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La Primera Guerra Mundial (1914-1919): cien años

José Fernando Ocampo T., Bogotá, agosto 12 de 2014

El siglo XX fue testigo de dos guerras mundiales y de una “guerra fría”. La de 1914 duró cinco años, la de 1939, seis, y la “fría” casi treinta. La Primera Guerra Mundial fue una guerra por el control del mundo entre potencias que luchaban por mantenerlo o conquistarlo. La Segunda Guerra Mundial tuvo que enfrentar el peligro global del fascismo en todas sus manifestaciones, en una alianza de Europa y Estados Unidos contra el Eje fascista. A la Primera Guerra Mundial se le denominó en la historiografía, La Gran Guerra, veinte años antes de que estallara la Segunda, que la superaría en armamento, tecnología, participantes y vidas humanas. Nunca antes en la historia había estallado una guerra de tal magnitud. En ella desaparecieron cuatro “imperios”, el alemán, el austro húngaro, el ruso y el otomano. Pero también cambiaron de carácter y denominación las monarquías, la inglesa, la española, las escandinavas, las balcánicas. El mapa de Europa y el euroasiático se transformó. Triunfó la revolución bolchevique, de carácter marxista, en uno de los países más extensos del mundo, en Rusia. Se calcula que en la guerra murieron diez millones de seres humanos y veinte quedaron heridos. Pero de manera inusitada, increíble, la Primera Guerra Mundial se constituyó en el origen de la Segunda Guerra Mundial.

Esta guerra no estalló de un momento a otro, porque, en realidad, era esperada como algo inevitable. El Imperio Ruso, sumido en el atraso feudal, al que los esfuerzos de Pedro el Grande y Catalina I no habían podido modernizar, había sido derrotado por Japón y no se reponía de la revolución de 1905. El Imperio Alemán no tenía treinta años de formado, se había convertido en una de las tres primeras potencias mundiales, y se abría campo por doquier en búsqueda de exportación de mercancías y de capital. El Otomano venía en picada, se le descomponían sus componentes europeos y carecía de cohesión económica. En la región balcánica se luchaba contra los otomanos por el oriente y los austrohúngaros por el occidente. La colisión de lenguas, razas, costumbres, intereses nacionales y lucha económica, constituían un volcán en ebullición. Inglaterra y Francia eran los colonialistas decimonónicos más grandes del mundo, transformándose aceleradamente en exportadores de capital. De este cuadro quedaban solamente Estados Unidos y Japón, el primero como potencia de primer orden al lado de los tres europeos y el segundo como el país de mayor desarrollo económico de Asia, ambos tras mercados de capital en América Latina y en Asia.

(Mapa del Imperio Alemán 1871-1914:

http://es.wikipedia.org/wiki/Imperi...

Mapa del Imperio Otomano 1900: http://es.wikipedia.org/wiki/Imperi...)

La competencia por nuevos mercados de capital se fue convirtiendo en una lucha feroz. A Gran Bretaña y Francia les salieron a competirle sin contemplaciones desde la década del 80 del siglo diecinueve, Alemania, Estados Unidos y Japón. Las posibilidades abiertas del mercado de capitales eran reducidas, debido al atraso de la mayoría de los países del mundo. Cada una de las potencias empezó a buscarse su propia zona de mercadeo, defendiéndola a muerte de la competencia ajena tratando de establecer los instrumentos financieros de exportación de capital y de crear riqueza y prosperidad para el país de origen. La base de todo este entramado de desarrollo capitalista residía en la fuerza del capital financiero, capaz de financiar todo tipo de inversión y de jugar con ellas en el mercado mundial, cada vez más separado de la producción. Tres obras aparecen en vísperas del estallido de la Gran Guerra, la de Hobson, Estudio del imperialismo en 1902; la de Hilferding, El capital financiero en 1910; y la de Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo en 1916. Coinciden en demostrar que ha surgido un nuevo capital, el financiero, que da lugar a un nuevo dominio, de unos países por otros, ya no por la fuerza militar, sino por la fuerza del capital.

