Quiero empezar dejando constancia de que la votación que se va a hacer aquí viola de manera flagrante la Ley 5ª, ley que nadie ha derogado y que en su artículo 131 dice que para la elección del Contralor la votación es secreta. Y agrega: “No permite identificar la forma como vota el congresista”. Prohíbe que se marque el voto con colores o con números o con cosas parecidas, todo buscando asegurarse de que el voto sea secreto.
La ley no ha sido derogada. Pero la reflexión que quiero hacerles a los colombianos es por qué el voto secreto. Porque es la única garantía de verdad verdad del voto libre, de que cada uno vote como se le dé la gana, que sea imposible coaccionarlo, imposible amenazarlo, imposible torcerle la voluntad. Es un principio fundamental, uno de los avances de la civilización. Allí donde el voto no es secreto, el elector puede ser coaccionado de una u otra manera.
Los colombianos se preguntarán, y si eso es tan obvio y tan elemental, que el único voto democrático de verdad es el secreto, por qué en el Congreso de Colombia se entabla una discusión al respecto y existen sentencias tan disparatadas como las que oímos hace un momento, que dice que ese es un asunto baladí, como de locos, que no vale la pena. ¿Por qué en Colombia se nos vuelve un tema crucial? Porque estamos hablando de la elección del Contralor General de la República, que debe tener como primer virtud la independencia de quienes van a ser examinados, observados y juzgados por él. No hay Contraloría más falaz, más mentirosa –y me excusan la palabra–, que aquella en la que hay una deuda de gratitud del elegido con respecto a cierto tipo de electores. ¿Habrá alguna Contraloría que vigile la Presidencia de la República y los Ministerios, para poner un ejemplo, que haya sido determinada por el Jefe del Estado? Y me dicen que este es el tipo de control fiscal que se necesita en un país como Colombia. ¿Qué es lo que estamos discutiendo? Si la Contraloría va a actuar con la independencia que se requiera, dado que el origen de sus votos es independiente, o la Contraloría empieza a convertirse en una especie de extensión del Jefe del Estado, del Presidente de la República, y, de paso, de quienes eligen al Contralor.
La elección de hoy tiene un agravante, un hecho probablemente sin antecedentes en la historia de Colombia. El Jefe del Estado, el doctor Santos, dio el dedazo para decir por quién había que votar para la Contraloría General de la República. Esto me recuerda nada menos que al PRI, señores de las mayorías del 90 por ciento que hoy gobiernan a Colombia, al PRI, el Partido Revolucionario Institucional, famoso porque convirtió la democracia mexicana en una absoluta ficción. Allí era el Jefe del Estado el que tenía el derecho a escoger su sucesor. Aquí se está escogiendo un Contralor que ya fue definido por el presidente Santos para que ejerza esa función. Además, y como si fuera poco, el ministro del Interior, como lo sabemos todos, se paseó por todos los pasillos del Congreso de la República presionando a los distintos congresistas para que votaran en una determinada dirección. Claro, es esa dialéctica impecable de los ministros del Interior, esa capacidad de persuasión, ajena a cualquier argumento de tipo burocrático, la que termina generando la unanimidad o, por lo menos, la gran mayoría que estamos presenciando.
Hubo situaciones conocidas en que se terminaron torciendo las voluntades de quienes querían votar en una determinada dirección, contraria a la que orientaba la Presidencia de la República. El hecho se encadena además con otros que vienen sucediendo con respecto a la lógica tan poco democrática que desarrolla la actual administración y que nos ha llevado a nosotros a afirmar que aquí no hay un proyecto de unidad nacional. Porque a nadie le pueden decir que para una nación es buena una Contraloría dependiente en últimas del Presidente de la República. Eso no es bueno. Luego aquí nosotros confirmamos la idea de que antes que una unidad nacional en beneficio del país, lo que hay en este Congreso es una gran convergencia política, sin duda enorme, del noventa por ciento, pero con fines que no son los del verdadero progreso nacional. Son fines, y voy a usar una palabra que a algunos molesta pero que para mí refleja lo que está sucediendo, de una gran manguala que se aprovecha de esa gran mayoría para gobernar de una manera que es contraria al verdadero progreso del país.
En la Comisión de Acusaciones nos pasó lo mismo, señores congresistas: dieciséis miembros de esa corporación, de todos los partidos, menos del Polo Democrático Alternativo. La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, la que vigila al Jefe del Estado, no resiste siquiera la presencia, como notario, de un miembro del Polo para que observe lo que allí está sucediendo (Es interrumpido por la mesa directiva). Cálmense, la oposición solo habla cinco minutos. Por estas circunstancias, entonces, nosotros nos ratificamos en la idea de que votar en blanco, dejando una constancia, además, en dos aspectos.
Sigue corriendo la idea, propuesta por el presidente Santos, de que el Fiscal General de la Nación sea elegido a dedo por el Jefe del Estado. Es un asunto que no se ha despejado y muy grave en las circunstancias de las que estoy hablando, porque además, nosotros creemos que el primer derecho que debería tener la oposición en Colombia sería el de escoger particularmente al Contralor General de la República, para supervisar las actuaciones de quienes detentan las mayorías y gobiernan. En estas circunstancias entonces, señores congresistas de todas las bancadas, el Polo reafirma que votaremos en blanco en esta ocasión y que están haciendo una votación viciada de ilegalidad, porque viola el artículo 131 de la Ley 5ª de 1992, la norma que rige este tipo de asuntos.
Muchas gracias señor presidente.
Réplica al presidente del Congreso
Señor presidente, no es buen estilo tratar como lo acaba usted de hacer a quienes sostienen opiniones diferentes a la que usted plantea. Le hago un llamado cordial a que las cosas no se manejen de esa manera, porque parte de la labor del presidente del Congreso radica en hacer el esfuerzo de por lo menos transmitir la impresión de una cierta ecuanimidad en el desarrollo de los debates. Yo entiendo que usted es santista uno A, como fue uribista uno A, y que tiene sus puntos de vista, pero usted tiene que ser ecuánime.
Señalo, en segundo término, una sentencia de la Corte Constitucional, aun cuando haya más, la 245 de 2006, que con todas las letras deja en vigencia la Ley 5ª en el artículo que estamos discutiendo. Es una discusión jurídica que podemos hacer por el tiempo que sea, pero repito, hay elementos jurídicos suficientes para establecer que el voto debe ser secreto en el caso del que estamos hablando. Que ustedes quieran aprovechar las mayorías para desconocerla e imponernos otra norma, eso puede ser. Pero, además, lo sano de la política lo indica así, señor presidente. Lo sano es el voto secreto, eliminar la coacción. Este es un país con una democracia tremendamente deformada y poco democrática. Y parte de la deformación radica en que el voto libre es cada vez más escaso.
Si la teoría es que el voto tiene que ser público como usted dice, de acuerdo con las decisiones de la bancada, hagan entonces una cosa más simple y citen solo a los voceros de las bancadas y se inventan un voto de tipo corporativo, así: voto del Partido Liberal, 18 votos, el otro no sé cuántos y el otro sí sé cuándo. Pero esto es un absurdo completo, que ustedes además lo imponen, en últimas, porque les da miedo de que la gente les vote de una manera diferente a como quiere el Presidente de la República.
Aquí en días pasados era otro el candidato a la Contraloría que estaba ganando y quien tenía la mayoría de los votos. La situación cambió cuando el Jefe del Estado dio el dedazo y cuando el Ministerio del Interior y todo el poder del gobierno se movió para alterar el sentimiento que había en esta Corporación.
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