invisible del mercado, de imponerle a los países subdesarrollados la supresión de la intervención del Estado en la regulación de la redistribución de la economía y de preconizar como panacea de desarrollo el libre comercio de bienes y capitales, nos vienen ahora con la confesión de que las desregulaciones y laxitudes en los controles a las andanzas del capital financiero han favorecido la exacerbación del clima de especulación con los activos tóxicos que han llevado al actual colapso a la economía capitalista en su conjunto.

II. LAS CUMBRES

Luego del estallido de la crisis, la primera de las cumbres del G20 fue en Washington en el mes de noviembre del 2008, la segunda se realizó en Londres a principios de abril del presente año y se acordó una tercera Cumbre para el próximo noviembre.

Las protocolarias declaraciones están llenas de lugares comunes, encaminadas a anunciar las intenciones de amentar la cooperación de las potencias económicas para restablecer el crecimiento global y alcanzar los consensos para las reformas necesarias a los sistemas financieros mundiales así como su estabilización. Se pasa luego a reanudar la fe en el neoliberalismo y la globalización, pues, según ellos, las reformas sólo tendrán éxito si se basan en la reafirmación de los principios del libre mercado, la libertad para la inversión y el comercio y los sistemas financieros efectivamente regulados, para que estas crisis no vuelvan a ocurrir. Contra toda evidencia, se sigue insistiendo en que estos principios son esenciales para el crecimiento económico y la prosperidad, cuando afirman falazmente que por ellos, millones de personas han abandonado la pobreza y la calidad de vida en el mundo ha aumentado.

Sin embargo, llegados al consenso sobre la necesidad de establecer regulaciones a los desenfrenos del capital financiero, se apresuran a advertir, que de todas maneras, hay que “…evitar la sobrerregulación que podría dañar el crecimiento económico y exacerbar la contracción de los flujos de capital” , es decir, regulación sí, pero no tanta que impida de manera absoluta las especulaciones financieras con activos tóxicos, alma y esencia del capitalismo en la globalización.

La fe en el libre mercado es reafirmada plenamente por el método de los contrarios. De esta forma, concluyen en la importancia vital de rechazar el proteccionismo y declaran sin ambages que las grandes potencias del G20 se abstendrían de “…imponer barreras a la inversión y al comercio de bienes y servicios, imponer nuevas restricciones a las exportaciones o poner en marcha medidas para estimular las exportaciones que choquen con la Organización Mundial del Comercio (OMC)”. Asimismo, expresan su decisión de mancomunar esfuerzos por llevar, por fin, a buen término, la fracasada Ronda de Doha de la OMC en todo lo atinente a la plena liberación comercial y a la apertura de los mercados para la inversión y el comercio, sobre todo, los de los países subdesarrollados.

Sin embargo, esto no ha sido óbice para que 17 de los 20 países del Grupo, según se queja el propio Banco Mundial, hayan adoptado, en conjunto 78 medidas de corte proteccionista encaminadas a las restricciones comerciales. Estas van desde el “Buy American” aprobado en los planes de salvamento de Obama, hasta las alzas de los aranceles a la importación de automóviles de Rusia, pasando por las restricciones Chinas a las importaciones de cerdo irlandés y lácteos españoles, por los gigantescos subsidios de la UE a su agricultura e industria láctea y por las altas subvenciones de los países desarrollados a la industria del automóvil.

Irónicamente, los acuerdos de las cumbres estuvieron encaminados, por encima de todo a proteger y salvar a los que provocaron la crisis, causaron el desastre y se enriquecieron con la especulación. En últimas, de lo que se trata es de salvar al capital financiero especulador, de los mismos especuladores.

Tampoco podía faltar el realce del preponderante papel que deben jugar los organismos prestamistas, al aprobar que “…Nos aseguraremos de que el FMI, el Banco Mundial y los otros bancos multilaterales de desarrollo tengan los recursos suficientes para continuar desempeñando su papel en la resolución de la crisis”, sin importar que fueron estos, los cancerberos del capital financiero internacional, los mismos que en las décadas pasadas impusieron las políticas de ajuste que llevaron al mundo a las abismales desigualdades en su desarrollo que hoy padecen naciones enteras y con ellas millones de seres sobre la faz de la tierra.