Toda Europa se ve atenazada por esta fuerza incontrolada que maneja el destino de los países. Ahí va a residir el origen último de la Primera Guerra Mundial. Se había operado en los países capitalistas más avanzados un cambio económico trascendental. De la Revolución Industrial a las dos últimas décadas del siglo diecinueve el capital bancario controlado por el capital industrial había pasado a la vanguardia y, en consecuencia, había surgido el hoy denominado capital financiero, con vida propia, separado cada vez más del proceso productivo. Y, al mismo tiempo, la producción industrial atraviesa un proceso acelerado de concentración. La acumulación de capital se vuelve tan acelerada que los principales países capitalistas se convierten en grandes exportadores de capital. Inglaterra y Francia, los principales, seguidos por Estados Unidos, este último, como el modelo más avanzado con los financistas Rockefeller, Mellon, Kellog y los grandes bancos JP Morgan, Citygroup, Bank of America y demás, de la última década del siglo diecinueve. Gran Bretaña ya tenía veinte mil millones de dólares (20.000.000.000) de inversión en el extranjero; Francia, ocho mil setecientos (8.700.000.000) y Alemania seis mil millones (6.000.000.000). Una cuarta parte de toda la riqueza apropiada por los habitantes de Gran Bretaña consistía en acciones fuera del país. Y casi la sexta de la riqueza nacional francesa estaba en inversiones fuera de Francia. El capital británico recorría el mundo, el francés iba principalmente hacia Rusia y África, y el alemán hacia Norteamérica y África.

(Las fuerzas de la Primera Guerra Mundial: (http://www.pais-global.com.ar/mapas...)

Era una trama histórica verdaderamente increíble. Los Balcanes acababan de atravesar tres crisis políticas en diez años, por los intereses contrapuestos entre Serbia, Croacia, Bulgaria y Bosnia. A ello se añadía la guerra de Italia contra Turquía en 1911, los conflictos por el control de Albania, la lucha por apoderarse de Macedonia, el ingreso de Grecia en los conflictos del imperio austro-húngaro y los intereses de Rusia que acababa de ser derrotada por Japón. Serbia, entre los dos imperios, el austro-húngaro y el otomano, en lucha expansionista por llegar al mar, era derrotada. Que allí hubiera saltado la chispa de la guerra, no es extraño, porque se juntaban la exasperación de Austria, el desespero de Serbia y la humillación de Rusia. Europa había quedado dividida en dos campos en lucha a muerte. Los alemanes se sentían encerrados entre Francia y Rusia, estaban preparados para una guerra, pero se veían expuestos a dos frentes contrapuestos. Rusia, después de su derrota, se enfrentaba a las revoluciones internas. Los austríacos se veían amenazados por fuerzas nacionalistas en aumento. Como señala un historiador: “la tragedia de 1914 es que los países más atrasados y más quebrados de Europa, por medio de alianzas, arrastraban a los sectores más avanzados automáticamente a la ruina.”

(Las alianzas militares de la Primera Guerra Mundial:

http://www.taringa.net/posts/info/9...)

Había surgido un elemento nuevo en la economía mundial, la fuerza incontenible de las deudas financieras entre países, la necesidad angustiosa de los países ricos por exportar sus excedentes de capital a los países menos desarrollados, el dominio del capital financiero expandiéndose por todo el mundo. Se estaba pasando a pasos agigantados de un dominio directo político de unos países por otros, al dominio indirecto del capital. Era un fenómeno totalmente desconocido que determinaría de ahí en adelante el rumbo del mundo. Ni Hobson ni Hilferding, en sus obras, llegaron a caracterizar el fenómeno con la profundidad que lo visualizó Lenin en numerosos escritos de 1914. Primero, caracteriza a la burguesía alemana y, enseguida, a la inglesa y francesa. De la alemana señala que está convenciendo a su pueblo de la guerra con el argumento de que lucha en defensa de la patria, de la libertad y de la cultura, contra el zarismo reaccionario y atrasado; para ella, se trata de una guerra “defensiva”. Pero plantea que lo mismo hace la burguesía inglesa y francesa contra el militarismo y el despotismo de Alemania; su objetivo es apoderarse de las colonias alemanas y arruinar una nación competidora que las está superando en su desarrollo económico. Las burguesías de ambas partes, señala Lenin, tratan de enaltecer el significado de lo que presentan como una “guerra nacional” con discursos acerca del patriotismo. Por eso se opone a la guerra, rompe con los socialdemócratas de la Segunda Internacional, todos los cuales se comprometieron con la guerra con el argumento de “defensa de la patria”. Para Rusia lo que plantea es que debe transformarse la actual guerra en una guerra civil, sobre la base de que la actual guerra es una guerra imperialista entre los países altamente desarrollados.

