Tomada la decisión de la corte constitucional de frenar el referendo reeleccionista el panorama político nacional sufre los efectos de un tsunami y se transforma de manera radical. El estrecho circulo que rodea al presidente tendrá que definir con quien se juega la suerte de su futuro inmediato, si le apuesta a la antipática figura de Santos un sujeto mimado por la fortuna cuyo mayor merito es ser hijo de la casa editorial del Tiempo que ha apoyado sus aspiraciones personales y que ha sido nombrado a dedo en todos los importantes cargos públicos que ha ocupado en su vida. Responsable en su calidad de Ministro de Defensa de los secuestros y asesinatos de muchachos de sectores populares para presentar como éxitos en su lucha contra la subversión y así cobrar premios por parte de los altos mandos de las Fuerzas Militares. O con Uribito, Andrés Felipe Arias, el cínico exministro de Agricultura envuelto en los más sonados escándalos de corrupción de este gobierno, repartiendo una buena parte de los recursos del sector agropecuario entre los contribuyentes a la campaña presidencial, mediante el artificio de Agro Ingreso Seguro, y destructor de la pequeña y mediana producción agropecuaria so pretexto de instaurar el modelo Carimagua en el sector, con el falaz argumento de que únicamente los grandes capitales pueden desarrollar el campo y ofrecer trabajo a los millones de campesinos desarraigados por la violencia y quebrados por el modelo de libre comercio que sustituye su producción por importaciones. O Noemí Sanín, la habilidosa política conservadora que como un camaleón ha mudado de piel para servir a los diferentes gobiernos de las dos ultimas décadas, y que se proclama a sí misma como la defensora de la política de seguridad democrática y confianza inversionista, los dos puntales de la fallida propuesta uribista que hoy suma una pobreza jamás vista en Colombia y que tiene a millones deambulando por las calles, en el mejor de los casos vendiendo cachivaches y a los demás pidiendo limosna o atracando. O a Germán Vargas Lleras, el perfumado hijo de la más rancia oligarquía bogotana, angustiado porque veía pasar el tiempo sin la posibilidad de llegar al solio de Bolívar ante el atornillamiento a la silla presidencial que tenía Uribe. Vargas nunca se diferenció en sus propósitos salvo el de reemplazarlo. Finalmente el más liviano de los Uribistas, Sergio Fajardo jugando a vender la imagen de un profesor apolítico sin nexos con el poder pero conectado con sus políticas y según información de última hora en arreglos con don Mario.
Todos comprometidos en continuar rindiéndole culto al imperio, en entregar los recursos naturales de la minería y el trabajo de los colombianos, en mantener el absurdo sistema de salud que llena los bolsillos del sector financiero, en propiciar la venta del patrimonio de la Nación que aumenta el desempleo y la miseria por doquier.
Uribe mantenía en cintura los apetitos de todos, pero con los días contados en la silla presidencial, despojado del poder absoluto que lo hacia parecer imbatible, no podrá detener las zancadillas, las recriminaciones y las triquiñuelas que ya comienzan a ser el pan de todos los días entre esta camada de voraces legatarios del poder. Son tiempos en que aquellos a quienes despreció, apabulló, arruinó e insultó tendrán la oportunidad de hacer cobro de cuentas evitando que los herederos de las políticas que nos empobrecieron continúen gobernando y desintegrando un país que definitivamente tiene arreglo en manos de auténticos patriotas a quienes les duela la Nación y sus gentes laboriosas.
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