Otra de las tendencias neoliberales que le están haciendo mucho daño al país es la de otorgarle a las instituciones extranjeras -sean públicas o privadas- una especie de don de la infalibilidad, neutralidad y honradez a toda prueba en sus puntos de vista. Basta con que el nombre del Fondo Monetario Internacional, de un banco privado, de una firma de consultoría o de un grupo de inversión aparezca en un análisis o en un concepto para que el gobierno lo acepte y pueda presumir: "sin duda, todo está bien". Entonces, si un personaje de ese sector dice que una empresa pública debe venderse, pues "que se venda", ordena Pastrana, siguiendo la línea de Gaviria y Samper, en una lógica absurda que pretende meter de contrabando la idea de que esas empresas o instituciones no hacen parte del capital financiero sino que son figuras celestiales que adquirieron forma corpórea para traerle la felicidad a la naciones atrasadas de la tierra. La manipulación ha llegado a tanto, que en los medios de comunicación ya no se afirma que los endurecidos banqueros internacionales prestan plata sino que "ayudan", casi como la Madre de Calcuta.
No obstante, en los últimos días ha habido dos hechos que desnudan la ingenuidad o la complicidad de quienes sostienen que los extranjeros, por el simple hecho de serlo, son sabios y puros. El primero, el de la quiebra del Bancafé, la cual tuvo origen, entre otras razones, en que el Comité Nacional de Cafeteros, con Juan Camilo Restrepo a la cabeza, aceptó como verdad revelada sendas "recomendaciones" de las firmas McKinsey y Booz Allen de fusionar a Concasa con el banco, operación que lo único que logró fue que se quebraran las dos entidades y que los caficultores colombianos perdieran, además de todo lo invertido en ellas entre 1954 y diciembre de 1998, otros 400 mil millones de pesos.
Y el otro caso al que hay que echarle ojo es al de las "recomendaciones" de Inverlink para vender el sector eléctrico nacional. En ellas, por ejemplo, se señala que la participación de la Chec en Hidromiel y en la central hidroeléctrica Miel I se debe regalar o vender por una suma ínfima. Según los escenarios propuestos por ese consultor, en el peor de los supuestos, la Chec debe pagar para que el capital privado le reciba esas empresas y, en el mejor, debe venderlas por apenas 300 mil dólares, a pesar de que lo invertido por Chec en ellas vale cuarenta millones de dólares. El truco es simple. Como al consultor extranjero se le otorga la potestad de suponer el futuro de esas empresas como se le antoje, lo supone desastroso y "demuestra" que no valen nada y que tampoco tienen arreglo, por lo que hay que jurarle gratitud eterna al inversionista foráneo que nos haga el favor de comprarlas a menos precio. ¿Errores o intereses creados del analista? Para el efecto que nos ocupa, que entre el diablo y escoja. Porque lo que queda claro es que la infalibilidad no existe o que los conceptos tendrían el propósito de favorecer a los compradores, posibilidad esta última que no sería de extrañar si se tiene en cuenta que en el mundo de las finanzas internacionales se entrelazan los intereses de los monopolios de todos los tipos y que esas firmas ganan jugosas comisiones por los negocios realizados.
Y a los "sabios" extranjeros los acompañan los "sabios" de la tecnocracia neoliberal criolla. Otra de las melancólicas manifestaciones de la decadencia nacional es la de ver cómo los neoliberales nativos se pavonean cual sapientes estadistas, cuando en realidad no pasan de ser simples recaderos de los monopolistas extranjeros, los únicos de entre ellos que en el festín de la especulación internacional del cambio de milenio tienen pensamiento propio. Que nadie se deje meter gato por liebre. Cuando los banqueros norteamericanos contratan directa y públicamente a los Hommes, los Perrys y los Junguitos para premiarles la sumisión con la que actuaron en el gobierno colombiano, no lo hacen para que definan la política, sino para que la apliquen y le den un toque "nacional", porque los lineamientos del imperio tienen origen sus propios cerebros.
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