Inicio > Articulos de Actualidad > Ciencia > La cuerda y el método científico

La cuerda y el método científico

Guillermo Guevara Pardo, Bogotá, septiembre 8 de 2014

El mundo de los fenómenos físicos como el movimiento de los planetas, la propagación de la luz, la producción de energía en el centro del Sol, la descomposición radioactiva de un núcleo atómico, el brillo y la dureza del diamante, etcétera, está gobernado por la acción de cuatro fuerzas llamadas fundamentales: la gravitacional, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Con los dos primeros tipos de fuerzas estamos en continuo contacto en el mundo cotidiano, mientras que el ámbito de acción de las dos últimas se reduce a las entrañas del minúsculo núcleo del átomo.

Los físicos sueñan con unificar esas cuatro interacciones en una sola, que seguramente existía en los inicios del universo, hace unos 14.000 millones de años, cuando las condiciones de densidad y temperatura eran muy elevadas, pero no infinitas. Isaac Newton inició la soñada aventura científica cuando al postular la teoría de la gravedad, demostró que el movimiento de la Luna alrededor de la Tierra y la caída de una manzana obedecían la misma ley. El trabajo del científico inglés, junto con las observaciones de Tycho Brahe, Johannes Kepler y Galileo Galilei, contribuyó a romper definitivamente la dicotomía aristotélica entre el cielo y la Tierra: la materia en el mundo supralunar y en el sublunar obedecía a las mismas leyes. El trabajo de Michael Faraday de 1831 y el de James Clerk Maxwell de 1864 permitió la integración de las fuerzas eléctrica y magnética en una sola: el electromagnetismo. Antes de la primera mitad del siglo XX mentes tan brillantes como las de Albert Einstein, Theodor Kaluza y Oscar Klein intentaron, sin éxito, unificar las interacciones electromagnética y gravitacional. Finalizando la década de los años 1960 los físicos estadounidenses Sheldon Glashow y Steven Weinberg, además del pakistaní Abdus Salam, propusieron, independientemente, la teoría que unificaba el electromagnetismo con la fuerza nuclear débil. La veracidad del modelo electrodébil fue demostrada experimentalmente cuando en 1983 se descubrieron los bosones W y Z, encontrados en los experimentos realizados en el famoso CERN. Posteriormente otras propuestas teóricas se han encaminado a lograr la unificación de la fuerza electrodébil con la interacción fuerte. El gran sueño de la física es lograr una teoría del todo, donde sea posible integrar, en una sola, las interacciones electrodébil, fuerte y gravitatoria algo que hasta ahora ha sido imposible. Pero hay una teoría que está tratando de allanar el camino hacia tan grandioso objetivo, la llamada teoría de cuerdas.

Toda teoría científica debe reflejar algún aspecto de la realidad física que intenta explicar; esa realidad no depende de la existencia del individuo que medita sobre ella; el mundo material antecede a la existencia del pensamiento consciente pues durante miles de millones de años en el universo conocido, no hubo seres humanos que se preguntaran acerca de cómo son las cosas y buscaran las respectivas respuestas. Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen en el artículo de 1935 “¿Puede considerarse completa la descripción mecanicocuántica de la realidad?” plantearon: “Los elementos de la realidad física no pueden ser determinados mediante consideraciones filosóficas a priori, sino que deben encontrarse recurriendo a resultados de experimentos y medidas”. Característica fundamental de la ciencia es el hecho de la confirmación experimental como el único camino para que una teoría logre alcanzar el estatuto de conocimiento científico genuino. Una hipótesis se hace verdadera cuando las predicciones que postula pasan a través del riguroso filtro de las observaciones y los experimentos. Este es el aspecto medular del método científico. El experimento posibilita comparar con la realidad las predicciones que haga una determinada teoría; si no hay acuerdo entre uno y las otras, en algún lugar de la balanza habrá un fallo. El experimento permite la adquisición de un conocimiento objetivo de la naturaleza sin importar que sea incompleto y aproximado, pues el camino de la ciencia es infinito.

