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La decisión es acabar con Ecopetrol

Luis Ariel Carpio G., Cartagena, junio 19 de 2016

Con el anuncio de la venta de la mayor petroquímica de Colombia, Propilco, se refrenda la política del gobierno de Juan Manuel Santos y del Presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, de vender a pedazos a la empresa y liquidarla como grupo empresarial. Lo que está claro, según el enfoque de las directivas de Ecopetrol, es que la actividad de la empresa estará focalizada exclusivamente en la exploración y la producción. Las demás áreas en las que venía incursionando exitosamente la compañía, no continuarán.

Por un lado se acaba con el clúster petroquímico, pero también se tiene en mente abandonar el área de los biocombustibles. El gobierno ya tiene en la mira a Bioenergy, otra filial de Ecopetrol ubicada en el Meta que actualmente está en proceso de modernización con el fin de afianzarla en la producción de etanol carburante. Bioenergy vienen atravesando por un escándalo similar al de Reficar, a raíz de sobrecostos multimillonarios y retrasos en las obras de modernización. Seguramente será este el pretexto que utilizará el gobierno para justificar su venta. Cenit, la otra filial del grupo empresarial, encargada de la actividad del transporte y almacenamiento de hidrocarburos, también está en la lista de espera para ser privatizada. Cenit, a pesar del bajonazo de los valores en el sector petrolero, hoy es una de las empresas más rentables del grupo Ecopetrol. Solo en el primer trimestre de este año, reportó una utilidad de 363.000 millones de pesos, un 127 por ciento más respecto al año anterior.

Pero además del daño que se le causa al grupo Ecopetrol con la venta de sus filiales, ponerlo a depender de la exploración y de la producción, resulta una decisión riesgosa y que puede plantear un escenario de debilitamiento aun mayor de la empresa y de una posible quiebra, dado que las expectativas que se tienen con relación a la actividad exploratoria y a la producción en el país son pobres, algunas veces inciertas y pesimistas. Veamos.

La exploración. Los resultados últimos han sido insatisfactorios y el panorama exploratorio en el país es precario. Los dos últimos hallazgos son, Orca 1 en el mar caribe, año 2014, ubicado en el bloque Tayrona en La Guajira, y Kronos-1 y Claus-1, también en aguas profundas del caribe colombiano. El primero es un yacimiento de gas que aún no se ha podido cuantificar y que se encuentra bajo el control de la brasilera Petrobras, con una participación minoritaria de Ecopetrol con el 30%. Los otros dos, son también de gas pero su cuantificación es también incierta. Anteriormente, la compañía Esquión Energy fracasó en sus exploraciones en el mar caribe, al igual que el Campo Peralta, en la frontera con Venezuela, el cual tampoco tuvo resultados ni en gas ni petróleo. En la cuenca del Sinú, en Sucre, la compañía Canacol Energy encontró gas natural en cantidades que no alcanzan a equiparar la producción de La Guajira donde se encuentras los principales campos de gas del país.

Preocupa la situación en la medida en que los yacimientos de gas natural existentes, en particular los campos Chuchupa y Ballenas en La Guajira que se encuentran concesionados a la multinacional Chevron-Texaco, y que surten el 70% del suministro nacional, son maduros y se encuentran en fase de declinación. Si no se encuentran nuevas reservas, estaremos abocados a perder nuestra autosuficiencia en materia de gas.

Frente a la imposibilidad de encontrar nuevas reservas de gas, y evitar un eventual desabastecimiento, y bajo la presión de los monopolios comercializadores del gas, el gobierno optó por dos estrategias. La primera importar gas licuado, para lo cual instaló una planta de regasificación en la isla de Barú en La Bahía de Cartagena. La segunda, adjudicar áreas en el Magdalena Medio para la exploración de gas no convencional, conocido como Fracking, un método de explotación de hidrocarburos altamente contaminante del subsuelo y de las aguas subterráneas que ha sido desterrado de varios países de Europa y cuestionado vehementemente en los Estados Unidos.

Por los lados del petróleo, las alarmas están encendidas. Según la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios Petroleros [Campetrol], a Colombia le quedan menos de cinco años de reservas petroleras. Esto quiere decir que en este lapso de tiempo, si no ocurren nuevos descubrimientos, el país pasará a importar petróleo. Campetrol calcula que el país le quedan unos 1.673 millones de barriles de reservas, cifra que contrasta con las del gobierno que las estima en 2. 300 millones. Sea como fuere, el panorama petrolero es dramático, pues todo apunta a que, al igual que como ocurre con el gas, pasaremos de ser productores y exportadores a importadores de crudo.

Este panorama que acabamos de describir confronta la política del gobierno y del presidente de Ecopetrol Juan Carlos Echeverry, una política que llevara a la empresa a la hecatombe, pues como pudimos observar, ponen a la empresa a moverse en dos segmentos que tienen un futuro incierto, o mejor, pesimista, empeorado por un escenario de baja cotización del crudo, de caída vertiginosa del valor de las acciones de Ecopetrol y de endeudamiento exterior creciente.

En suma. Desmantelan al grupo empresarial Ecopetrol al poner en venta sus principales activos, Propilco, Bioenergy y Cenit, venden la participación de la empresa en otras compañías que generan una rentabilidad como Isa y la Empresa de Energía de Bogotá, para finalmente llevarla al despeñadero. Si se llegaran a agotar las reservas y el país pierde la capacidad de autoabastecerse, el negocio de los hidrocarburos para el país se acaba y Ecopetrol se hunde. Quedaremos, a lo sumo, convertidos en refinadores, con materia prima importada, y con Reficar, porque a la refinería de Barrancabermeja Santos y Echeverry la volvieron obsoleta e inviable.

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