En octubre de 1917, los bolcheviques toman el poder en Rusia, en el momento en que los aliados estaban perdiendo la guerra frente a los alemanes. En esas condiciones, bajo la dirección de los bolcheviques, Rusia firma la paz de Brest-Litovsk en marzo de 1918, por medio del cual el derrumbado Imperio Ruso perdía el 26% de la población, el 27% de su superficie cultivada y el 75% de su producción de hierro y acero; entregaba Polonia, Ucrania, Finlandia, la costa báltica, Estonia, Letonia y Lituania. El tratado significó para los alemanes su mayor triunfo en la guerra. Pero el curso de la guerra fue dejando sin aplicación el tratado, a medida que los alemanes a finales de 1918 fueron retirándose. Pero el ingreso de Estados Unidos a la guerra al lado de Francia e Inglaterra hacia mediados de 1917, cambia el rumbo en contra de los alemanes que llevaban el peso de la confrontación bélica. En noviembre de 1918 se firma un armisticio para poner fin a los combates en el campo de batalla y durante 1919 se negocia un tratado de paz que se firma en enero de 1920 en Versalles.

Alemania perdió un territorio que se repartió entre los países vencedores o que fue utilizado para formar nuevos países, la despojaron de todas sus colonias y las repartieron entre los vencedores. Le impusieron condiciones militares, políticas, económicas y laborales. La obligaron a pagar casi medio billón de dólares (a precios de hoy), a entregar su flota, a suprimir su ejército, a pasar millones de toneladas de carbón a los países vecinos, así como ganado vacuno y caballar, la mitad de la producción química y farmacéutica. Era tal la inflación monetaria que la gente tenía que llevar los billetes al mercado en carretilla. Con la desintegración del imperio Austro-Húngaro y con lo que le quitaron a Alemania, formaron Polonia, Checoeslovaquia, Austria, Hungría, Yugoeslavia, Bulgaria, Letonia, Lituania, Estonia. Así hicieron con el imperio Otomano, distribuido entre Francia e Inglaterra, de donde salieron Turquía, Siria, Líbano, Irán, Palestina. Rusia retuvo a Ucrania, Crimea y Armenia, sin los países bálticos. Surgió una nueva Europa y una nueva Asia. Pero también se distribuyeron las colonias alemanas en África. La guerra no acabó el colonialismo, trasteó con él de unas manos a otras entre los colonialistas que sólo desaparecería al final de la Segunda Guerra. Durante la guerra, los británicos perdieron una cuarta parte de su inversión extranjera, los franceses casi la tercera parte y, por supuesto, Alemania, toda. Al otro lado, en el Extremo Oriente, a donde la guerra había llegado de refilón, Japón se alió con Francia e Inglaterra y aprovechó para ir construyendo el imperio que lo lanzaría a la Segunda Guerra Mundial en todo el Oriente.

(La repartición de Europa después de la guerra: http://1.bp.blogspot.com/_UEIeEnL_N...

http://es.wikipedia.org/wiki/Tratad...)#mediaviewer/Archivo:Map_Europe_1923-es.svg)

Como consecuencia de esta distribución fue de donde la Primera Guerra Mundial se convirtió en el origen de la Segunda Guerra Mundial. Pero cambiaría de naturaleza, de contendientes y de características. Surgiría un personaje en Alemania que se ganaría el apoyo del pueblo con su propuesta de vengar la humillación de la derrota y de negarse a cumplir las condiciones impuestas por los vencedores. Se llamó Adolfo Hitler. Por el mundo entero aparecieron movimientos fascistas. En Colombia amenazaron con tomarse el poder. Pero Hitler no se contentó con la venganza de la humillación, sino que se lanzó a la conquista del mundo. A él se unirían Mussolini en Italia e Hirohito en Japón. Contra la amenaza fascista se conformó una fuerza aliada a la que se unió la Unión Soviética bajo la dirección de Stalin y Estados Unidos con Roosevelt. Ya no se trataba de una guerra imperialista, sino de una guerra contra el fascismo mundial. Había que unirse para derrotarlo y eso fue lo que sucedió, desde la batalla de Stalingrado hasta la toma de Berlín por el ejército ruso, de Alemania entera por los aliados y Japón por los estadounidenses. Su naturaleza fue diametralmente distinta de la de la Primera Guerra Mundial.

Mapas:

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