Lo anterior significa que en ciencia, como en otros campos, no es cierto que cualquier explicación sea válida, que todo vale, como sostienen los exponentes del posmodernismo. Por ejemplo, para Paul Feyerabend las proposiciones “la Tierra gira alrededor del Sol” y “la Tierra es una esfera hueca que contiene el Sol, los planetas y las estrellas fijas” tienen el mismo grado de validez. Pero no la pueden tener, pues la segunda de ellas no es posible contrastarla experimentalmente, no se corresponde con la realidad, es una ficción. Para el pensamiento posmoderno los hombres de ciencia no solamente inventan teorías, sino también hechos, lo cual quiere decir, ni más ni menos, que el hecho de la evolución fue inventado por Darwin, o que el hecho de la curvatura del espacio-tiempo provocada por la masa es un producto de la mente de Einstein y que el hecho de la rotación de la Tierra alrededor del Sol fue creación de Copérnico; que “si debemos ensalzar a la ciencia por sus conquistas”, siguiendo a Feyerabend, “con mucha más razón tendríamos que alabar el mito, pues sus conquistas fueron mucho mayores”. Entonces mito y ciencia tienen el mismo rango explicativo cuando se trata de comprender la naturaleza: el hermoso mito griego del origen de la Vía Láctea y la teoría astronómica, son igualmente válidos. Como para esta forma de relativismo epistémico no hay “estándares objetivos y universales” entonces “todo vale por igual: la filantropía y el canibalismo, la ciencia y la magia, tu virtud y mi vicio” como ha señalado Mario Bunge. Al igual que los escolásticos, los posmodernistas inventan sistemas y terminan forzando los hechos para acomodarlos a sus principios.

La teoría de cuerdas, que fue presentada a la comunidad científica en 1974, propone que una partícula atómica es en realidad la manifestación de la vibración de una cuerda, que es una entidad bidimensional de extensión finita que vibra en un espacio-tiempo de diez u once dimensiones: si una cuerda oscila de una determinada manera observaríamos lo que llamamos electrón, pero si lo hace de otra forma la vibración se manifestaría como un fotón. Además de la dimensión temporal y de las tres espaciales, las dimensiones extras están tan compactadas que es imposible observarlas. La teoría de cuerdas tiene el encanto de que logra unificar las cuatro fuerzas fundamentales del universo, aunque hasta ahora no ha sido posible su contrastación experimental dado el complejo aparato matemático en que se fundamenta y las muy altas energías requeridas que no se alcanzan ni siquiera en el más poderoso de los aceleradores con que actualmente se cuenta, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), del CERN, el monstruo tecnológico enterrado bajo el suelo de la frontera franco-suiza, muy cerca de la ciudad de Ginebra donde en 2012 se descubrió el bosón de Higgs. Ante las colosales dificultades teóricas, tecnológicas y presupuestales que plantea la teoría de cuerdas, algunos físicos teóricos han levantado la voz para reclamar que ella sea exonerada de la confirmación experimental para considerarla científica y por lo tanto verdadera.

El hecho de que las distintas versiones de la teoría de cuerdas no tengan a la fecha ninguna confirmación experimental no las exonera de cumplir con los protocolos del método científico. Romper con la relación entre teoría y ensayo experimental por consideraciones filosóficas, estéticas, de sofisticación o de consistencia matemática supone un peligro para el progreso de la ciencia. Puede ser que haya hechos que indirectamente apoyen esta teoría, por ejemplo, el que los neutrinos tengan una masa tan pequeña podría ser el reflejo de la existencia de esas dimensiones extras tan arrolladas sobre sí mismas. Pero esto no es suficiente para decidir que las cuerdas son entes reales y no simplemente constructos matemáticos.

Aceptar como verdadera la teoría de cuerdas sin ningún respaldo experimental es convertir la ciencia en teología, donde la verdad surge por el consenso de los que “más saben” y no por el contraste con el mundo real. Es negar toda la brillante historia que ha tenido que recorrer durante siglos el conocimiento científico. Si los defensores de esta teoría no logran demostrar la existencia de las cuerdas, ella pasaría a ser un ejemplo más de ciencia fallida. La teoría de cuerdas plantea nuevos y difíciles problemas a la física de altas energías, pero siempre será mejor vivir en las tormentosas aguas del río del conocimiento científico que en medio de las tranquilas aguas del mar de la ignorancia. Del método científico depende el destino, brillante u oscuro, de la cuerda.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
Siga a Jorge Enrique Robledo en Twitter
  • Imágenes
  • Videos
  • Audios
  • Todas
  • Todos
  • Todos

  • Suscríbase a la lista del PDA-MOIR

    Comunidades del MOIR

    POR LA SOBERANIA, EL TRABAJO Y LA PRODUCCION ¡RESISTENCIA CIVIL!
    Sede Nacional : Carrera 24 No. 27-25 Bogotá Colombia - Teléfono: (57 1) 245 7126.

    Seguir la vida del sitio