En este sentido se proponen triplicar los recursos disponibles del FMI en 750 mil millones de dólares, dineros que sumados a las ventas anticipadas de las reservas de oro de este organismo, deberán alcanzar la suma de 1.1 billón de dólares. Así podrán seguir mangoneando las economías de los países atrasados con las denominadas Líneas de crédito Flexible para apalancar sus impagables deudas. Aunque se reconoce el tremendo impacto de la crisis sobre ellos, la decisión de condonar deudas está descartada. A lo máximo que llegaron en sus conclusiones es a la refinanciación y flexibilización de su pago, todo bajo el señuelo de apoyar el crecimiento de los mercados emergentes y a los países atrasados financiando algún tipo de desarrollo social. A la vez anuncian que estos tendrán una mayor voz y representación en los organismos multilaterales de crédito.

Que a nadie le quepan dudas, la gran conclusión es que la restauración de la confianza en el sistema financiero mundial pasa por la decisión de fortalecer las Instituciones Financieras Globales como instrumentos de dominación de las grandes potencias y por la promesa, repetida una y otra vez en los momentos de crisis, de poner término por fin, a los secretos bancarios y a los paraísos fiscales.

No podían faltar tampoco los exordios para satisfacer las sensibilidades sociales de la galería por parte de los grandes depredadores del mundo. La constante en los documentos de las Cumbres de los ricos es que, después de acordar lo fundamental para que el sistema expoliador del capitalismo continúe su inexorable marcha, se acuerdan de lo social. En tal sentido, vociferan sobre la intención de poner las bases para una economía mundial justa y sostenible y reconocen que la crisis actual tiene un impacto desproporcionado en los países más pobres. Para tal fin, expresan su compromiso con el cumplimiento de las etéreas Metas de Desarrollo del Milenio y hablan de garantizar la soberanía alimentaria después de haber arruinado la agricultura en el tercer mundo.

En igual sentido, manifiestan el compromiso de crear oportunidades de empleo en los países pobres y de construir un mercado laboral justo, a la vez que recogen las advertencias contra la depredación ecológica y los daños al medio ambiente reflejados en el cambio climático y demás desastres naturales. Por eso, ahora hablan de promover las inversiones hacia metas de construir unas recuperaciones resistentes, sostenibles y verdes, con tecnologías e infraestructuras limpias, innovadoras y eficientes en el uso de recursos y bajas en emisiones de carbono para hacer que las economías, las de ellos por supuesto, sean sostenibles. Estas cuestiones son poco creíbles, si se tiene en cuenta que entre los signatarios de esta declaración se encuentran gobiernos que como el de los Estados Unidos se han opuesto radicalmente a la firma del protocolo de Kyoto sobre las emisiones que rompen la capa de ozono.

III. EPILOGO

En las Cumbres los ricos se reúnen, discuten y acuerdan como si nada estuviera pasando en el mundo. Los correctivos acordados pretenden solamente aliviar contradicciones y baches del capitalismo expoliador y del modelo neoliberal, no para corregir las desigualdades e inequidades originadas en este modo de producción, sino para que funcione adecuadamente. Las referencias a los países pobres son un adorno para que no se los acuse de insensibilidad social. En medio de la peor crisis del capitalismo y de las terribles afectaciones de esta en la periferia del mundo, no hay una palabra que indique la intención de las potencias económicas para corregir realmente el rumbo. Se cree por parte de los Estados Unidos, la Europa conservadora y neoliberal y las demás potencias económicas que, en verdad, hemos llegado al tan ansiado “fin de la historia” y que no hay otro mundo posible más allá de la globalización imperialista y del neoliberalismo.

Sólo aspiramos a que de este craso error los saquen las denodadas luchas de clase obrera y el movimiento sindical mundial, así como del movimiento popular en su conjunto. Que las sonoras y fulgurantes protestas de Londres que acompañaron a la segunda Cumbre de principios de abril, no sean hechos pasajeros. Más bien, hacemos votos porque estas se correspondan con la permanente actitud de movilización y resistencia que, en cumplimiento del deber internacionalista, deben ser desplegadas por los trabajadores del mundo en la presente etapa. Nuestra lucha, sin duda alguna, alcanzará la concreción de un nuevo orden mundial, libre del saqueo colonial y de la hegemonía de las ultrapoderosas multinacionales contra las naciones y pueblos del mundo.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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